Señor Dame Paciencia

Capítulo 17 - Una Noche En La Playa

Después del festival, algo entre Joshua y Violet había terminado de asentarse en un lugar cómodo y cálido, una certeza tácita de que aquello que sentían el uno por el otro ya no era simplemente una posibilidad lejana, sino algo presente, tangible, que ambos habían empezado a nutrir con la misma dedicación con la que Joshua alguna vez había dedicado a sus horarios y reglas. Sin embargo, ninguno de los dos había dado todavía el paso definitivo, esa clase de gesto inequívoco que transformaría la cercanía creciente en algo formalmente nombrado.

Fue Mateo, con su habitual falta de sutileza, quien terminó de empujarlos hacia esa dirección, una tarde de viernes, mientras los tres cenaban en la cocina de Joshua.

-¿Saben qué necesitan ustedes dos? -dijo, sin que nadie le hubiera pedido su opinión-. Una cita de verdad. No una "salida de seguridad supervisada", no un festival benéfico donde terminan trabajando más de lo que se divierten. Una cita normal, sin excusas, sin trabajo de por medio.

-No necesitamos que nos organices citas, Mateo -respondió Joshua, aunque sin la firmeza habitual con la que solía rechazar las intromisiones de su hermano.

-Claramente sí lo necesitan, porque llevan semanas dando vueltas alrededor del tema sin decidirse a nombrarlo directamente. Así que, como buen hermano y amigo entrometido, voy a resolverlo por ustedes: mañana en la noche, playa, sin excusas, sin trabajo, sin mí ni nadie más interrumpiendo.

Violet, que había escuchado la propuesta con una sonrisa creciente, no pudo evitar intervenir con su habitual sarcasmo, aunque esta vez con menos resistencia real de la que hubiera mostrado semanas atrás.

-¿Y si no queremos que nos organices una cita?

-Entonces finjan que no la organicé yo. Total, el resultado va a ser el mismo: ustedes dos, la playa, una noche tranquila, y espero, sinceramente, que por fin dejen de bailar alrededor del tema.

Joshua miró a Violet, encontrando en su expresión la misma mezcla de nerviosismo y anticipación que él mismo sentía, y por primera vez, decidió no discutir la propuesta de su hermano.

-Está bien -dijo, finalmente-. Mañana en la noche. La playa.

Mateo sonrió con satisfacción, como quien acaba de ganar una apuesta que llevaba semanas planeando en silencio, y se dedicó, durante el resto de la cena, a hacer comentarios cada vez más descarados sobre "el gran evento" del día siguiente, ganándose miradas fulminantes de ambos que, sin embargo, no lograron borrar del todo la sonrisa cómplice que compartían por debajo de la mesa.

La noche siguiente llegó con una claridad excepcional, el cielo completamente despejado de nubes, salpicado de estrellas que se reflejaban tenuemente sobre la superficie tranquila del mar. Joshua, después de una indecisión considerable sobre qué llevar, qué decir, y cómo exactamente debía comportarse alguien que llevaba seis años evitando precisamente este tipo de situaciones, finalmente decidió simplificar las cosas: llevó una manta gruesa, una pequeña canasta con algunos bocadillos que Clara le había ayudado a preparar con una sonrisa cómplice, y nada más que su propia honestidad, ya considerablemente menos protegida de lo que había estado hacía apenas un mes.

Encontró a Violet esperándolo en la playa, sentada sobre la arena todavía tibia por el sol del día, con el cabello suelto ondeando ligeramente por la brisa marina, y por un momento, Joshua se quedó simplemente observándola desde la distancia, permitiéndose sentir, sin ninguna prisa por disimularlo, la certeza tranquila de que aquella mujer, con toda su impulsividad y su caos característico, se había convertido en la persona que más le importaba en el mundo.

-Pensé que te habías arrepentido -dijo Violet, cuando finalmente se acercó, con una sonrisa que dejaba claro que no había estado realmente preocupada.

-Nunca me arrepentiría de esto.

Se sentaron juntos sobre la manta, compartiendo los bocadillos que Clara había preparado con evidente cariño, mientras el mar susurraba su ritmo constante frente a ellos y las estrellas empezaban a multiplicarse sobre sus cabezas a medida que la última luz del atardecer terminaba de desaparecer.

-¿Sabes? -dijo Violet, después de un rato de conversación ligera y risas compartidas-, esta es, probablemente, la primera cita real que he tenido en años. Todo lo demás siempre estuvo cuidadosamente coreografiado para las cámaras, o negociado como parte de alguna estrategia familiar.

-Yo tampoco tengo mucha práctica reciente, honestamente. La última cita real que recuerdo fue hace más de seis años, y no terminó particularmente bien.

-Bueno, entonces estamos igual de fuera de práctica. Eso debería hacer las cosas menos intimidantes.

-O más, considerando que ninguno de los dos sabe exactamente qué está haciendo.

Violet se rio, apoyando la cabeza contra su hombro con la misma naturalidad cómoda que ya caracterizaba sus momentos más íntimos, y por un rato, ambos se quedaron simplemente disfrutando la compañía mutua, sin la necesidad de llenar cada silencio con palabras, observando las estrellas y escuchando el ritmo constante de las olas rompiendo suavemente contra la orilla.

-¿Puedo preguntarte algo? -dijo Joshua, finalmente, rompiendo el silencio cómodo con una pregunta que llevaba días queriendo formular.

-Adelante.

-¿Qué es esto para ti? Nosotros, quiero decir. No estoy tratando de presionarte para que le pongas una etiqueta a algo que todavía se siente nuevo, pero necesito saber si estoy solo en sentir que esto se ha vuelto mucho más importante de lo que ninguno de los dos anticipó.

Violet se enderezó, mirándolo directamente, con una seriedad que contrastaba con la ligereza de la conversación anterior, considerando la pregunta con el mismo cuidado que Joshua evidentemente había puesto en formularla.

-No estás solo en sentir eso -respondió, finalmente, con una honestidad que no dejaba espacio para dudas-. Llevo semanas tratando de convencerme de que esto es solo una consecuencia natural de estar varada en un pueblo pequeño con el único hombre disponible que no forma parte de mi mundo habitual. Pero la verdad es que no tiene nada que ver con eso. Tiene que ver contigo, específicamente contigo, con la manera en que me escuchas, con la manera en que me desafías sin intentar controlarme, con la manera en que me haces sentir, por primera vez en años, que puedo ser completamente yo misma sin ninguna máscara.




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