La calma que siguió a la confrontación en la posada duró apenas una semana. Fue tiempo suficiente para que Adrián Ramírez, herido en su orgullo pero lejos de darse por vencido, terminara de tejer una estrategia considerablemente más peligrosa que la simple propuesta de "pausa estratégica" que Renata había presentado. Y fue tiempo suficiente, también, para que un nuevo jugador entrara en el tablero: Ricardo Luján, rival empresarial de los Siller desde hacía dos generaciones, quien había estado observando el escándalo mediático con el interés paciente de un depredador esperando el momento exacto para atacar.
-Tenemos un problema mucho más grande de lo que pensábamos -anunció Bruno, apareciendo en la oficina de Pazcal Seguridad Privada un martes por la mañana, con una expresión que Joshua no le había visto desde los días más tensos previos a la gala-. Ricardo Luján se reunió ayer con Adrián. Dos horas, en privado, en las oficinas de Luján Corporativo.
-¿Qué podría querer Luján de Adrián? -preguntó Violet, sintiendo que un escalofrío de alarma genuina le recorría la espalda ante la sola mención de aquel nombre.
-Información. Acceso. Cualquier grieta que pueda explotar para debilitar a tu familia mientras el escándalo sigue sin resolverse del todo. Y me temo que Adrián, motivado por el despecho, está más que dispuesto a proporcionárselos.
Joshua sintió que la tensión se instalaba en la habitación con un peso distinto al de las complicaciones anteriores, comprendiendo que ya no se trataba únicamente de manejar la percepción pública de una relación romántica, sino de algo considerablemente más calculado y potencialmente destructivo.
-¿Qué exactamente está compartiendo? -preguntó, con la voz tensa.
-Detalles financieros de la familia. Información sobre contratos vulnerables. Y, lo más preocupante, detalles personales sobre usted, señor Pazcal: su empresa, su historial financiero, cualquier cosa que pueda usarse para sugerir que esta relación tiene motivaciones menos puras de lo que aparenta.
Violet se levantó de su silla, con una furia contenida que Joshua reconocía como el preludio de una tormenta considerable.
-Adrián está dispuesto a destruir a su propia familia extendida, a la gente con la que ha hecho negocios durante años, solo por despecho personal.
-Adrián está dispuesto a hacer lo que sea necesario para recuperar el control que sintió que perdió esa noche en la gala, Violet. Y Luján está más que feliz de proporcionarle los recursos para lograrlo, porque cada golpe contra tu familia es, simultáneamente, una oportunidad para él de arrebatar contratos y clientes mientras ustedes están distraídos apagando este incendio.
Aquella tarde, la amenaza dejó de ser abstracta y se convirtió en algo terriblemente concreto: un artículo publicado en un portal financiero de considerable influencia, firmado por un periodista que Bruno identificó de inmediato como uno de los colaboradores habituales de Luján Corporativo, insinuando, con un lenguaje cuidadosamente calculado para sugerir sin afirmar directamente, que Joshua Pazcal podría estar utilizando su relación con Violet Siller para obtener contratos de seguridad privilegiados con empresas asociadas al imperio familiar.
-Esto es mentira -dijo Joshua, leyendo el artículo con una indignación creciente-. Nunca he solicitado ni aceptado ningún contrato relacionado con la familia Siller.
-Lo sé -respondió Bruno-, y podemos desmentirlo con documentación clara. Pero el daño reputacional ya está hecho, en cierta medida. La gente lee los titulares, rara vez lee las desmentidas con la misma atención.
Mateo, que había estado revisando las redes sociales durante toda la conversación con una preocupación creciente, levantó finalmente la vista de su teléfono.
-Hay algo más. Empezaron a circular fotos de Joshua con una mujer, de hace años, sugiriendo que hay un patrón de "relacionarse estratégicamente con mujeres de posición económica superior".
-¿Qué mujer? -preguntó Joshua, genuinamente confundido.
-Camila.
El nombre cayó sobre la conversación con un peso instantáneo, y Violet sintió que el corazón se le encogía al comprender la crueldad calculada de la estrategia: no solo estaban atacando la relación actual, sino desenterrando la herida más profunda de Joshua, distorsionándola para servir a una narrativa completamente falsa.
-Camila no tenía ninguna posición económica superior -dijo Joshua, con la voz tensa por la indignación-. Era una diseñadora gráfica. Esto es una manipulación completa de los hechos.
-Lo sé -dijo Bruno-, pero necesitamos entender que Luján y Adrián no están interesados en la verdad. Están interesados en crear suficiente ruido, suficiente duda, como para debilitar tanto la posición de la familia Siller como la reputación personal de Joshua.
Fue en medio de aquella tensión creciente que ocurrió el primer verdadero malentendido entre Joshua y Violet, provocado, indirectamente, por la misma paranoia que la campaña de desprestigio había empezado a sembrar entre ellos. Violet, tratando de proteger a Joshua de más complicaciones, había aceptado, sin decírselo directamente, una reunión privada con Adrián organizada por Renata, con la esperanza de que enfrentarlo directamente pudiera persuadirlo de abandonar su alianza destructiva con Luján.
Joshua se enteró por accidente, revisando el calendario compartido de la oficina, y la ausencia de cualquier explicación previa, sumada a la tensión acumulada de los últimos días, encendió en él una desconfianza que rara vez había sentido hacia Violet.
-¿Te reuniste con Adrián sin decírmelo? -preguntó, esa noche, con una frialdad que sorprendió a ambos.
-Fue una reunión estrictamente estratégica, Joshua. Bruno estuvo presente todo el tiempo. Intentaba resolver esto sin involucrarte más de lo necesario.
-¿Involucrarme más? Soy quien está siendo atacado en cada portal financiero del país, Violet. Merezco saber cuando te reúnes con el hombre que está orquestando ese ataque.