Segundo tiempo

6.

Capítulo 6: Lo siento, voy a besarte.

Él vivía en un departamento que compartía con otras tres personas: un chico llamado Tash, una chica llamada Candy y otro chico llamado Josh.
—¿No se enojarán de que esté aquí? —cuestioné, temerosa.
—Ahora ninguno sabe que estás aquí. Tash no está, Candy está ocupada con Josh, están estudiando… ni notarán tu presencia. Y si lo hicieran, da igual, son buenas personas —dijo, abriendo la puerta de su habitación. Sentí angustia por toda la situación, pero no tenía muchas opciones.
—Solo dame tus zapatos, mojarán mi alfombra —me quité los zapatos y se los entregué. Él los dejó afuera. Naim tenía una especie de obsesión por el orden… y también por los libros.
—¿Puedo usar tu baño? —dije, y él asintió.
—¿Quieres ropa? —cuestionó, y yo me negué.
—No, usaré esta. No hay problema.
—Pero está mojada… puedo decirle a Candy que te preste algo si no quieres usar nada mío —dijo, cruzando los brazos y mirándome.
—No, ni pienses en molestar a esa chica, qué vergüenza. Usaré algo tuyo; agrégalo a la deuda, junto con la estadía.
—Okey, me gusta la idea, lo anotaré todo en un cuaderno —sonrió de nuevo, sexi. Corrí al baño para que no se me viera la cara de idiota.
—Izquierda, agua caliente. Derecha, agua fría. La toalla negra es mía; la azul también, pero esa está limpia, puedes usarla… Estaré afuera —dijo.
—Okey —contesté, intentando memorizar todo. ¿Cómo había acabado en la casa de un chico que acababa de conocer? ¿Liam ya estaba buscándome? ¿Qué iba a hacer? ¿Cuál era el agua caliente? Abrí la derecha y me cayó agua helada; entonces, por descarte, debía ser la izquierda.
Me recosté contra la pared mientras dejaba que el agua cayera junto con mis lágrimas reprimidas. ¿En qué momento mi vida se había transformado en esta desgracia? ¿En qué momento perdí todo? Solo quería desaparecer y que todo acabara: que no dolieran los golpes, ni mucho menos el existir… ni el corazón.
—¿Oye, tienes hambre? —Naim tocó la puerta, y yo cerré la ducha de inmediato.
—No, gracias —contesté, intentando sonar calmada.
—¿Segura? —
—Segura —terminé de secarme y me vestí de inmediato; la ropa interior era lo único que pude guardar en mi mochila. Luego me puse uno de esos suéteres deportivos que me quedaban como un vestido.
Me miré en el espejo y vi lo mal que se veía el golpe en mi cara. Suspire hondo y sequé mis lágrimas. Tenía que continuar… no había más espacio para los lamentos.
Naim no estaba ahí, gracias a Dios. Me avergonzaba usar sus cosas. Solo quería dormir, pero no podía acostarme como si nada en su cama. Me asomé un poco y vi que hablaba con una chica, que debía ser Candy, y un chico que debía ser Josh. Me aparté de inmediato al ver que se había dado cuenta de que estaba mirando.
—Navani, eres estúpida… —me dije a mí misma—.
Él abrió la puerta.
—¿Por qué te escondes? ¡Ven a comer con nosotros, te estábamos esperando! —dijo sonriente. Me negué de inmediato.
—Cierto, necesitas algo para salir —sacó unas pantuflas de garras y me las colocó en el suelo—. ¿Quieres que te las ponga? —Cuestionó, porque solo me quedé mirando, con ganas de reír; eran como de un niño de 10 años.
—No, yo lo haré… gracias —me las puse de inmediato.
—No más gracias, lo agregaré a la deuda —sonrisa sexi nuevamente.
—Tendré que vender un riñón para pagarte —bufé.
—Por eso debes comer y cuidarte… cuida mi riñón, no quiero ser estafado —abrió la puerta por completo y la chica corrió hacia mí con euforia.
—¡Hoola, cariño! Bienvenida. Mi nombre es Candy y él es mi novio, Josh. Somos los compañeros de piso de Naim y estamos muy felices de que este idiota por fin tenga una novia tan linda. La otra era un desastre —debió ser un poema mi expresión facial, porque Josh no paraba de reírse.
—No somos… solo somos amigos —dije, avergonzada, mientras él parecía disfrutarlo.
—Te entiendo. Candy y yo también empezamos con sexo casual, una amistad liberal sin problemas, pero con el tiempo uno se enamora y termina atrapado —Josh habló de más y ella lo golpeó.
—¿Atrapado, Josh? —Ella se cruzó de brazos; él soltó una risa nerviosa.
—Atrapados en la red del amor verdadero, mi reina hermosa. ¡Te amo! —la besó, y ella de repente pareció olvidarse de su rabia.
—¡Te amo también! —lo besó, y yo los miraba, sorprendida y conmovida. Nunca había vivido algo tan bonito como eso.
—Suficiente, si quieren sexo, a su habitación —Naim intervino colocando un enorme plato de pasta frente a mí. Ellos se separaron.
—¿Por qué eres tan amargado? —Candy se quejó.
—No lo sé, me pregunto lo mismo —se burló de ella y luego me miró—. Por favor, come.
—Él cocinó para ti, niña, deberías comer… no lo hace para nadie —Josh agregó, y yo lo miré, luego comencé a comer aunque no tuviera hambre.
—¿Cuál es tu nombre? —Preguntaron, porque no se lo había dicho.
—Navani, un gusto conocerlos —ambos sonrieron.
—¿Qué te pasó en el rostro, Navani? ¿Te peleaste? —Candy preguntó, y yo no supe qué decir.
—Le intentaron robar, ella se negó, el idiota terminó golpeándola y yo solo quisiera encontrarlo —Naim intervino y Candy apretó el puño con rabia.
—¿No recuerdas su rostro? —Josh preguntó, y me negué con la cabeza; los ojos se me llenaron de lágrimas.
—Desgraciado, ojalá hubiéramos estado cerca, lo golpearía hasta dejarlo inconsciente —Candy agregó y yo le sonreí.
—Suficiente. ¿Navani, quieres dormir? —Naim preguntó; era evidente que estaba sufriendo una crisis de llanto.
—Lo siento mucho, es un episodio que me genera miedo y angustia… estoy feliz de conocerlos. Buenas noches —Candy se levantó y me abrazó; me sentí reiniciada.
—Todo estará bien, ahora estás en casa —ella se separó de mí y luego se despidió—. Buenas noches —agregó.
—Buenas noches a los dos —contesté.
—Naim, si la haces llorar, vamos a golpearte —Candy lo amenazó, y él solo la ignoró.
Entré a la habitación y tomé una almohada.
—¿Puedo usarla? —pregunté, y él asintió. La coloqué en la alfombra y me acosté ahí.
—¿Qué haces? —se agachó.
—Improviso una cama, no dormiré contigo y no dejaré que tampoco duermas en el piso.
—¿Y yo sí debo dejar que tú lo hagas? —Me puse nerviosa con su cercanía. Asentí en silencio, y él se puso de pie—. Voy a trabajar ahora, Navani. Tienes toda mi habitación solo para ti. Puedes dormir en la cama, ver una película, usar la computadora, leer un libro… —Me levanté del suelo.
—¿Puedes ayudarme a conseguir un trabajo? —le pregunté, porque si trabajaba podría tener dinero y arrendar una habitación compartida como ellos.
—Hablaré con mi jefe a ver qué puede hacer. ¿Al menos tomaste tus documentos? —
—Sí, los tomé —me sentí emocionada y tomé mis cosas.
—Calma, calma, hoy no. ¿Por qué no solo descansas y mañana lo arreglamos? —
—Porque no tengo tiempo para descansar, necesito dinero para pagar un abogado que me ayude a divorciarme, antes de que él encuentre la forma de hacerme regresar a la prisión de cristal —
—¿Y reunirás el dinero en una noche? —cuestionó con sarcasmo.
—No, pero no perderé el tiempo encerrada recordando mis malditas equivocaciones y llorando aquí como una estúpida. Además, si me ayudas, tal vez consiga un trabajo —lo miré como una niña pidiendo un juguete. Él se cruzó de brazos.
—¡Bien! Tú ganas, solo trata de no buscarme problemas —lo miré confundida.
—Trabajo en un disco-bar; no es un ambiente agradable para una chica. Lidiar con borrachos es insoportable, pero esperemos que todo corra bien —intentó aclarar el asunto.
—¡Siii! Estoy feliz, muchas gracias, Naim —lo abracé espontáneamente. Cuando caí en cuenta, fue incómodo—. Lo siento —me disculpé.
—Debería llamarte: “Gracias, lo siento” —se quejó mientras salía de la habitación.
—¿A dónde vas? —acababa de decirme que me llevaría y se estaba yendo justo sin mí.
—A pedirle algo de ropa a Candy, no puedes ir vestida así —miré mi ropa.
—Oh mierda —tenía razón—. Esperaré, no te vayas sin mí —le grité mientras lo veía alejarse.
Mientras tanto, revisé mi teléfono celular. Tenía 50 llamadas perdidas de Liam y ni hablar de la cantidad de mensajes:
"Si se te ocurre denunciarme, le retiro el tratamiento a tu mamá"
"¿No pretendes volver?"
"Te daré una oportunidad, Navani. No quiero tener que ir a buscarte a donde estás metida"
"Sé dónde estás"
"Me engañas con un perdedor, ¿de verdad quieres arruinarle la vida a ese chico?"
"Te lo advertí, tú misma lo buscaste"
"Te extraño mucho, perdóname"
"Estoy arrepentido, sin ti siento que no puedo vivir"
"Dejé a Danna, te ayudaré a buscar un trabajo decente, vuelve a casa"
"Te amo"
"Bien… pronto te daré una sorpresa… no te gustará, pero te hará volver"
Ese último mensaje me causó terror. De repente, ya no quería ir, pero tampoco podía quedarme para meter en problemas a Naim ni a ninguna de estas amables personas.
—Ella enloqueció, fui por algo sencillo y se trajo la mitad de su ropa —Naim se dirigió a mí, y Candy entró eufórica.
—Te dejaré como una diosa —ella lo sacó de la habitación y, después de hacerme medir un montón de conjuntos, terminó eligiendo un jean negro de corte alto y una camisa de seda roja bastante corta, unos botines negros altos y una chaqueta de cuero negra.
—No es mi estilo para nada, me veo muy… —ella aplicó labial rojo a mis labios y cubrió mis heridas como pudo.
—¿Sexi, malvada, cool? —estaba emocionada, sus enormes ojos café brillaban.
—Ruda —dije y ella soltó una carcajada.
—Amor, eres hermosa, pero tienes el rostro más dulce del mundo. La verdad es que no sé cómo estás con Naim; definitivamente tú no eres su estilo —me entristeció su comentario, no porque quisiera ser su estilo, sino porque no quería verme como una dulce tonta.
—No somos novios, no estamos saliendo; solo me está ayudando a organizar mi jodida vida —le confesé, y ella me miró sorprendida.
—¡Mentira! ¿Naim ayudando a una chica? ¿A cambio de qué? ¿Sexo? —
—No, bueno… no lo sé. Supongo que le pagaré, pero no con sexo —le aclaré, ella se burló. —Con dinero —agregué, y me miró con incredulidad.
—No me engañarás, diviértete —dijo dándome una nalgada, como si fuésemos las mejores amigas.
—Gracias, Candy, eres genial —le dije.
—Lo sé —contestó, luego me lanzó muchos besos. Tomé mis cosas y salí por fin.
—Oh mierda, hoy mínimo regreso a casa con algún moretón —exclamó con nerviosismo—. Te anexaré los gastos de mi seguro médico si algo me pasa —agregó, entregándome el casco.
—Pagaré, lo juro —le dije, y juntos caminamos hasta la motocicleta.
—Dudaría de una desconocida como tú, pero no sé por qué razón te estoy ayudando —
—¡Por idiota! —bromeó mientras me subía a la parte trasera de la moto.
—Sí, exactamente eso es: por idiota —dijo con esa sonrisa perfecta mientras encendía la moto—. Sujétate fuerte, debemos llegar antes de que llueva —agregó. Me agarré de él mientras la moto iniciaba marcha.
Llegamos al lugar en unos 15 minutos; no estaba tan lejos del departamento. Era un sitio bastante grande y prestigioso. Sin perder tiempo, entramos. Naim habló con un hombre bien vestido, que parecía ser el dueño. Apenas me vio a lo lejos, asintió.
Luego, haciéndome señas para que me acercara, el hombre se dirigió a mí.
—Buenas noches, señorita, soy Luccas Lombardi, el dueño de este lugar —extendió la mano en forma de saludo; la tomé y me presenté también.
—Natalia Martins —mentí con el nombre. Naim me miró extrañado. Todo lo contrario al hombre, quien no dejaba de mirarme; me incomodaba, incluso. Tenía una mirada profunda y penetrante.
—¿Entonces eres solo amiga de Naim? —besó mi mano, y mi incomodidad aumentó.
—Soy su novia —mentí. El hombre se entristeció, a diferencia de Naim, quien tenía una sonrisa gigante. Sabía que quería burlarse, pero, gracias a Dios, se contuvo.
—¡Qué lástima! Me gustaste bastante, deberías repensar lo que te conviene —dijo con picardía.
—Pero qué dice, señor Lombardi, si contra el amor nadie puede —él se acercó, rodeó mi cintura con sus manos.
—Es evidente que ella quiere huir de mí. Hace días llorabas porque Annie te dejó, y ahora apareces con esta linda chica, a la cual ni siquiera pareces cercano. Sabes que no voy a jugar con ella, me ha fechado —se incomodó. Lucca lo conocía bien; lo había dejado expuesto y en ridículo por mi culpa.
—Me ha pillado, ok. Que no es novio, pero me gusta mucho —le dije. Lucca soltó una carcajada; acto seguido, Naim y yo nos miramos confundidos.
—Ya entendí. Por la alianza en tu dedo, significa que no son novios, son amantes —me iba a desmayar; probablemente este hombre me acababa de reconocer como la esposa de Liam.
—Vaya, debería ser detective, señor Lombardi. Acaba de pillar nuestro pequeño secreto —se acercó nuevamente y me susurró al oído—. Solo cálmate, parece que vas a morir; síguele el juego, a él le gustan estas cosas —me besó la mejilla para disimular. Sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo. Lo tomé por el cuello y lo acerqué suavemente a mí.
—Disculpa por esto —le susurré, mientras miraba a Lucca de reojo. Parecía estar emocionado con nosotros.
—Te dije que no vinieras —me reí de su respuesta.
—Pero no me refería a eso… —me aparté de él y lo miré, intentando hacerle entender.
Y aunque el corazón me latía a mil por hora, tomé valor y, sin pensarlo más, lo besé.




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