Con el tiempo aprendí algo que me costó muchos años entender.
No podía salvar a todo el mundo.
Durante gran parte de mi vida me preocupé por los demás.
Por sus problemas.
Por sus emociones.
Por sus necesidades.
Y sin darme cuenta, muchas veces me olvidaba de mí.
Me había acostumbrado tanto a cuidar que no sabía cómo dejar que alguien me cuidara.
Me había acostumbrado tanto a resolver cosas que no sabía cómo detenerme a pensar en lo que yo necesitaba.
Pero la vida tiene una forma curiosa de enseñarnos aquello que nos negamos a aprender.
Y poco a poco entendí que también debía preocuparme por mí.
Por mis sueños.
Por mi bienestar.
Por la persona que veía frente al espejo.
No fue fácil.
Porque durante mucho tiempo sentí culpa cada vez que me elegía a mí misma.
Como si pensar en mí significara abandonar a los demás.
Pero con los años comprendí que era exactamente al revés.
No podía dar lo mejor de mí si estaba completamente vacía.
No podía seguir sosteniendo a todos mientras yo me estaba derrumbando por dentro.
Así que aprendí.
Aprendí a cuidarme.
Aprendí a escucharme.
Aprendí a respetar mis propios límites.
Y aunque todavía cometía errores, comencé a construir una relación conmigo misma que nunca antes había tenido.
La vida adulta no era sencilla.
De hecho, era mucho más difícil de lo que había imaginado cuando era niña.
Pero también me enseñó algo valioso.
Cada caída tenía una lección.
Cada pérdida dejaba un aprendizaje.
Cada obstáculo me mostraba una fuerza que no sabía que existía dentro de mí.
Por eso nunca me rendí.
Hubo momentos donde quise hacerlo.
Momentos donde pensé que ya no podía más.
Pero siempre encontraba una razón para seguir avanzando.
Porque entendí que nada importante en la vida es sencillo.
Los sueños no son sencillos.
Sanar no es sencillo.
Crecer no es sencillo.
Pero aun así vale la pena intentarlo.
Y mientras seguía caminando, empecé a descubrir algo que cambiaría mi vida para siempre.
La persona que estaba buscando convertirme ya había comenzado a aparecer.
Y por primera vez en mucho tiempo, me sentía orgullosa de ella.