Señor Dame Paciencia

Capítulo 20 - El Primer Beso

La gala se celebraba en el salón principal del hotel más lujoso de la capital, un edificio de fachada clásica que Joshua reconoció, apenas cruzó la puerta, como perteneciente a un mundo completamente distinto al pueblo costero que había aprendido a llamar hogar durante las últimas semanas. Arañas de cristal colgaban del techo abovedado, meseros vestidos impecablemente circulaban entre los invitados con bandejas de copas de champán, y una orquesta de cuerdas tocaba, en un rincón discreto del salón, una música que Joshua reconoció vagamente de alguna película antigua que su madre solía ver.

-¿Listo? -preguntó Violet, tomando su mano mientras esperaban junto a la entrada del salón, vestida con un elegante vestido esmeralda que Joshua encontraba, honestamente, imposible de dejar de admirar cada vez que la miraba.

-Tan listo como puedo estarlo.

-Recuerda: honestos, directos, sin fingir nada que no somos.

-Lo recuerdo.

Entraron juntos al salón, y Joshua sintió, de inmediato, el peso de decenas de miradas girándose hacia ellos, susurros apenas contenidos que se propagaban entre los invitados con la velocidad característica de un chisme jugoso encontrando terreno fértil. Violet Siller, la heredera desaparecida durante semanas, finalmente reapareciendo en público, acompañada de un hombre que claramente no pertenecía al círculo habitual de la alta sociedad empresarial.

-Ahí está -susurró alguien cerca de ellos, sin molestarse demasiado en bajar la voz-. ¿Ese es el hombre del pueblo?

Joshua sintió que la tensión se acumulaba en sus hombros, pero Violet, apretando su mano con firmeza, lo guio hacia el centro del salón con una confianza que parecía desafiar directamente cada susurro y cada mirada especuladora.

-Ignóralos -murmuró-. Solo tienen curiosidad. Eso va a pasar en cuanto se acostumbren a vernos juntos.

La primera prueba real llegó cuando Victoria Siller, la madre de Violet, se acercó a ellos con una sonrisa cuidadosamente compuesta que no lograba disimular del todo la tensión evidente detrás de sus ojos.

-Violet, cariño, qué alegría verte finalmente -dijo, con un tono que oscilaba entre el alivio genuino y el reproche contenido-. Y este debe ser el señor Pazcal, supongo.

-Mamá, él es Joshua.

-Un placer conocerla, señora Siller -dijo Joshua, extendiendo su mano con la cortesía calculada que había practicado durante toda la semana, aunque sintiendo, bajo la formalidad del gesto, la evaluación minuciosa a la que Victoria evidentemente lo estaba sometiendo.

-El placer es mío, señor Pazcal -respondió ella, estrechando su mano con una firmeza que dejaba claro que la cortesía no significaba, en absoluto, aprobación incondicional-. Espero que entienda la magnitud de lo que representa para nuestra familia que mi hija haya decidido presentarse públicamente con usted esta noche.

-Lo entiendo perfectamente, señora Siller.

-Entonces también entenderá por qué necesito, antes de que esta velada avance más, tener una conversación clara con usted sobre sus intenciones.

-Mamá -intervino Violet, con una advertencia clara en la voz-, no vamos a hacer esto aquí, en medio de la gala, frente a todo el mundo.

-No estoy sugiriendo hacerlo aquí, Violet. Estoy sugiriendo que el señor Pazcal y yo tengamos esa conversación en privado, en algún momento de la noche, cuando sea conveniente para ambos.

Joshua, sintiendo que aquella era exactamente la clase de escrutinio que Bruno le había advertido que enfrentaría, decidió responder con la misma honestidad directa que había caracterizado toda su relación con Violet hasta entonces.

-Con gusto, señora Siller. No tengo nada que ocultar sobre mis intenciones hacia su hija.

Victoria lo observó un momento más, con una evaluación que gradualmente empezó a suavizarse ante la firmeza tranquila de su respuesta, y finalmente asintió, retirándose hacia otro grupo de invitados con la promesa implícita de retomar la conversación más tarde en la noche.

-Eso salió mejor de lo que esperaba -comentó Violet, con un alivio evidente.

-Apenas estamos empezando la noche.

-Cierto. Prepárate, porque esto probablemente se va a repetir con cada persona influyente del salón.

Y efectivamente, durante la siguiente hora, Joshua se encontró navegando una sucesión interminable de presentaciones, preguntas capciosas disfrazadas de cortesía social, y evaluaciones silenciosas de empresarios y socialités que claramente intentaban determinar, con la misma precisión calculadora que Renata había mostrado semanas atrás, exactamente qué tipo de amenaza u oportunidad representaba para el imperio Siller.

Fue durante uno de esos intercambios incómodos, con un empresario que insistía en preguntar repetidamente sobre "los beneficios financieros" que Joshua esperaba obtener de su relación con Violet, que Adrián Ramírez hizo su aparición, elegante y calculador como siempre, interrumpiendo la conversación con una sonrisa que no llegaba del todo a sus ojos.

-Violet, qué sorpresa agradable verte de nuevo -dijo, ignorando deliberadamente a Joshua, como si su presencia fuera irrelevante para la conversación-. Y trayendo compañía tan... interesante.

-Adrián -respondió Violet, con una frialdad que Joshua no le había escuchado usar con nadie más en toda la noche-. No sabía que estarías aquí.

-Nuestras familias siguen haciendo negocios juntas, a pesar de todo. Sería extraño que no me invitaran a un evento de esta importancia.

-Este es Joshua Pazcal -dijo Violet, con una firmeza deliberada, tomando la mano de Joshua con un gesto claramente posesivo-. Mi pareja.

La palabra, pronunciada con total naturalidad frente a su exprometido, quedó suspendida en el aire con un peso significativo, y Joshua sintió, con una satisfacción silenciosa, la manera en que Adrián procesaba aquella afirmación, su sonrisa calculadora vacilando apenas por un instante antes de recomponerse.




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