Señor Dame Paciencia

Capítulo 18 - Renata Llega Al Pueblo

La felicidad tranquila que había seguido a la noche en la playa duró, exactamente, cuatro días. Fue el tiempo que le tomó a Renata Siller decidir que las explicaciones vagas de su hermana por teléfono ya no eran suficientes, y que la única manera de obtener respuestas reales era presentándose, sin previo aviso, en el pueblo costero donde Violet llevaba semanas escondida.

Llegó un martes por la mañana, en un auto negro con placas de la capital que llamó la atención inmediata de todo el pueblo, conducido por un chofer que Renata despidió apenas se estacionó frente a la oficina de Pazcal Seguridad Privada, con la intención clara de no necesitar transporte de regreso hasta haber resuelto, personalmente, el asunto que la había llevado hasta allí.

-¿Esa es...? -preguntó Mateo, asomándose por la ventana de la oficina, observando a la mujer elegantemente vestida que caminaba hacia la entrada con una determinación que no dejaba lugar a dudas sobre su identidad.

-Renata -confirmó Violet, sintiendo que el color desaparecía de su rostro al reconocer, de inmediato, la silueta inconfundible de su hermana mayor, incluso desde la distancia-. Vino personalmente.

-Pensé que tenías dos semanas de plazo.

-Yo también lo pensé.

La puerta de la oficina se abrió con la misma elegancia calculada que caracterizaba cada movimiento de Renata Siller, y la mujer entró con paso firme, vestida con un traje sastre impecable que contrastaba dramáticamente con la informalidad relajada de la oficina de seguridad privada, sus ojos escaneando rápidamente el espacio hasta encontrar a su hermana menor, de pie junto al escritorio de Joshua con una expresión que oscilaba entre la sorpresa y la indignación.

-Renata, ¿qué haces aquí?

-Lo que debí haber hecho hace semanas: venir a ver con mis propios ojos qué te tiene tan absorta que ni siquiera puedes molestarte en contestar mis llamadas con la frecuencia que necesitamos.

-Te contesté hace dos días.

-Un mensaje de tres líneas no cuenta como "contestar", Violet.

Joshua, observando el intercambio con la misma cautela profesional que aplicaría ante cualquier situación potencialmente volátil, se levantó de su escritorio, decidiendo que era momento de intervenir antes de que la conversación escalara innecesariamente.

-Señorita Siller -dijo, extendiendo su mano con una cortesía calculada-, soy Joshua Pazcal. Creo que ya hemos hablado indirectamente a través de Bruno.

Renata lo observó con una evaluación minuciosa, la misma mirada calculadora que probablemente aplicaba a cada contrato empresarial que cruzaba su escritorio, sopesando, con una precisión casi quirúrgica, exactamente qué tipo de hombre tenía frente a ella.

-Así que usted es el famoso Joshua -dijo, finalmente, estrechando su mano con una firmeza que dejaba claro que no estaba particularmente impresionada-. Mi hermana ha estado sorprendentemente reservada sobre los detalles de su... arreglo.

-No hay ningún "arreglo" oscuro que ocultar, Renata -intervino Violet, con una tensión evidente en la voz-. Joshua me ha protegido durante todo este tiempo, exactamente como se suponía que debía hacerlo según el contrato con Bruno.

-¿Y el resto? -preguntó Renata, con una ceja arqueada, dirigiendo su mirada hacia el espacio evidentemente reducido entre Joshua y Violet, la manera en que se posicionaban instintivamente cerca el uno del otro, los pequeños indicios de familiaridad que ningún contrato profesional podría justificar del todo-. Porque desde donde yo estoy parada, esto no parece un simple arreglo de seguridad.

El silencio que siguió fue denso, cargado de la verdad que ninguno de los dos había tenido intención de revelar tan abruptamente, especialmente no frente a la hermana calculadora que representaba, con toda claridad, todo lo que Violet había estado tratando de escapar.

-Renata, esto no es de tu incumbencia -dijo Violet, finalmente, con una firmeza que sorprendió incluso a Joshua.

-Es exactamente de mi incumbencia cuando afecta directamente a la reputación de nuestra familia, Violet. Ya tenemos suficiente con un escándalo mediático sin resolver; no necesitamos añadir "la heredera Siller enredada románticamente con el dueño de una pequeña empresa de seguridad" a la lista de titulares que tenemos que manejar.

-No hables de él como si fuera un problema logístico más -replicó Violet, sintiendo que la rabia familiar empezaba a acumularse en su pecho con una velocidad alarmante-. Joshua no es un error de relaciones públicas, Renata. Es la persona que me ha ayudado a entender quién soy sin necesidad de nuestro apellido.

Renata se quedó momentáneamente sin palabras, sorprendida por la intensidad de la defensa de su hermana, y por un instante, algo en su expresión calculadora se suavizó, revelando, aunque fuera brevemente, una preocupación genuina detrás de toda la frialdad estratégica.

-Violet, entiendo que este lugar, esta... aventura, te haya ofrecido un respiro necesario. Pero tienes que entender que la realidad te está esperando, sin importar cuánto quieras postergarla. La gala benéfica es en cinco días. Mamá espera que estés ahí, presentable, lista para enfrentar las preguntas que inevitablemente van a surgir sobre tu ausencia prolongada.

-¿Y si decido no ir?

La pregunta, formulada con más determinación de la que Violet había sentido al principio de la conversación, tomó a Renata completamente por sorpresa, obligándola a reconsiderar la estrategia que evidentemente había preparado antes de llegar.

-Si no vas, Violet, el escándalo empeora considerablemente. La prensa va a interpretar tu ausencia como una confirmación de culpa, o peor, va a empezar a especular sobre por qué exactamente estás escondida en un pueblo costero con un hombre que la familia no conoce. Y con las fotos que ya circularon la semana pasada gracias a ese periodista, la especulación ya está en marcha.

Violet sintió que el estómago se le encogía ante la mención de las fotos, recordando, con una punzada de ansiedad, la persecución en el mercado semanas atrás y la promesa incumplida de Bruno de negociar un ángulo menos invasivo con la redacción de Leo.




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