Segundo tiempo

3.

Capitulo 3: Venganza.

Me acerqué a la barra a pedir un trago, aunque no tenía mucha idea de qué pedir.
—Hola, ¿podrías darme un trago? —le pregunté al de la barra. El chico me miró de forma muy extraña.
—Hola, bonita. ¿Alguno en especial?
Me quedé pensando, porque no tenía mucha experiencia con esto de las bebidas. El chico de la barra me miraba embelesado.
—¡Hola, Rob! Trátala bien, viene conmigo —Naim saludó con simpatía al chico de la barra. Parecía que frecuentaba el lugar.
—Lo siento, bro, no sabía que era tu nueva conquista. Muy bonita —Naim soltó una risa escandalosa luego de ver mi cara de angustia.
—No es mi conquista, la traje porque planeo vender su riñón. ¿Conoces algún interesado?
El corazón se me aceleró. Definitivamente las cosas me pasaban por ser tan confiada. El chico de la barra rió ante el comentario de Naim.
—Es broma, Naim no se dedica a esas cosas, solo es un poco idiota… —el chico de la barra intentó calmarme.
—¿Entonces quieres ayuda con tu trago? Si bebes, tu riñón ya no me serviría.
—Por supuesto que no, estoy bien —contesté con seguridad, aunque no tenía ni idea—. Deja de bromear con eso del riñón, me tienes nerviosa.
Me afectaba porque mi madre solo tenía un riñón funcional y estaba muy enferma, pero no iba a decirle eso.
—¡Ok! Tienes carácter, no eres tan frágil como te ves —dijo y luego se dirigió al de la barra—. Rob, quiero un tequila sunrise, por favor.
No tenía ni idea de lo que era, pero sonaba bien.
—¿Y tú? —me presionó.
—Quiero un Manhattan —recordé que mi padre solía beber eso.
Naim me miró con incredulidad.
—Oh wow, eso sí es una chica ruda —Rob parecía sorprendido.
—No le prepares eso, elige otra cosa, Navani —alcé la ceja. ¿Por qué todos se creían con autoridad para darme órdenes?
—Quiero ese, no te metas en mis asuntos —lo amenacé. Él solo puso mala cara. Rob deslizó los dos vasos, divertido.
—Es muy varonil tu trago —me burlé de lo bonito de la decoración de su cóctel.
—¿Quieres probar? —me ofreció. Negué con la cabeza—. Cierto, aún piensas que te drogaré.
Bebió un sorbo grande.
—Ya lo probé primero, si tiene algo moriré antes —dijo gracioso, y entonces yo me animé.
—¡Está rico! —exclamé, porque la verdad estaba muy bueno.
—Bebe este entonces… —dijo, colocándome su vaso y quitándome el mío para beberse mi Manhattan de un solo sorbo.
—¿Por qué hiciste eso? ¿Crees que soy incapaz de beber una copa? —le grité, enojada. ¿Acaso me veía tan débil? Todos siempre pasaban por encima de mí como si yo fuera un pedazo de alfombra.
—Es muy fuerte, Navani, no puedes beber eso.
—¡Claro que puedo! ¡Mira cómo lo hago, idiota! —me bebí lo que quedaba del suyo de un sorbo—. Ahora, por favor, Rob, sírveme un Manhattan.
Rob parecía divertido. Naim no tanto.
—Su trago, señorita —dijo, pasándome la copa.
La coloqué en la barra y busqué mi teléfono celular. La perra de Danna me había mandado una foto de ella en bonita lencería besando los labios de Liam.
—Malditos desgraciados, ya verán cómo me divierto leyendo.
Me quité el anillo y lo dejé en la mesa. Luego miré la cara de Naim, que me observaba de brazos cruzados.
—Mira cómo me bebo toda esta mierda igual que tú.
Me bebí ese trago también y luego pedí otro.
—Está bien, Navani, lo siento… Sí que puedes hacerlo, me quedó claro. Solo para de beber así. ¿Qué dirá tu esposo psicópata si llegas borracha a casa?
Parecía preocupado. Me reí, porque yo misma le había dicho eso antes, pero ahora estaba bajo los efectos del alcohol y me importaba una mierda.
—No dirá nada. Ahora mismo está en una junta con la subdirectora de su empresa, mi ex mejor amiga. No llegará a casa porque en realidad no están trabajando, están follando.
Le mostré la foto.
—Oh, mierda… lo siento mucho. ¿Estás bien?
Solté una carcajada por su cara de afligido.
—No sufras por cosas que no te afectan, Naim, eres un niño.
Bebí mi otro trago de golpe. Quería llorar porque mi vida era una desgracia, pero justo ahora quería reírme de aquel par de idiotas.
Me quité el suéter y me quedé en el bralette que estaba usando como brassier.
—¡Navani! ¿Qué haces? —tomó mi suéter y también mi anillo.
—Solo tengo calor. ¿Por qué estás siendo tan aburrido?
Parecía estresado.
—Me quitaré esto también —dije, quitándome la venda del implante.
—Porque no me parece divertido que te quites la ropa en un lugar público, lleno de personas ebrias, solo para vengarte del idiota con el que te casaste. ¡Es peligroso lo que haces!
Lo ignoré y comencé a caminar hasta la pista de baile.
—¡Navani! —me gritó, pero lo volví a ignorar y comencé a bailar con un chico que se acercó al verme bailar también.
De inmediato se pegó más y más a mí, mientras tomaba con sus manos mis pompas.
—Quita tus sucias manos de ahí, Max —Naim lo empujó y el chico se apartó aterrado.
—Lo siento, Naim, no pensé que era tu novia.
—Ahora lo sabes. Largo —le gritó, y el chico desapareció.
Miré a otro lado, avergonzada. No supe cómo reaccionar cuando el chico me tocó sin mi consentimiento.
—¿Estás bien?
—No era necesario, podía defenderme sola… Dije que quería divertirme y actúas como mi guardia de seguridad…
—Bien.
—Ahora necesito que te apartes para poder encontrar a alguien con quien bailar —le dije, porque estaba espantando a todos los que querían acercarse.
—Baila conmigo —dijo, encogiéndose de hombros.
—No pareces ser un buen bailarín.
Sonrió de inmediato. Me sentí un alma pecadora y sucia. Tenía la sonrisa más sexy que había visto en mi vida. Bueno, todo él era una poesía: ojos color miel, cabello negro, enormes pestañas, algunos tatuajes y buena contextura física. ¿Practicaría algún deporte?
—Soy el mejor bailarín que conocerás en tu vida —dijo, estirándome la mano—. Pero para que pueda mostrarte, tenemos que ir a otro lugar.
Lo miré intrigada.
—¿Me estás haciendo otra propuesta indecorosa? Puede que ahora sí la acepte —dejé salir una risa sexy.
—No, voy solo a llevarte a bailar.
Me tomó de la mano y salimos con rapidez del lugar. Caminamos dos cuadras y llegamos a un sitio mucho más alegre, con música latina. Lo supe porque estudié danza cuando era mucho más joven y había visto un módulo de salsa. Sabía cómo sonaba, aunque no entendiera muy bien la letra.
—¿Bailas música latina? —pregunté sorprendida.
—Es un pequeño hobby. No soy un experto como ellos, pero no me va mal. A ellas les gusta bailar conmigo —dijo, saludando a lo lejos a un grupo de chicas que le respondieron con euforia.
—Vaya… tienes un club de fans —bromeé.
—¿Quieres intentarlo? Te enseñaré.
—Te mostraré mis pasos prohibidos —bromeé otra vez.
Y comenzamos a bailar.
La música era liberadora. Había olvidado lo bien que se sentía bailar.
—Quería sorprender y terminé sorprendido. ¿Cómo aprendiste a bailar salsa? —preguntó mientras bailábamos.
—Cinco años de danza contemporánea, cinco módulos de salsa casino. La verdad no sabía si aún lo recordaba.
—Ah, eres de las que sabe dar vueltas extrañas y todas esas cosas fantásticas.
Parecía fascinado.
—Pues sí, te enseñaré. ¿Quieres?
Otra vez esa mirada. Esa sonrisa sexy.
—Quiero —dijo—. Aunque ellas también me enseñaron que hay otra forma de bailar, más íntima y no tan estética, pero bastante sensible.
Atrajo mi cuerpo hacia el suyo.
—Bien, ahora pondré mi mano en tu espalda.
—¿Y yo qué hago? —pregunté, atrapada entre sus brazos y su perfume.
—Colocas tu mano en mi espalda y solo intentas que nuestros movimientos estén coordinados en un mismo ritmo.
El corazón se me aceleró.
¡Contrólate, Navani! ¡Respira! ¿Tienes quince? ¡Solo es un baile!
Una música más lenta comenzó a sonar. Era un baile íntimo, difícil, que implicaba confianza.
—Soy inexperta —me quejé.
—Alana me dijo una vez que la clave es escuchar y sentir la música —me susurró al oído. Se me erizó la piel.
Cerré los ojos y me dejé llevar.
—Me gustaría saber qué dice la música —dije—. ¿No te causa curiosidad?
—Dice que no hay certeza de nada, que no sabe si la chica será para él o no, que solo importa esa noche y el momento que están viviendo.
Casi me muero.
—Eso fue intenso… ¿A tu novia le gustaba venir aquí?
Se apartó de inmediato.
—Nunca la traje. No estaba dentro de sus estándares. Ella es mucho para mí y para esto.




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