Camille
He firmado el divorcio.
Miro fijamente el papel que tengo enfrente y no puedo creer que todos estos años se hayan desmoronado tan fácilmente. Años de noviazgo, años en los que me esforcé por ser la mujer que él debería mantener a su lado y ahora no queda nada de eso porque simplemente no soy suficiente para él, porque finalmente decidí tomar las riendas de mi vida y conseguir un trabajo, aunque sé que no solo se trata de eso.
Gavin me mira fijamente y yo miro nuestro alrededor, las fotos de él como entrenador están por todos lados, odio el hockey. Odio ese deporte, pero curiosamente, en busca de que me viera, conseguí un trabajo como doctora en uno. Es absurdo que eso ocurriera justo ahora; es casi cómico.
—No quiero que me menciones, Camille. Ya firmamos, no tengo nada que ver contigo, así que te agradecería que no me busques, sabes que...
—Que estás con otra mujer —lo corto mirándolo fijamente—Ya lo sé, no tienes que recordarme que una de las razones por las que acabo de firmar es porque el hombre que pensé que me amaba no existe y, al parecer, nunca lo hizo. —Gavin da un paso al frente y me tenso.
Al parecer pasé de amar a este hombre con todo mi corazón a sentir miedo cada vez que se me acerca, pero eso se debe a los últimos arranques de ira que está teniendo porque su estúpido equipo no está siendo el número uno. Alguien le quitó el lugar y, casualmente, ese alguien es el equipo para el que ahora trabajo.
—Eres tan estúpida —se acerca y me acaricia el rostro, haciendo que apriete los labios con fuerza— creyendo que puedes lograr algo sin mi ayuda. Yo te di un nombre, Camille. Recuerda el basurero de donde te saqué para que ahora creas que vales algo.
—Suéltame —mascullo, y él aprieta mi mentón.
—Solo te digo algo. Puedes irte y jugar a creer que puedes hacer algo en esta vida, pero no quiero que ningún hombre te toque, Camille, porque, a pesar de que firmamos esos papeles, seguirás siendo mi mujer. —Con esas palabras me suelta y mi respiración se altera.
—Conseguí trabajo —le hago saber— y ya verás dónde será. Puedes quedarte con esta casa, no quiero nada más de ti.
Murmuro tomando mi bolso y caminando hacia la puerta justo cuando esta se abre y la amante de mi exmarido entra mirándome divertida. No le doy tiempo a que se burle de mí; solo sigo mi camino, dejándolos atrás, a las dos personas que han convertido mi vida en un completo infierno.
Cuando salgo, miro atrás la casa que compartí con mi esposo hasta hace dos semanas. Solo quiero olvidarme de todo y eso lo haré con trabajo. Esa es la razón por la cual subo a mi coche y conduzco a la pista de patinaje.
Cuando tenía diecisiete años conocí a Gavin. Creí que era el hombre de mis sueños y me casé dos años después con él. Seis años de matrimonio que se vinieron al suelo por engaños, fiestas y fama. Gavin me prometió un mundo y al final se robó el mío y lo destruyó. Terminé la carrera de Medicina Deportiva hace tres años, pero nunca busqué trabajo porque él no me dejó; solo estaba para vestirme bonito, esperarlo llegar y ser la esposa perfecta para él.
Cuando llego a la pista de hielo saco la credencial que me dieron hace dos días y entro. Se supone que comienzo en tres días, pero no me importa, quiero ver lo que será mi lugar de trabajo. Sé que a esta hora ya no hay entrenamiento y es por eso que respiro hondo y me muevo por el lugar. Tarareo una canción disfrutando la soledad, miro aquello que me arrebató al hombre que amaba y luego tengo que morderme el labio inferior para no llorar.
Estoy sola.
Una vez más estoy sola.
Cuando entro al enorme estadio y miro el hielo me detengo en seco. Hay un cuerpo tirado sobre la pista, un cuerpo que no se mueve en absoluto. Mi corazón se agita y ni siquiera lo pienso. Mis tacones tocan el hielo cuando intento caminar y caigo de rodillas golpeándome. Aun así me arrastro rápidamente para acercarme al enorme cuerpo que está tirado. Tengo la respiración agitada y, cuando llego, lo primero que hago es observar si tiene alguna lesión visible.
—Señor —lo llamo y miro su pecho. Respiro hondo cuando me doy cuenta de que sube y baja. Toco con suavidad su hombro y llevo una de mis manos a su cuello para buscar su pulso, pero la protección que lleva me lo impide, así que trato de quitarle el casco. Estoy cerca de hacerlo cuando suelto un grito que retumba por todo el lugar, haciendo eco.
El enorme cuerpo se mueve con rapidez. Mi espalda choca contra el frío hielo y quedo tirada debajo del hombre que se mantiene cubierto. Estoy paralizada, sin saber qué hacer, y cuando él me mira parece decidir que no soy una amenaza porque suelta mis manos. De inmediato lo empujo y todo ese cuerpo lleno de músculos no se mueve ni un centímetro.
—Si intentabas hacer algo, eso se sintió como la caricia de un gatito. —Una voz profunda y madura se escucha por todo el lugar, estremeciéndome y haciendo que mis ojos se abran con sorpresa.
—Quítate de encima de mí —mascullo.
Con una risa el hombre hace lo que le pido. De inmediato me siento, sintiendo el cuerpo entumecido y el frío colarse por mis jeans y mi camisa.
Me pongo de pie con toda la dignidad que me queda, aunque por dentro siento unas inmensas ganas de desaparecer. El hielo ha dejado empapada la parte trasera de mis jeans y mis manos arden por el golpe que me di al caer. Aprieto los labios mientras observo al hombre incorporarse con una calma insultante. Es alto, demasiado alto, y el uniforme negro apenas logra ocultar la espalda ancha que tiene.
—¿Está bien? —pregunto antes de poder contenerme. Él ladea ligeramente la cabeza.
—¿Después de que intentaras empujarme me preguntas eso? —Frunzo el ceño.
—Creí que estaba inconsciente.
—Lo estaba. —Parpadeo confundida.
—¿Entonces...?
—Estaba descansando. —Lo miro durante varios segundos intentando decidir si habla en serio o si simplemente disfruta burlándose de mí.
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Editado: 30.07.2026