Ryan
No soy un hombre de estar todo el tiempo en lugares ruidosos a excepción del estadio cuando hay partidos que tienen a los fanáticos enloquecidos, así que el bar que ha elegido mi hermana me tiene haciendo muecas porque el sonido está muy alto; sin embargo, estoy sacrificándome por pasar tiempo con ella para que luego no esté llamándome a todas horas porque, supuestamente, soy un hermano de mierda que no la atiende.
Raily está coqueteando descaradamente con el bartender mientras que yo solamente la miro. No soy tan de mierda como para no saber que ella necesitaba este respiro y me hace sentir culpable que muchas veces no pueda ayudarla más, porque en la parte económica puedo suplir todo, pero ella está cargando con todo el peso de la enfermedad de nuestro padre.
Cuando los ojos de Raily caen en mí, ella me sonríe y es por esa sonrisa que siento el peso desaparecer de mis hombros.
—Quita esa cara —me sugiere gritando porque en este lugar no se puede tener una conversación normal.
—¿Qué cara? —cuestiono enarcando una ceja. Ella rueda los ojos porque sabe que jamás admitiré lo que pasa por mi cabeza.
—Ninguna, mejor dime por qué aún no me consigues uno de esos guapos jugadores. —Ruedo los ojos porque parece que, por más que lo intente, ella nunca desechará la idea de conseguir a uno de los chicos, aunque para ella no sería un problema.
Raily tiene una belleza preciosa. Con sus grandes ojos verdosos y su pelo oscuro, suele llamar la atención de todo aquel que la ve, además de su personalidad tan chispeante, simplemente es imposible no quererla y para los hombres parece un reto no caer por ella.
—No quiero que arruines el corazón de los jugadores, los necesito listos para la pista. —Ella hace una mueca divertida que me hace reír.
Mis ojos recorren el lugar justo cuando veo unas piernas kilométricas que me hacen ponerme recto en mi lugar. Mi mirada sigue el dobladillo del vestido, que le llega unos dos centímetros por encima de las rodillas; asciende por un cuerpo de reloj de arena y unos lindos pechos apretados en dicho vestido, continúa por un cuello esbelto y, cuando me encuentro con ese rostro, no puedo hacer otra cosa más que sorprenderme.
El cabello le cae liso por los hombros y la espalda, el vestido negro moldea su cuerpo a la perfección y esos labios pintados de rojo hacen que todo mi cuerpo esté alerta. Maldita sea, a esta mujer la reconocería hasta en el jodido infierno.
Camille Leblanc.
Pensé que al menos hoy viernes estaría libre de verla, pero el destino tiene maneras diferentes de jugar, porque aquí estoy, observando como la doctora del equipo se ve como una maldita tentación que hace que me sea imposible apartar los ojos de ella.
No sé cuánto tiempo llevo mirándola, si son cinco minutos o quizás diez, pero lo único que tengo claro es que no puedo apartar la vista de ella.
Camille camina a paso seguro mientras busca algo y cuando parece encontrarlo se dirige con seguridad a ese lugar. Sus pasos hacen que todo hombre gire la cabeza en su dirección porque es imposible que pase desapercibida, no lo hace cuando tiene una bata puesta, mucho menos ahora que se ha arreglado como si esto fuese una pasarela que le perteneciera por completo.
—¿Ryan? —la voz de Raily consigue traerme de regreso, tengo que parpadear varias veces para darme cuenta de que he otra vez Camille ha hecho esa mierda de embobarme.
—¿Qué? —Ella sigue la dirección de mi mirada y una sonrisa lenta aparece en su rostro.
—Ah...
—No empieces.
—Ni siquiera he dicho nada.
—Pero lo vas a hacer. —Mi hermana ríe por lo bajo, llevándose el vaso a los labios.
—Solo iba a decir que es muy guapa. —Resoplo. —Y que generalmente cuando salimos no te interesa ninguna mujer, aunque esta es deslumbrante.
—Lo sé.
—Y tú llevas varios minutos mirándola como si quisieras que sea tu cita esta noche y no yo —Desvío la vista únicamente para dedicarle una mala cara.
—Estás imaginando cosas.
—Claro. —Su tono burlón hace que vuelva a ignorarla y me fije en la doctora del equipo.
Ella llega a una mesa ubicada al otro extremo del lugar donde hay un hombre esperándola, él se pone de pie y le sonríe de una forma que me hace fruncir el ceño cuando ella le devuelve el gesto. No siempre Camille me sonríe ya que pasa más tiempo intentando no matarme.
Ella se sienta a su lado y por alguna razón comienzo a irritarme. Trato de ignorarlos y me concentro en mi hermana aunque algo me pica en todo el cuerpo y no sé que es.
—¿Cómo está papá? —Cuestino tratando de ignorar en como de reojo miro y el tipo se le acerca mucho a Camille quien no se ve del todo cómoda, pero tampoco se levanta. Sé que no debo preocuparme porque la mujer tiene garras, pero este idiota debería conocer el espacio personal de cada persona.
—No muy bien, está empeorando, los sintomas cada vez son peores —Me tenso porque no he ido a casa en unas semanas, a veces me odio por ser de esa manera, querer huir.
Mis ojos vuelven de forma inconsciente a Camille y veo al hombre parecer de lo más encantado con ella, aunque cualquiera lo estaría si la mujer más hermosa de este bar sonriera para ti.
Maldita sea.
—Iré a verlo el próximo mes —Le aclaro a mi hermana, ella se queda en silencio y suspira.
—No tienes que obligarte hacerlo Ry —Niego y me paso una mano por el pelo.
—No tienes que cargar con toda la responsabilidad, he sido un imbecil todo este tiempo y lo siento mucho, trataré de mejorar las cosas —Mi hermana asiente y mis ojos vuelven a la pareja.
El hombre comienza a acariciarle el hombro mientras se inclina para susurrarle algo que hace que ella finja otra sonrisa, comienzo a perder la paciencia y mi irritación está escalando un nuevo nivel. No comprendo por qué me molesta tanto verlos y aunque quiero apartar los ojos de ellos simplemente no puedo y eso solo me hace rabiar aun más. Y cuando el hombre le acaricia el cuello con los labios la mandíbula se me tensa con tanta fuerza que incluso siento un pequeño dolor cerca del oído.
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Editado: 12.08.2026