Seguimos soñando en voz alta

Capítulo XXXIV: No solo los amores rompen el corazón

Cuando era más pequeña, pensaba que el corazón roto era algo que solo ocurría en las películas.
Que tenía que ver con parejas.
Con despedidas románticas.
Con historias de amor que no terminaban bien.
Pero la vida me enseñó algo diferente.
Hay muchas formas de que un corazón se rompa.
A veces se rompe cuando pierdes a alguien.
A veces cuando descubres una verdad que no estabas preparado para conocer.
A veces cuando ves cambiar a las personas que más amas.
Y a veces cuando la familia, sin querer o queriendo, deja heridas que tardan años en sanar.
Durante mucho tiempo pensé que el dolor tenía una sola forma.
Pero me equivoqué.
El dolor puede llegar desde muchos lugares.
Puede cambiar de nombre.
Puede cambiar de rostro.
Pero sigue siendo dolor.
Y aunque aquella etapa de mi vida estuvo llena de momentos difíciles, también me enseñó algo importante.
Las heridas no cuentan toda nuestra historia.
Porque incluso en medio de los días más oscuros seguía existiendo una parte de mí que se negaba a desaparecer.
La misma niña que soñaba.
La misma que imaginaba futuros.
La misma que todavía quería encontrar algo bonito en la vida.
Hoy sé que algunas personas van a leer estas páginas y recordarán sus propias heridas.
Sus propias pérdidas.
Sus propios corazones rotos.
Y si pudiera decirles algo sería esto:
El dolor cambia muchas cosas.
Pero no tiene por qué definir quién eres para siempre.
Porque las personas somos más grandes que nuestras heridas.
Más grandes que nuestros errores.
Más grandes que los momentos que nos rompieron.
Y aunque hubo una época en la que pensé que nunca volvería a encontrarme, la verdad es que seguía ahí.
Esperándome.
Entre los pedazos.
Lista para volver a empezar.




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