Seguimos soñando en voz alta

Capítulo XLII: Los sueños que seguían esperándome

Tres años.
Eso fue lo que duré trabajando en aquel lugar.
Y aunque muchas personas podrían pensar que solo fue un empleo más, para mí significó mucho más que eso.
Ahí aprendí.
Ahí crecí.
Ahí conocí personas que cambiarían mi vida para siempre.
Y ahí también descubrí cosas sobre mí que había olvidado.
Porque después de tantos años enfrentando problemas, pérdidas y cambios, hubo momentos en los que sentí que me había alejado de la persona que alguna vez soñó con tantas cosas.
La vida había pasado muy rápido.
Demasiado rápido.
Entre responsabilidades, despedidas y heridas que intentaba sanar, muchos de aquellos sueños quedaron guardados en algún rincón de mi corazón.
No desaparecieron.
Simplemente quedaron en pausa.
Y cuando por fin tuve un momento para mirar hacia atrás, me di cuenta de algo.
Extrañaba a esa niña soñadora.
La que imaginaba posibilidades.
La que creía que podía hacer cualquier cosa.
La que hablaba de sus sueños sin miedo.
Porque durante mucho tiempo estuve tan ocupada sobreviviendo que olvidé preguntarme qué era lo que realmente quería para mí.
Y cuando finalmente lo hice, apareció una sensación difícil de explicar.
Sentía que había perdido tiempo.
Mucho tiempo.
Como si mientras otras personas avanzaban, yo hubiera estado intentando recoger los pedazos de una vida que se rompió antes de tiempo.
Y eso dolía.
Porque nadie puede recuperar los años que ya pasaron.
Nadie puede volver atrás.
Nadie puede cambiar la historia.
Pero también entendí algo importante.
No estaba empezando desde cero.
Todo lo que había vivido me había enseñado algo.
Cada caída.
Cada error.
Cada pérdida.
Cada persona que llegó y se fue.
Todo había construido a la mujer que estaba comenzando a reconocer frente al espejo.
Y quizás mis sueños no habían desaparecido.
Quizás simplemente habían estado esperándome.
Esperando el momento en que estuviera lista para volver a buscarlos.
Por primera vez en mucho tiempo sentí que la vida me estaba dando una nueva oportunidad.
No para recuperar el tiempo perdido.
Sino para aprovechar el tiempo que todavía tenía por delante.
Porque los sueños no tienen fecha de vencimiento.
Y los míos seguían ahí.
Esperándome.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.