Señor Dame Paciencia

Capítulo 16 - Violet, Sin El Apellido Siller

Los días que siguieron a la conversación en el patio trasero trajeron consigo una intimidad nueva entre Joshua y Violet, una cercanía que ya no necesitaba disfrazarse de bromas ni de discusiones para manifestarse. Se buscaban con más naturalidad, compartían silencios cómodos mientras trabajaban en sus respectivos escritorios, y Mateo, que llevaba semanas observando la evolución de aquella relación con el entusiasmo de un espectador privilegiado, había empezado a hacer comentarios cada vez menos sutiles sobre "la pareja del año en Pazcal Seguridad Privada", comentarios que ya ni Joshua ni Violet se molestaban en negar con la misma vehemencia de antes.

Pero bajo aquella cercanía recién construida, Violet cargaba todavía con un miedo que no había logrado articular del todo, ni siquiera durante la conversación más honesta que había tenido con Joshua hasta entonces. Era un miedo antiguo, presente desde mucho antes de Adrián, desde mucho antes del escándalo que la había llevado hasta aquel pueblo costero: el miedo profundo de no ser nadie, absolutamente nadie, sin el peso y el privilegio de su apellido.

La oportunidad de finalmente enfrentar aquel miedo llegó de la manera menos esperada, un martes por la tarde, cuando Clara Mendoza los invitó a ambos a ayudarla con la organización de un pequeño festival gastronómico que la cafetería patrocinaba cada año para recaudar fondos destinados a la escuela primaria del pueblo.

-Necesito manos extra -había dicho Clara, apareciendo en la oficina con su delantal todavía puesto y una lista interminable de tareas pendientes-. Y ustedes dos parecen tener energía de sobra últimamente.

Violet, que llevaba semanas sin hacer nada remotamente parecido a un trabajo manual, aceptó con un entusiasmo que sorprendió incluso a Joshua, y pasó la tarde entera cargando cajas de decoraciones, ayudando a montar mesas plegables, y organizando, con una meticulosidad que contradecía por completo su reputación de caos ambulante, el sistema de boletos para las actividades del festival.

-Se te da bien esto -observó Clara, en algún momento de la tarde, mientras ambas doblaban manteles junto a una de las mesas recién montadas.

-¿El qué? ¿Cargar cajas?

-Organizar. Trabajar con las manos. No lo que esperaría de alguien acostumbrada a organizar galas benéficas desde una oficina, con asistentes haciendo el trabajo pesado.

Violet se detuvo un momento, considerando el comentario con una honestidad que rara vez mostraba frente a alguien que apenas empezaba a conocer.

-Nunca me han dejado hacer el trabajo pesado, en realidad. Toda mi vida ha sido sonreír para las cámaras, firmar documentos que otros redactaron, asistir a eventos donde mi única función era representar bien el apellido Siller. Esto -dijo, señalando las cajas medio vacías y las mesas recién montadas- se siente como la primera vez en años que hago algo con mis propias manos y veo el resultado directamente frente a mí.

-¿Y cómo se siente eso?

-Extrañamente satisfactorio. Como si por primera vez estuviera contribuyendo con algo real, en lugar de solo existiendo dentro de una fotografía cuidadosamente compuesta.

Clara asintió, con la sabiduría paciente de quien ha visto pasar suficientes vidas por su cafetería como para reconocer, en las palabras de Violet, una verdad mucho más profunda de lo que la conversación casual sugería en la superficie.

-¿Puedo decirte algo, muchacha? Y espero que no lo tomes a mal.

-Adelante.

-Creo que llevas mucho tiempo confundiendo tu apellido con tu identidad. Y ambas cosas, aunque a veces coincidan, no son lo mismo.

Aquellas palabras, dichas con la misma franqueza directa que Violet ya había aprendido a esperar de Clara, la golpearon con una intensidad que no anticipaba, tocando exactamente el nervio de un miedo que había estado evitando nombrar durante toda su vida adulta.

-¿Qué pasa si no sé quién soy sin mi apellido? -confesó, con una vulnerabilidad genuina que rara vez mostraba, ni siquiera frente a Joshua-. Toda mi vida he sido "la hija de los Siller", "la heredera del imperio", "la prometida de Adrián". Nunca he tenido que averiguar quién soy cuando nadie me está mirando a través de esa lente.

-Entonces tal vez este pueblo, este festival, estas cajas que llevas cargando toda la tarde, sean exactamente el lugar correcto para empezar a averiguarlo.

La conversación quedó suspendida ahí, interrumpida por la llegada de más voluntarios que necesitaban ayuda con la instalación de las luces decorativas, pero las palabras de Clara se quedaron rondando en la mente de Violet durante el resto de la tarde, resonando con una claridad incómoda cada vez que se sorprendía a sí misma disfrutando genuinamente de una tarea tan simple como acomodar sillas o probar recetas nuevas para el menú del festival.

Esa noche, cuando finalmente regresaron a casa, agotados pero satisfechos por el trabajo del día, Violet decidió, por fin, compartir con Joshua el miedo que Clara había desenterrado sin proponérselo del todo.

-¿Puedo contarte algo? -preguntó, mientras ambos se sentaban en el sofá de la sala, todavía con la ropa cubierta de polvo y pintura decorativa del festival.

-Siempre.

-Tengo miedo de que, sin mi apellido, sin el dinero, sin el reconocimiento público, no sea nadie realmente interesante. Que todo lo que la gente valora de mí -las conexiones, los recursos, la posición social- sea, en realidad, todo lo que tengo para ofrecer.

Joshua la miró con una intensidad que dejaba claro cuánto le dolía escuchar aquel miedo articulado en voz alta, especialmente viniendo de alguien a quien él había llegado a admirar precisamente por todo lo que ella parecía no valorar en sí misma.

-Violet, ¿sabes qué fue lo primero que noté de ti, incluso antes de que supiera quién era tu familia?

-¿Qué?

-Que eras la persona más valiente que había conocido en años. Chocaste tu auto contra mi reja y, en lugar de disculparte con nervios o esconderte avergonzada, me miraste directamente a los ojos y me culpaste a mí por tener una reja "mal ubicada". Esa clase de audacia no tiene absolutamente nada que ver con tu apellido.




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