Señor Dame Paciencia

Capítulo 14 - Grietas En La Armadura De Joshua

Los días posteriores a la persecución con Leo Rivas transcurrieron bajo una vigilancia mucho más estricta de la que Joshua había impuesto en las semanas anteriores. Ya no había salidas espontáneas al mercado, ni caminatas despreocupadas por el pueblo; cada movimiento de Violet fuera de la oficina o la casa estaba ahora cuidadosamente planeado, con horarios específicos, rutas alternativas, y la compañía constante de al menos una persona armada con más que buenas intenciones.

Para Joshua, aquel regreso a las reglas estrictas debería haber resultado reconfortante, un retorno a la estructura y el control que tanto valoraba. En cambio, descubrió, con una inquietud creciente, que la vigilancia constante le pesaba de una manera completamente distinta a como le había pesado en un principio: ya no se trataba de cumplir un contrato, de proteger a un problema logístico ajeno. Se trataba, con una claridad que ya no podía seguir ignorando, de proteger a alguien que le importaba profundamente, y esa diferencia cambiaba todo el peso emocional de la responsabilidad que cargaba.

-Estás más callado de lo habitual -observó Mateo, una tarde, mientras ambos revisaban las cámaras de seguridad recién instaladas alrededor de la casa de Joshua, una medida adicional que Bruno había insistido en implementar tras el incidente del mercado.

-Estoy pensando.

-Eso ya lo sé. La pregunta es en qué, específicamente, porque llevas así casi tres días.

Joshua se detuvo, dejando la herramienta que sostenía sobre la mesa de trabajo improvisada en el garaje, y se permitió, por primera vez en varios días, articular en voz alta la inquietud que llevaba cargando en silencio.

-¿Qué pasa si no es suficiente? Todo esto: las cámaras, las reglas, la vigilancia constante. ¿Qué pasa si, a pesar de todo, algo le sucede y no puedo hacer nada al respecto?

Mateo lo observó con una seriedad poco habitual, reconociendo, en la pregunta de su hermano, algo que iba mucho más allá de la simple preocupación profesional de un experto en seguridad.

-Hermano, tú diriges una empresa de seguridad. Sabes mejor que nadie que nunca se puede garantizar el cien por ciento de protección. Eso es parte del trabajo, siempre lo ha sido.

-Con los clientes normales, sí. Pero esto es distinto.

-¿Por qué es distinto?

Joshua se quedó en silencio, incapaz, todavía, de articular completamente la respuesta que ambos, en el fondo, ya conocían.

-Porque me importa de una manera que no debería, considerando que se supone que es solo un trabajo.

Mateo sonrió, no con la burla habitual que solía acompañar sus comentarios, sino con una calidez genuina que reflejaba, con total claridad, cuánto se alegraba de escuchar finalmente esa confesión en voz alta.

-Ya era hora de que lo admitieras.

-No es tan simple, Mateo. Ella tiene una vida entera esperándola en la capital, un mundo completamente distinto al nuestro. Y en algún momento, ya sea en dos semanas o antes si Leo publica esas fotos, va a tener que regresar a esa vida.

-¿Y eso significa que no vale la pena sentir lo que sientes ahora mismo?

-Significa que tal vez sea más sensato no involucrarme más de lo que ya lo estoy, para evitar que ambos salgamos lastimados cuando todo esto termine.

-Eso, hermano, es exactamente el tipo de razonamiento que te ha mantenido solo y organizando lápices por tamaño durante los últimos seis años.

La observación, dicha sin rodeos, golpeó a Joshua con más fuerza de la que esperaba, obligándolo a confrontar, con una honestidad incómoda, el patrón que llevaba tanto tiempo repitiendo sin cuestionarlo del todo: evitar el riesgo emocional, mantener todo bajo control, protegerse a sí mismo del dolor manteniendo a la gente a una distancia segura, calculada, predecible.

-¿Y si me equivoco? ¿Si dejo que esto avance y termina siendo un error?

-¿Y si no te equivocas? ¿Si dejas que esto avance y resulta ser lo mejor que te ha pasado en años?

Joshua no tuvo una respuesta inmediata para esa pregunta, y el silencio que siguió, cargado de una vulnerabilidad que rara vez mostraba tan abiertamente, incluso frente a su propio hermano, se sintió como una pequeña grieta más en la armadura de control que había construido, ladrillo por ladrillo, desde la muerte de su madre.

Esa misma noche, mientras Violet trabajaba en su despacho revisando algunos documentos legales que Bruno le había enviado, Joshua se descubrió, sin planearlo del todo, tocando la puerta con una intención distinta a la habitual, ya no simplemente para verificar reglas o confirmar horarios, sino con el deseo genuino de estar cerca de ella, sin ninguna excusa profesional que justificara la visita.

-¿Todo bien? -preguntó Violet, levantando la vista de los documentos, notando de inmediato algo distinto en la expresión de Joshua.

-Sí. Solo quería... ver cómo estabas.

-¿Sin ninguna regla que verificar? ¿Sin ningún horario que confirmar?

-Sin nada de eso.

Violet sonrió, dejando a un lado los documentos con evidente alivio, y le hizo un gesto para que se sentara frente a ella, en la misma silla que ya empezaba a sentir como propia dentro de aquella oficina.

-¿Sabes? -dijo, después de un momento-. Esta es la primera vez que vienes a hablar conmigo sin ninguna excusa oficial detrás.

-Lo sé. Estoy tratando de acostumbrarme a hacer las cosas sin necesidad de una excusa.

-¿Y cómo va eso?

-Aterrador, honestamente. Pero también, de alguna manera extraña, liberador.

Violet lo observó con una atención renovada, notando, con una perspicacia que había desarrollado durante sus semanas conviviendo con él, los pequeños indicios de vulnerabilidad que Joshua normalmente se esforzaba tanto en ocultar: la manera en que evitaba sostener su mirada demasiado tiempo, el ligero temblor en sus manos, apoyadas con demasiada rigidez sobre sus rodillas.

-¿Qué está pasando realmente, Joshua?




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