Seguimos soñando en voz alta

Capítulo XXXIII: Cuando intenté escapar

Hay un punto en el que el cansancio deja de sentirse físico.
Y se instala en el alma.
Para entonces ya habían cambiado demasiadas cosas en mi vida.
Seguía estudiando.
Había comenzado a trabajar.
Intentaba ayudar en casa.
Intentaba cuidar a mi papá.
Intentaba estar presente para mi hermana.
Intentaba seguir adelante.
Intentaba.
Intentaba.
Intentaba.
Y cada día sentía que una nueva responsabilidad se sumaba a las que ya llevaba encima.
A veces miro hacia atrás y me cuesta reconocer a la adolescente que era antes de todo aquello.
La niña alegre.
La que soñaba sin miedo.
La que veía la vida con otros ojos.
Todavía existía una parte de ella dentro de mí.
Pero cada vez era más difícil encontrarla.
Porque el dolor, las preocupaciones y las responsabilidades habían ocupado demasiado espacio.
Y llegó un momento en el que simplemente no pude más.
Creo que muchas personas entenderán lo que voy a decir.
Porque cuando el corazón lleva demasiado tiempo cansado, aparece una idea que parece ofrecer una salida.
Escapar.
Alejarse.
Salir corriendo de aquello que duele.
No porque sea la solución.
Sino porque, por un instante, parece el único camino posible.
Y eso fue lo que hice.
Me fui.
Corrí de un hogar que ya no sentía igual.
De un lugar donde las heridas seguían abiertas.
De una realidad que me estaba consumiendo poco a poco.
No recuerdo haber sentido libertad.
Recuerdo haber sentido agotamiento.
Un agotamiento tan profundo que cualquier lugar parecía más fácil que quedarse donde estaba.
Hoy entiendo que muchas personas atraviesan momentos parecidos.
Momentos en los que no saben cómo seguir.
Momentos en los que sienten que han sido fuertes durante demasiado tiempo.
Momentos en los que simplemente quieren descansar de todo.
Y eso era exactamente lo que me estaba ocurriendo.
No estaba huyendo porque no amara a mi familia.
Estaba huyendo porque ya no sabía cómo sostener tanto dolor al mismo tiempo.
Porque había estado sobreviviendo durante demasiado tiempo.
Y aunque en ese momento no lo sabía, aquella decisión también iba a cambiar muchas cosas dentro de mí.
Porque algunas veces intentamos escapar de los lugares.
Y terminamos descubriendo que las heridas viajan con nosotros.
Hasta que encontramos la manera de enfrentarlas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.