Segunda Jugada

Capítulo 14

Ryan

Estoy cansado de jugar al gato y al ratón con Camille Leblanc. Lo cierto es que todavía no la he podido sacar de mi sistema ni de mis constantes pensamientos porque todos giran en torno a ella de una manera que ya resulta molesta.

Así que tener una conversación con ella sin intentar evitar lo que pasó esa noche es necesario. Y dejarla sorprendida de esa manera fue agradable, pero desde que Camille comenzó a hablar con Gavin Fox, ha estado tensa, pálida y visiblemente incómoda. Soy un hombre que ha estado observándola sin parar todo este tiempo y sé perfectamente de lo que estoy hablando, es la razón por la que me acerco al hombre que me está mirando de una manera que no me gusta y mucho menos como la mira a ella, como si fuese algo que le pertenece a él.

—¿Pasa algo con nuestra doctora, entrenador Fox? —cuestiono y no me molesto en sonar amable porque no quiero serlo. Él finge la expresión amable que pone cuando coloca una mano en el hombro de Camille y me sorprendo gratamente cuando noto cómo parte de la tensión que tiene abandona su cuerpo.

—Nada que a usted deba importarle, entrenador Ruff —encaro una ceja y él mira a Camille como si esperara que ella asumiera cualquier cosa que él quisiera decir.

—Por favor, Gavin, compórtate —aprieto los dientes al notar que ella lo llama por su nombre. Tengo que relajar mi expresión y es por eso que la mano en el hombro baja a la espalda baja de Camille, dándole una caricia llena de consuelo. Parece que ni ella misma se da cuenta de la manera en la que busca más de mi toque.

—¿Por qué debería comportarme si mi mujer está con mucha confianza con el entrenador de su equipo? —susurra bajo para que nadie más que nosotros escuche, y aunque alguien estuviera cerca no es como que fuera a escuchar mucho, ya que todos están gritando y hablando en voz alta.

Camille cierra los ojos y yo me tenso mirando a este idiota y luego a la mujer que estoy sosteniendo y que nuevamente vuelve a ponerse tensa bajo mi toque, aunque algo me dice que no está directamente relacionado conmigo, sino con lo que el idiota que tenemos en frente acaba de decir.

—Te recuerdo que hace más de un año que nos divorciamos, así que no soy tu mujer. Espero que comprendas que debes comportarte como lo que eres, el entrenador de tu equipo, nada más, así que exijo respeto —él sonríe de forma arrogante, haciendo que esté tenso.

Sé que no debería estar escuchando esta conversación, pero este idiota está provocándome con su sonrisa petulante y la manera en que está mirando a Camille. Es molesto, demasiado incómodo.

—Si mi mujer no se respeta y actúa como una zorra, no lo haré yo —hay un momento de silencio antes de que ni siquiera yo mismo comprenda la rapidez de mis actos. En un momento estoy tocando a Camille y al siguiente estoy rompiéndole la cara a este idiota y haciendo que muchos jadeos y varios gritos se escuchen a mi alrededor.

No tengo tiempo para pensar en lo que estoy haciendo porque mi puño vuelve a impactar contra su rostro y esta vez escucho el sonido de su cuerpo chocando contra el suelo cuando pierde el equilibrio. Los jugadores comienzan a gritar y algunos intentan acercarse, pero estoy demasiado furioso para escuchar cualquier cosa que no sea mi propia respiración y el recuerdo de sus palabras repitiéndose una y otra vez en mi cabeza. Mi mujer. Zorra. Las palabras siguen ahí y no sé qué demonios me está pasando, pero no voy a permitir que vuelva a hablar de Camille de esa manera, no cuando he visto cómo ella se ha puesto desde que este hombre apareció frente a nosotros.

—¡Ruff! —escucho a uno de mis jugadores gritar mientras Gavin intenta incorporarse, pero no le doy tiempo para hacerlo porque lo sujeto por la camiseta y lo obligo a levantarse.

—¿Quieres repetir lo que acabas de decir? —pregunto entre dientes, acercando mi rostro al suyo mientras él me mira con odio y sangre en la comisura de los labios—. Porque puedo asegurarme de que todos aquí escuchen exactamente lo que tienes que decir sobre la doctora de mi equipo.

—No necesitas que nadie escuche nada, entrenador —Gavin escupe las palabras y vuelve a sonreír de esa manera arrogante que hace que mis manos se tensen alrededor de su camiseta—. Tú sabes perfectamente por qué lo hice y ella también.

Eso es suficiente para que vuelva a empujarlo y los gritos aumenten a nuestro alrededor. Los jugadores finalmente consiguen separarnos y siento varios brazos sujetándome desde atrás mientras otros se colocan entre Gavin y yo. No intento volver a golpearlo porque sé que, si lo hago, esta vez no habrá manera de justificarlo, pero tampoco aparto la mirada de él. Está respirando con dificultad y tiene una mano sobre el labio mientras me observa como si quisiera memorizar mi rostro para poder odiarme durante el resto de su vida.

—¡Esto se acabó! —uno de los responsables del partido grita desde el otro extremo de la pista y entonces comienzan a escucharse silbatos, órdenes y voces de los jugadores—. ¡Se cancela el amistoso!

Miro alrededor y es entonces cuando comprendo lo que acaba de ocurrir. El juego amistoso termina antes de poder comenzar por nuestra culpa, los jugadores están desconcertados y el ambiente que hace apenas unos minutos estaba lleno de bromas y competencia ahora se siente completamente tenso. No me importa. En este momento podría suspenderse toda la temporada y seguiría sin arrepentirme de haberlo golpeado después de escuchar lo que dijo.

—Te voy a destruir, Ruff —Gavin consigue soltarse de quienes lo están sujetando y me señala con el dedo mientras retrocede—. Te juro que vas a arrepentirte de haberme puesto una mano encima. —Aprieto la mandíbula y doy un paso hacia él, pero esta vez son mis propios jugadores quienes me detienen.

—En la pista de hielo —respondo con la mirada fija en él—. Y con mis jugadores. Ahí veremos cómo se resuelve todo esto. —Gavin sonríe, pero antes de que pueda darse la vuelta agrego lo único que realmente me importa. —Pero vuelve a faltarle el respeto a la doctora de mi equipo y te prometo que voy a destruirte yo primero.




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