Seguimos soñando en voz alta

Capítulo XXXI: La canción se volvió más triste

Hay momentos en los que el dolor deja de ser un visitante.
Y se convierte en parte de tu día a día.
Después de todo lo que había ocurrido, intenté seguir adelante.
Intenté convencerme de que estaría bien.
Intenté aferrarme a los sueños que durante años me habían ayudado a resistir.
Pero ya no era tan fácil.
Porque por primera vez en mi vida sentía que algo dentro de mí se estaba apagando.
Mi mamá se había ido.
Mi hermana mayor y yo nos quedamos con mi papá.
Y mi muñequita de carne y huesos, esa parte tan importante de mi corazón, ya no estaba conmigo todos los días.
Era demasiado para una adolescente.
Demasiado dolor.
Demados cambios.
Demasiadas pérdidas ocurriendo al mismo tiempo.
Y aunque seguía caminando, algo dentro de mí estaba cansado.
Muy cansado.
Recuerdo que hubo una época en la que verme bien ya no parecía importante.
Las cosas que antes me hacían ilusión dejaron de sentirse igual.
La alegría que antes aparecía con facilidad comenzó a esconderse.
Y la niña que tantas veces había soñado despierta empezó a perderse entre sus propias heridas.
No sabía ponerle nombre a lo que me estaba pasando.
Solo sabía que dolía.
Dolía despertar.
Dolía pensar.
Dolía recordar.
Dolía extrañar.
Dolía intentar entender una realidad que había cambiado demasiado rápido.
En uno de los primeros capítulos hablé de una melodía.
Una canción silenciosa que parecía acompañarme por dentro.
Durante mucho tiempo esa melodía había sido triste.
Pero ahora había cambiado.
Había crecido conmigo.
Se había vuelto más pesada.
Más lenta.
Más difícil de ignorar.
Y aunque seguía soñando, ya no soñaba de la misma manera.
Los sueños seguían existiendo.
Pero ahora tenían que abrirse paso entre el dolor.
Entre las preguntas.
Entre las heridas que todavía no sabían cómo sanar.
Hoy miro hacia atrás y pienso en aquella adolescente con mucha ternura.
Porque sobrevivió a emociones que apenas podía comprender.
Porque siguió caminando incluso cuando sentía que el corazón le pesaba demasiado.
Y porque, aunque hubo días en los que la oscuridad parecía más grande que la esperanza, una pequeña parte de ella nunca dejó de resistir.
A veces casi no podía escucharla.
Pero seguía ahí.
Esperando.
Soñando.
Intentando creer que algún día volvería a encontrar la luz.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.