Seguimos soñando en voz alta

Capítulo XV: Aprender a quedarme

Encontrar mi jardín no significó que todas mis inseguridades desaparecieran.
Tampoco significó que, de un día para otro, aprendiera a verme con los mismos ojos con los que los demás me veían.
Las cosas no funcionan así.
A veces creemos que sanar es llegar a un punto donde todo deja de doler. Donde las dudas desaparecen. Donde finalmente nos sentimos completos.
Pero para mí no fue así.
Lo que cambió fue algo más pequeño y, al mismo tiempo, más importante.
Empecé a quedarme.
Antes, una parte de mí siempre estaba preparada para irse.
Para pensar que tarde o temprano las cosas buenas terminarían.
Para creer que los lugares donde me sentía feliz no durarían demasiado.
Era una costumbre que había aprendido sin darme cuenta.
Cuando pasas mucho tiempo sintiéndote fuera de lugar, terminas esperando que todo sea temporal.
Que la gente se canse.
Que los momentos cambien.
Que el mundo vuelva a moverse bajo tus pies.
Pero poco a poco empecé a descubrir algo diferente.
Mis amigos seguían ahí.
Las risas seguían ahí.
Los momentos sencillos seguían apareciendo una y otra vez.
Y por primera vez no sentía la necesidad de preguntarme cuánto durarían.
Simplemente los vivía.
Empecé a entender que no todo lo bueno está destinado a desaparecer.
Que algunas personas llegan para quedarse.
Que algunos lugares pueden convertirse en hogar.
Y que la felicidad no siempre llega en forma de grandes acontecimientos.
A veces llega disfrazada de conversaciones sin importancia.
De bromas que solo entiende tu grupo.
De tardes normales que terminan convirtiéndose en recuerdos que guardarás para siempre.
Sin darme cuenta, estaba construyendo algo que nunca había tenido.
Estabilidad.
No una vida perfecta.
No una vida sin problemas.
Sino algo mucho más real.
La tranquilidad de saber que ya no tenía que luchar por pertenecer.
Porque había encontrado personas con las que podía ser yo.
Y por primera vez, en lugar de estar preparándome para perderlo todo, estaba aprendiendo a quedarme.
A confiar.
A disfrutar.
A vivir el presente sin miedo a que desapareciera.
Y aunque todavía tenía mucho por descubrir sobre mí misma, algo era seguro.
Ya no estaba buscando un lugar donde florecer.
Lo había encontrado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.