No fui el temblor primero que habitó tus labios,
ni la voz que despertó por vez primera tu manera de amar.
No fui la historia inicial escrita sobre tu pecho,
ni aquella sombra antigua que alguna vez aprendió tu nombre de memoria.
Pero déjame ser el puerto donde descansen todas tus tormentas.
Déjame ser la última melodía que tu corazón elija escuchar
cuando el mundo calle y solo quede el eco de lo verdadero.
No fui tu primer "te amo",
pero quisiera convertirme en el último que necesites pronunciar,
ese que no nace del miedo a perder,
si no de la certeza de haber encontrado el hogar.
No fui la primera caricia que recorrió tu piel,
pero deseo que mis manos sean las últimas en aprender de tus cicatrices,
las únicas capaces de tocar incluso aquello
que nunca te atreviste a mostrarle al mundo.
No fui el primer abrazo que sostuvo tu cuerpo,
pero quiero ser el refugio donde tus inviernos descansen,
donde la calma te cubra cuando la vida te quiebre en silencio.
No estuve allí cuando tus ojos conocieron la tristeza,
ni cuando tus lágrimas cayeron sin que nadie pudiera detenerlas.
Porque detrás de tus ojos verdes,
vive un universo entero de bondad y de luz,
un infinito donde quisiera perderme lentamente
hasta hallar mi reflejo habitando tu mirada.
Quiero ser la última mujer
a la que le entregues el alma sin miedo,
la última que abrace tu nombre antes del amanecer,
la última memoria de amor, que permanezca viva dentro de tu corazón.