Seguimos soñando en voz alta

Capítulo XLVI: Seguimos soñando en voz alta

Durante mucho tiempo pensé que crecer significaba tener todas las respuestas.

Creía que algún día despertaría sabiendo exactamente qué hacer con mi vida.

Que los miedos desaparecerían.

Que las dudas terminarían.

Y que finalmente todo tendría sentido.

Pero crecer me enseñó algo diferente.

Nadie tiene todas las respuestas.

Todos seguimos aprendiendo.

Todos seguimos equivocándonos.

Todos seguimos construyéndonos.

Y quizás eso es lo que hace que la vida sea tan especial.

Porque hoy entiendo que todavía tengo sueños por cumplir.

Todavía hay metas que quiero alcanzar.

Todavía hay lugares que quiero conocer.

Todavía hay historias que quiero escribir.

Y todavía existe un sueño muy especial que espero construir algún día: Coffee Chayo.

Un lugar que lleve el nombre de alguien que marcó mi vida incluso sin haber podido compartir muchos años conmigo.

Porque los sueños no desaparecen.

Evolucionan con nosotros.

Y aunque muchas veces sentí que iba más lento que los demás, hoy sé que cada paso tenía un propósito.

Cada caída.

Cada pérdida.

Cada persona que llegó a mi vida.

Todo ayudó a formar a la mujer que soy hoy.

Una mujer que sigue soñando.

Pero que ahora también entiende que los sueños requieren valentía.

Porque soñar es hermoso.

Pero perseguir esos sueños cuando la vida te ha golpeado tantas veces requiere aún más fuerza.

Cuando era niña, como muchas otras niñas, también imaginé que algún día llegaría alguien a rescatarme.

Pensé que existiría una persona capaz de arreglar todo aquello que dolía.

Alguien que haría el camino más sencillo.

Alguien que me salvaría.

Pero crecer me enseñó una verdad diferente.

Nadie vino a rescatarme.

Y eso no es algo triste.

Es una de las cosas más poderosas que he aprendido.

Porque después de todo este camino entendí que la persona que siempre estuvo ahí fui yo.

La que se levantó después de cada caída.

La que siguió caminando cuando tenía miedo.

La que volvió a creer después de que le rompieran el corazón.

La que decidió seguir soñando cuando habría sido más fácil rendirse.

Y entonces comprendí algo que cambió mi forma de ver mi propia historia.

Un príncipe azul no nos salvó.

Yo fui la princesa que nos rescató.

A la niña que soñaba.

A la adolescente que sufría en silencio.

Y a la mujer que todavía sigue construyéndose cada día.

Porque nadie puede vivir nuestros sueños por nosotros.

Nadie puede caminar nuestro camino por nosotros.

Y aunque el mundo no siempre sea como los cuentos que imaginamos de pequeñas, eso no significa que no podamos tener un final hermoso.

Solo significa que también somos parte de nuestra propia historia.

Todavía sigo caminando.

Todavía sigo aprendiendo.

Todavía sigo construyendo.

Y sé que quedan muchos sueños por cumplir.

Pero si algo me enseñó la vida es que los sueños sí se cumplen.

No siempre cuando nosotros queremos.

No siempre de la forma en que los imaginamos.

Pero llegan.

A su tiempo.

Porque uno nunca se arrepiente de ser valiente.

Y aunque la vida vuelva a poner obstáculos en mi camino.

Aunque vuelva a equivocarme.

Aunque existan días difíciles.

Nada de eso cambiará quién soy.

Porque quiero ser recordada como una mujer que jamás dejó de soñar.

Y por eso, después de cada caída, cada aprendizaje y cada paso que me trajo hasta aquí, puedo decirlo con el corazón lleno:

Seguimos soñando en voz alta. 💛📖🌷




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