Sentir Las Letras: Poemas

Noche

Distingo estrellas fugaces
cruzando el cielo sin hablar,
mientras tu perfume en cerrazones
aprende lento a marchitar.

Vivo de recuerdos rotos,
de un anochecer sin final,
de caricias que en mis manos
ya no vuelven a despertar.

Dime, amor... ¿no fue suficiente
todo aquello qué sentí?
Porque solo encuentro estrépitos
de este dolor dentro de mí.

La noche observa en silencio
mi tristeza y mi ansiedad,
como un abismo infinito
que no me deja escapar.

Tu presencia inacabada
se llevó mi plenitud,
y el néctar de aquella boca
apagó toda mi luz.

Si algún día entre la gente
tu figura vuelve a aparecer,
lo primero que sabré
es cuánto te llegué a querer.

En mi lecho de nostalgias
abracé sombras del ayer,
recordando aquellas llamas
que jamás podrán volver.

La oscuridad me persigue,
me respira alrededor,
castigando lentamente
las heridas del amor.

Y aunque intento que tu rostro
se disuelva en el olvido,
tu recuerdo sigue intacto
respirando en mis sentidos.

Nuestro amor se hizo ceniza,
una amarga realidad,
como pétalos marchitos
arrastrados al final.

Te alejaste lentamente,
sin siquiera mirar atrás,
dejando abierta la herida
que no termina jamás.

Y si volviera a encontrarte
solo podría decir:
"Recuerda el fuego del alma
que apagaste al partir"

Dentro mío el vacío
sopla lento su verdad,
repitiendo entre sus sombras:
"Sabes bien... no volverá."

Tu sonrisa permanece
viva en mi memoria cruel,
como un libro destrozado
sin sus páginas de miel.

Busco tus ojos perdidos
en la inmensa oscuridad,
mientras la noche me asfixia
con su fría esclavitud.

Las estrellas solitarias
temblando sobre el azul,
y deseo que las observes
esta noche como yo aún.

Hay una estrella brillante
que entre todas resplandeció,
y en silencio le pedí
que arrancara este dolor.

Ignoró mis plegarias,
no respondió mi clamor,
y la noche abrió sus brazos
devorando mi interior.

Comprendí que ella también
conocía el desamor,
porque cargaba en sus sombras
el mismo frío y dolor.

Entonces dejé mis miedos,
mi tristeza y mi ansiedad,
entregué mi pobre alma
a su eterna oscuridad.

La noche besó mi cuerpo,
apagó mi voluntad,
y entre sombras nos fundimos
como un río con el mar.

Hallé alivio entre tinieblas,
descansé por fin del ayer,
mientras la noche en silencio
me enseñaba a desaparecer.

Y así unidos para siempre,
sin regreso ni razón,
nos volvimos una sombra...
y un suspiro sin voz.



#965 en Fantasía
#168 en Magia
#1341 en Otros

En el texto hay: amor, decepcion y superacion, poemasdeamor

Editado: 05.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.