Capitulo 4: Huyendo.
Liam perdió el control.
Sus dedos se cerraron alrededor de mi cuello con una fuerza que me arrancó el aire de inmediato. El mundo se volvió un zumbido sordo, como si mis oídos se hubieran llenado de agua. Intenté llevar las manos a su pecho, empujarlo, pero mis brazos no respondían.
El miedo paraliza antes que el dolor.
Cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, me soltó de golpe, como si mi piel quemara. Caí al piso con un sonido seco, aspirando aire con desesperación, tosiendo, llevándome las manos al cuello mientras la garganta me ardía como si hubiera tragado fuego.
Danna salió gritando desde mi habitación matrimonial, sonreí ante la ironía mientras,su voz histérica llenaba la casa. Yo seguía en el suelo, temblando, intentando recuperar el aliento. Cada respiración dolía. Liam, en cambio, estaba inmóvil, pálido, temblando… no por mí, sino porque era la primera vez que me golpeaba así.
—Ay por Dios, casi la matas… —Danna lo empujó con furia—. Tienes que calmarte, Liam.
—Ella se lo buscó, me pidió el divorcio —se justificó, con la mandíbula rígida.
—Fírmaselo y deja ir a esa mujer estúpida —agregó Danna.
Liam se endureció aún más.
—¡JAMÁS! ¡NUNCA ME VOY A DIVORCIAR DE ELLA, LA AMO! —gritó—. ¡AHORA TÚ, LARGO DE AQUÍ!
La echó sin piedad. Danna miraba la escena aterrada. Estaba segura de que no conocía esta faceta de Liam… y ahora comprendía que su aventura probablemente le costaría caro.
Me levanté del piso con el cuerpo entumecido y caminé hacia el baño sin decir una palabra. Cada paso me dolía.
—¡Navani! —gritó siguiéndome.
Cerré la puerta con seguro y me apoyé en el lavabo, mirándome en el espejo mientras me lavaba la cara con agua fría. Tenía los ojos enrojecidos, el cuello comenzando a oscurecer.
—Abre la puerta, déjame verte el rostro —dijo con voz alterada. Estaba preocupado. No por mí, sino porque si tenía un moretón, él estaría en problemas.
No contesté.
—Perdóname, amor —insistió, golpeando la puerta con desesperación.
Estaba aterrada. No abrí. Pero eso no lo detuvo.
Buscó la llave y abrió el baño. Apenas entró, me abrazó por detrás, atrapándome contra su pecho. Yo no reaccioné. Solo me miraba en el espejo, con la respiración temblorosa.
—Tienes perfume de hombre impregnado en la piel —dijo de pronto. Me paralicé.
Me tomó del cabello, obligándome a alzar el rostro.
—¿Me engañaste?
Quise decirle que sí. Quise provocarlo. Pero no sabía cómo podía terminar ese infierno.
—¿Quién podría fijarse en mí? —dije con la voz rota—. Soy fea e insípida. Me puse perfume para que pensaras que me divertí… pero pasé toda la noche llorando por la foto de Danna sobre ti.
Sonrió, satisfecho. De verdad creía que nadie podría mirarme.
—Es verdad, lo siento mucho… me hiciste enojar —dijo—. Si no vuelves a salir así y te comportas como antes, estas cosas no volverán a pasar.
Me besó la mejilla, como si ese gesto pudiera convencerme de que su amor era real. Yo solo pensaba en lo patético que era.
—Traeré a tu mamá aquí, Navani —agregó—. Para que tenga el trasplante que necesita para su riñón.
Sentí pánico.
—Si traes a mi madre a este infierno, huiré… así me mates cuando me encuentres —lo amenacé.
Su rostro se oscureció.
—¿Qué es lo que quieres? —gritó, golpeando el espejo
El vidrio vibró y su mano comenzó a sangrar al instante.
—Mira lo que me hiciste hacer. Todo esto es tú culpa, quiero que sepas que nunca voy a dejarte. Tú eres mi esposa… y serás la madre de mis hijos. Estaremos juntos hasta que la muerte nos separe.
Salió del baño con la mano envuelta en una toalla. Escuché la puerta principal cerrarse.
Me dejé caer al suelo y lloré hasta quedarme sin fuerzas. Le tenía demasiado miedo a ese hombre.
Gina entró corriendo.
—Ay, mi niña… déjame verte —me revisó con desesperación—. Tienes que salir de esta casa. Ese hombre va a matarte.
Tenía razón.
—Quiero irme y no regresar nunca… pero no tengo a dónde ir.
—¿La casa de tus padres?
Negué con la cabeza.
—No. Mi mamá está muy enferma. Si supiera lo que vivo aquí, terminaría en el hospital. Y mi papá… me obligaría a volver con Liam por su dinero.
—Entonces denúncialo.
—¿Cómo? Nadie me va a creer. No tengo testigos ni dinero para un abogado.
—Tienes el cuello marcado . Yo seré tu testigo.
El sonido de la puerta abrirse nos heló la sangre. Liam había vuelto demasiado rápido.
—Finge que recoges los cristales —susurró Gina—. Aléjate de mí.
Liam apareció con una bolsa de farmacia de abajo y un ramo de rosas rojas de la floristería de la esquina. La mano seguía vendada.
—Navani, perdóname. Olvidemos esto y vamos a dormir.
Negué con la cabeza.
—Maldita sea —gruñó—. Deja de jugar a la mujer fuerte. Todos sabemos que eres dócil e inútil.
Señaló con desprecio.
—Voy a esperar dos minutos en la habitación. Si no vas, vendré y te arrastraré. Tú eliges.
Cuando se fue, mis piernas temblaban.
—¿Qué hago? —pregunté.
—Finge arrepentimiento —me dijo Gina—. Cuando vaya al trabajo, huye.
Corrí a la habitación. Él miraba el reloj.
—Buena decisión —sonrió—. Nadie te ama como yo.
Yo solo quería desaparecer.
—Voy a trabajar y estudiar. No quiero que me des nada.
Se rió.
—¿Con quién dormiste, Navani?
—Con nadie. No todos somos como tú.
—Nadie se fijaría en ti —dijo con crueldad—. Por eso tengo a Danna.
—Entonces fírmame el divorcio.
—Te amo —respondió revisando mis golpes—. Maquilla esto.
Besó mi cuello.
—Es tu culpa.
—Sí… es mi culpa —mentí—. Solo tú me amas.
Me sostuvo el rostro.
—No te prohibiré la universidad… pero irás con el chofer hasta el baño.
Se fue al trabajo.
Yo lloré hasta quedarme dormida.
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Gina me despertó.
—Ya casi es la hora de tus clases.
Me duché rápido. No me dio tiempo de secar mi cabello, menos
de echarme mucho maquillaje, solo el suficiente para cubrir el golpe, bueno lo que podía, mi piel era muy blanca y la verdad eran muy feo los moretones.
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Editado: 09.01.2026