Camille
Por alguna extraña razón, molestar a Ryan Ruff está siendo de lo más entretenido esta noche, quizás eso se debe a que su hermana sabe qué botones tocar para que el hombre comience a rabiar. La hermana de Ryan es realmente divertida, es una chica bastante alegre y puedo decir que estar con ellos dos esta noche ha sido mucho más entretenido que estar escuchando a ese idiota decir que sería bueno que fuéramos a su casa a terminar la noche. De solo recordar que Ryan golpeó a alguien por mí, siento una presión diferente en mi vientre a la cual no sé darle nombre.
Sin embargo, la noche ha finalizado y aunque quisiera seguir escuchando a los dos hermanos discutir por tonterías, veo cómo Ryan deja a su hermana frente a una casa enorme que es preciosa, ella baja de la parte trasera ya que me obligó a ir delante. Aunque me negué y dije que iría en taxi, la mujer es demasiado convincente y hasta que mi trasero no tocó el asiento, ella no paró.
Es la razón por la que bajo la ventanilla del auto viendo cómo se acerca con una sonrisa.
—Ha sido todo un placer conocerte, Camille. Si voy de visita a la pista, te prometo que no dudaré en ir por ti —me guiña un ojo y mira a su hermano—No seas tan lento, hermanito, siempre hay quien se deleite e intenta robar el oro —Ruff gruñe y ella se ríe y me besa la mejilla—Nos vemos, tengo tu número, Camille, no te escaparás de ser mi amiga —sonrío divertida y asiento.
—Entonces será un placer —ella se ríe y entra, vemos cómo camina hacia la enorme casa y cuando cierra la puerta a su espalda es que Ryan pone el auto en marcha.
—Necesito tu dirección para llevarte —su voz arrepentida me sobresalta y asiento, se la digo y él comienza a conducir como si supiera exactamente dónde es que vivo.
Nos quedamos en silencio y miro hacia afuera sin tener idea de qué decirle, por alguna razón esta noche Ryan actúa más extraño que de costumbre. En silencio lo veo conducir y no puedo evitar mirarlo de reojo, esta noche noto que sus brazos son muy musculosos y que se ve muy varonil mientras conduce.
Aparto los ojos porque se supone que no debería ver a este hombre que no hace más que irritarme de esa manera, siento que se me acalora el rostro y bajo la ventanilla dejando que el frío de la noche me refresque la piel que arde por una razón muy diferente.
—Te dará frío —la voz de Ryan hace que el nudo en mi vientre cobre aún más fuerza.
—Estoy bien, solo me gusta sentir el viento en mi rostro —me estremezco cuando el frío me golpea con fuerza, quizás está siendo mucho, pero al menos relajó mi rostro ardiente.
Subo la ventanilla y cuando Ryan entra en mi calle me doy cuenta de lo cerca y lo rápido que hemos llegado, por alguna razón busco algo en mi cabeza, un pretexto para alargar el momento, pero no encuentro nada. Cuando Ryan estaciona, nos quedamos en silencio mientras espero que él diga algo, pero no hace absolutamente nada, gira a mirarlo y él hace lo mismo, por lo que me aclaro la garganta.
—Gracias por ayudarme esta noche, te debo una —murmuro y aprieto mi bolso quitándome el cinturón de seguridad—Si necesitas algo no dudes en decírmelo —Ryan me observa con una intensidad tan fuerte que siento que el aire que hay dentro de su auto no es suficiente, mi piel arde solamente con su mirada y siento que sudo por lo fuerte que es.
—Necesito algo —me dice y lo miro con sorpresa.
—Claro, dime lo que quieres y yo te daré lo que tú…
—Quiero usar tu baño —se encoge de hombros—Si no es mucha molestia —respiro hondo porque desde que compré el penthouse en el que estoy viviendo ahora nadie ha entrado más que yo a ese lugar.
Es mala idea, Camille.
Retroceder.
Justamente esta noche es una idea terrible.
La voz en mi cabeza no hace más que advertirme, pero la ignoro y asiento. Salgo del coche y siento el vientre pesado, mi cuerpo por alguna razón está más sensible porque me estremezco por el frío de la noche y cuando camino, veo a Ryan bajar y seguirme. Aun en tacones su altura y complexión me superan por mucho, el guardia del edificio me saluda y mira con sorpresa a Ryan. No es de menos, el hombre no es como que pueda esconderse cuando es enorme, así que entra al ascensor y cuando él hace lo mismo, el espacio se siente claustrofóbico, él ocupa mucho espacio y todo su perfume está en el lugar.
Al llegar a mi piso abro la puerta de la casa y lo dejo entrar. Mi ático es enorme, no lo negaré. Se supone que aunque soy una sola persona no debería tener tanto espacio. Quien me lo vendió dijo que me sentiría sola estando en un espacio así, pero me siento cómodo, me gusta tener espacio para lo que quiero hacer.
—Es hermoso —la voz a mi espalda me acaricia el oído cuando sus labios rozan y me muerdo con fuerza el labio—Se nota que es tuyo —me recompongo y miro sobre mi hombro.
—El baño está en el pasillo a la derecha, segunda puerta, puedes ir —le hablo con seguridad aunque todo el cuerpo me esté gritando que tengo todo, menos eso en este momento.
Ryan me lanza una mirada, pero camina con tranquilidad hasta el pasillo y lo veo perderse hasta entrar al baño. Respiro hondo dejándome caer en el sofá y siento que el aire acondicionado no está haciendo su trabajo, otra vez siento la piel demasiado sensible como para que sea normal.
Me digo que es normal estar así de nerviosa cuando desde hace meses no compartía mi espacio con ningún hombre, pero pensar que Ryan está aquí me aclara que quizás, aunque odie la idea, de alguna manera sé que ese hombre nunca me haría daño. Eso lo tengo muy claro.
Escucho la puerta del baño abrirse y levanto la mirada encontrándome con Ryan caminando hacia mí, sus manos están metidas en los bolsillos de su pantalón y esa expresión tranquila vuelve a aparecer en su rostro, como si no acabara de entrar al lugar que durante meses había considerado únicamente mío. Me pongo de pie demasiado rápido y él arquea una ceja, divertido.
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Editado: 02.09.2026