Suave soplo, brisa errante sobre el mar estremecido,
lleva lejos el susurro de este corazón herido.
Toma el eco de mis labios, de mi voz entristecida,
de las palabras vacías que dejó tu despedida.
Corazón traicionero, ciego por tu mirar,
buscando entre tus ojos lo imposible de encontrar.
Un amor sin alma cierta, sin verdad y sin sentido,
como un sueño que en la sombra lentamente se ha perdido.
El murmullo de los libros que una noche leí contigo,
hoy es llanto entre las páginas donde ya no estás conmigo.
Cada párrafo derrama lo que nunca confesaste,
y cada verso guarda intacto el dolor que me dejaste.
Crudo amor, cuántas veces pregunté si tú creías,
si en mi pecho todavía alguna luz reconocías.
Pero el viento de tu boca, tan ingrata y tan vacía,
solo habló con falsedades disfrazadas de poesía.
Yo sí creía en tus manos, en tu voz y en tu destino,
mientras tú dejabas sombras en mitad de mi camino.
Tiempo cruel, tiempo lejano, tan absurdo y tan incierto,
que convirtió los recuerdos en un jardín desierto.
Fotografías sombrías descansando en un cajón,
como restos oxidados de una vieja ilusión.
Cada noche, en el silencio que acompaña mi desvelo,
hablaré con la tristeza bajo el frío de tu cielo.
Esperando que la luna me devuelva su verdad,
siendo eterna compañera de mi amarga soledad, testigo silencioso de un destino vencido, que igualo a tu amor fingido.