Para la niña que soñó cuando nadie más podía ver sus sueños.
Para la adolescente que sobrevivió a batallas que nunca debieron ser suyas.
Para la mujer que aprendió a levantarse cada vez que la vida intentó derribarla.
Y para Chayo, porque algunas personas jamás se van realmente.
Gracias.
Por cada sueño.
Por cada caída.
Por cada lección.
Por cada paso que nos trajo hasta aquí.
Porque un príncipe azul no nos salvó.
Yo fui la princesa que nos rescató.
Y aunque el camino continúa, una cosa seguirá siendo verdad:
Seguimos soñando en voz alta. 🤍