Ryan
No estoy de buen humor y eso todos en la pista lo pueden notar. No es de menos cuando estamos por comenzar la temporada y tengo a los altos mandos sobre mi maldito cuello todo el puto día.
Creo que estoy tan gruñón que ni el mismo Dexter se atreve a hacer bromas y aunque sé que es por todo el estrés que tengo encima, también soy consciente de que no todo se debe a eso. Se debe principalmente a una mujer que se ha dedicado a ignorarme desde que nos besamos y desde que movió mi maldito puto mundo.
Tampoco contribuyó a que su distanciamiento hacia mí haya incrementado desde que echaron a dos de sus enfermeras, aumentando su carga de trabajo. Sé que Camille está cabreada porque a uno de mis nuevos jugadores nadie le dijo absolutamente nada y aunque todavía el chico no pasará por mi mano, sí que ella está molesta por la clara diferencia en el trato que recibieron. Al menos las dos chicas pueden estar felices de que ella las defendió, no solo frente a ellas, sino en la junta donde querían joderle la vida con la carta de recomendación. Camille dijo que sí les daría su carta, a pesar del error hicieron un buen trabajo en el tiempo en que estuvieron laborando para ella.
—¡Muy lento, maldita sea, Noah!—le grito furioso al jugador que me mira confundido mientras que Reed le palmea el hombro. Ellos hacen lo que les pido y quizás me paso porque sigo ladrando órdenes que dejarían sordo a cualquiera que se me pegue.
—Alguien que le diga que no es nuestra culpa que la sexy doctora no le haga caso—aunque Dexter pretende que su voz sea baja, la escucho perfectamente. Alguien le pone la mano en el hombro a Dexter y yo siento un tic en la mandíbula al igual que en el ojo.
—¡Dexter, mueve el puto culo ahora mismo!—mi grito hace que él haga una mueca y se mire a sí mismo, sabiendo que va a salir tarde hoy del entrenamiento porque el chistecito de hoy le saldrá muy caro.
—Mierda, entrenador, calma, por favor—me pide Logan Reed mirándome confundido, ya que pocas cosas suelen alterarme, pero últimamente estoy que no me aguanto ni a mí mismo.
—No estoy de humor, Reed—él suspira y patina hasta quedar del otro lado del hielo. Lo miro en silencio y él sonríe un poco.
—¿Será que Dexter tiene razón y lo que te tiene de tan mal humor es que nuestra doctora no te ha dado una mirada últimamente?—cuestiona y le lanzo dagas con los ojos, haciendo que él se ría—qué predecible—me paso las manos por el pelo.
—No es nada de eso, dejen de crear chismes que no son ciertos y…
Me quedo en silencio cuando mis ojos ubican, aun a la distancia, a Camille sonriendo a un hombre que no conozco.
Frunzo el ceño mientras ella parece muy cómoda hablando con él mientras le muestra algo en su tableta. Ella es todo sonrisas y miradas y hace que lo que pensé que era un cabreo tranquilo aumente de nivel con tal rapidez que siento que es ácido lo que estoy tragando y no saliva.
El hombre termina de guardar algo en la tableta y Camille vuelve a sonreírle mientras continúan hablando. Ahora que lo observo mejor, puedo notar que no lleva nada que lo identifique como parte del equipo y eso me hace fruncir todavía más el ceño. No tengo ni puta idea de quién es, pero parece conocerla bastante bien, o al menos eso aparenta la facilidad con la que ella habla con él. Camille no suele ser así con cualquiera y mucho menos después de todo lo que ha ocurrido estos últimos días. Ella está tensa con todo el mundo, cansada, cabreada y con más trabajo del que debería tener, pero con ese hombre parece haber olvidado todo eso.
—¿Quién coño es ese?—pregunta Dexter a mi lado, siguiendo mi mirada.
—No lo sé.
—Entonces deja de mirarlo como si estuvieras pensando en cómo desaparecer su cuerpo—murmura y le lanzo una mirada que hace que levante las manos—. Solo digo.
—Vuelve al entrenamiento.
—Sí, entrenador celoso.
—No estoy celoso—gruño y él sonríe antes de alejarse patinando.
Por supuesto que no estoy celoso. Ni siquiera conozco al hombre, así que sería absurdo sentir algo por alguien que ni siquiera sé quién es. El problema es que Camille está sonriendo y parece cómoda, y después de tantos días en los que apenas hemos cruzado un par de palabras, verla así con otro hombre consigue ponerme de peor humor. Desde aquel beso no hemos vuelto a hablar realmente de lo que ocurrió y ella se ha encargado de mantener una distancia que me ha vuelto loco. Yo he intentado respetarla, pero no significa que me guste. Mucho menos cuando ahora parece que alguien más consigue tener una conversación con ella sin que Camille quiera salir corriendo.
No tengo tiempo para seguir pensando en eso porque Camille finalmente levanta la mirada y sus ojos se encuentran con los míos. Durante un segundo ninguno de los dos aparta la mirada y puedo sentir algo extraño en el pecho, hasta que ella vuelve su atención al hombre que tiene a su lado. Él le dice algo que no alcanzo a escuchar y Camille sonríe nuevamente. Aprieto los dientes y vuelvo la mirada hacia los jugadores, intentando convencerme de que no me importa, aunque a estas alturas hasta yo sé que estoy mintiendo.
—Entrenador—la voz de Logan consigue llamar mi atención—. ¿Todo bien?
—Perfectamente.
—Mientes fatal—dice y antes de que pueda responderle, veo a Camille comenzar a caminar hacia nosotros junto al hombre. Mi cuerpo se tensa automáticamente.
Genial.
Después de días evitándonos, ahora viene directamente hacia mí. No sé si debería sentir alivio o preocupación, pero cuando se detiene frente a nosotros, lo primero que noto es su perfume. Es el mismo que recuerdo demasiado bien de aquella noche y por un instante tengo que recordarme que estamos en medio de una pista de hielo, rodeados de jugadores y no en algún lugar donde podamos olvidar todas las reglas que existen entre nosotros.
—Entrenador Ruff—dice el hombre, extendiéndome la mano—. Soy el doctor Isaya Miller.
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Editado: 02.09.2026