Hola, mi pequeña Alondra.
Si pudiera sentarme contigo aunque fuera por unos minutos, creo que lo primero que haría sería abrazarte.
Porque todavía no lo sabes, pero te esperan muchas cosas.
Algunas serán hermosas.
Otras te romperán el corazón.
Y aunque me gustaría decirte que la vida será sencilla, no sería verdad.
Nos van a romper el corazón más de una vez.
Vamos a perder personas que amamos.
Vamos a llorar por cosas que jamás imaginamos vivir.
Habrá momentos donde sentiremos que el mundo pesa demasiado.
Y habrá días donde creeremos que ya no podemos más.
Pero quiero que sepas algo.
Todo va a valer la pena.
Cada lágrima.
Cada caída.
Cada error.
Cada batalla que hoy no puedes imaginar.
Porque al final de ese camino te espera una vida llena de sueños.
Una vida llena de personas que te van a amar.
De amistades que se convertirán en familia.
De aprendizajes que te harán más fuerte.
Y de momentos que harán que mires hacia atrás y entiendas que nada fue en vano.
No te preocupes por crecer tan rápido.
No te preocupes por tener todas las respuestas.
No te preocupes por ser perfecta.
Vas a equivocarte.
Y está bien.
Porque cada error te enseñará algo que necesitarás más adelante.
Tampoco tengas miedo de soñar tan grande.
Porque aunque muchas personas te dirán que algunas cosas son imposibles, quiero que recuerdes algo:
Los sueños sí se cumplen.
A veces tardan.
A veces toman caminos que no entendemos.
Pero llegan.
Y cuando lleguen, quiero que los disfrutes.
Porque te los habrás ganado.
También quiero que sepas que eres mucho más fuerte de lo que imaginas.
Habrá momentos donde pensarás que te rompiste por completo.
Y aun así encontrarás la forma de levantarte.
Una y otra vez.
Hasta convertirte en una mujer de la que estarás orgullosa.
Y cuando la vida te haga dudar de ti, recuerda esto:
No importa cuántas veces caigas.
Importa cuántas veces decidas volver a levantarte.
Te prometo que todo lo que estamos viviendo tendrá sentido algún día.
Te prometo que los sueños que hoy guardas en tu corazón seguirán contigo.
Y te prometo algo más.
Jamás dejaremos de soñar.
Y si pudiera dejarte una última enseñanza, mi pequeña Alondra, sería esta:
No tengas miedo de vivir.
No tengas miedo de amar.
No tengas miedo de soñar en grande.
Porque habrá momentos donde sentirás que el mundo se derrumba.
Pero también habrá momentos tan hermosos que entenderás por qué valió la pena seguir adelante.
Confía en mí.
Todavía nos esperan muchas aventuras.
Y aunque el camino no será sencillo, jamás cambiaría la vida que nos espera.
Porque después de cada caída descubrirás algo maravilloso:
Siempre fuimos más fuert
es de lo que creíamos.
Te amo.
Nos vemos en el futuro.
— Alondra.