Seguimos soñando en voz alta

Capítulo XXXV: La armadura que construí

Después de todo lo que había vivido, algo dentro de mí cambió.
No ocurrió de un día para otro.
No fue una decisión consciente.
Simplemente sucedió.
Poco a poco empecé a mirar la vida de una manera diferente.
Ya no era la misma adolescente que había sido años atrás.
La que creía que ciertas cosas durarían para siempre.
La que veía el mundo con la misma inocencia.
La que pensaba que el amor, la familia y la vida seguían caminos sencillos.
Había aprendido demasiado.
Había perdido demasiado.
Había sentido demasiado.
Y todo eso dejó huellas.
Con el tiempo construí una especie de armadura.
No porque quisiera convertirme en una persona fría.
Sino porque ya no quería sufrir de la misma manera.
Era más fácil aparentar fortaleza que explicar cuánto dolían algunas heridas.
Era más sencillo levantar muros que volver a sentir que el mundo se derrumbaba bajo mis pies.
Y durante un tiempo funcionó.
Las personas veían una versión más fuerte de mí.
Más seria.
Más madura.
Más difícil de lastimar.
Pero la verdad era otra.
Debajo de aquella armadura seguía viviendo la misma persona sensible de siempre.
La misma que sentía profundamente.
La misma que se preocupaba por los demás.
La misma que todavía soñaba.
La diferencia era que ahora había aprendido a esconder algunas partes de sí misma.
Porque crecer también me enseñó algo que nunca había imaginado.
No todas las cicatrices se ven.
Algunas viven en la forma en que confías.
En la forma en que amas.
En la forma en que permites que otros se acerquen a ti.
Y las mías comenzaron a aparecer ahí.
Aun así, no me arrepiento de la persona en la que me estaba convirtiendo.
Porque aquella nueva versión de mí no nació de la amargura.
Nació de la experiencia.
Había aprendido que la vida podía ser hermosa y dolorosa al mismo tiempo.
Había aprendido que las personas podían romperte el corazón sin ser necesariamente tus parejas.
Había aprendido que crecer significaba aceptar cosas que no siempre entendemos.
Y aunque ya no veía el mundo igual que antes, seguía mirando hacia adelante.
Porque la niña soñadora seguía ahí.
Solo que ahora caminaba acompañada por una joven que había aprendido a sobrevivir.
Y juntas estaban preparándose para todo lo que aún faltaba por vivir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.