Si está destinado a ser, será

Capítulo 3. Árbol de cenizas

“ Te prometo amarte para toda la vida, no solo con el corazón, porque es tan fugaz que termina apagándose, sino también con toda mi alma, que es infinita y siempre buscará la forma de encontrarte.”

–Rodrigo

Daniela

El árbol de naranjas.

Está tan viejo que sorprende cada vez que sus frutos brotan.

Desde que tengo memoria, venía a robarle naranjas, como si el árbol no estuviera en mi patio.

Aunque sabía que me pertenecía, no era la dueña de sus frutos.

A su lado se encuentra una pequeña casa hecha con pedazos de ladrillos que sobraban en mi hogar, y una figura de la virgen de Guadalupe está en su interior.

La creencia de mamá es tenerla como altar, no sólo para nuestra protección, sino también para el descanso eterno de los dos corazones que fueron esparcidos en ese árbol.

Es hermoso creer en esa fábula del amor, la cual dejó su huella marcada en el tronco del naranjo con una R & B.

—Las cenizas de los dos enamorados —le expliqué a Dafne, quien me acompañaba a prender una veladora. Ambas lo apreciábamos, justo paradas al frente de él. Se sentía la necesidad de conocerlos más a fondo, y al mismo tiempo, la esperanza de un reencuentro te abrazaba—. Bianca y Rodrigo.

Delineé las letras con mi dedo.

—¿Crees que se volverán a ver en esta vida? —preguntó Dafne, acercándose a tocar el tronco.

La historia estaba impregnada en nosotras, Dafne ha sido mi mejor amiga desde el kínder. Mamá amaba contarnos con lujo de detalles la historia de su bisabuela y las tres anhelábamos que todo fuera real.

—Creo que su amor es especial y siempre vivirá.

—Era tu bisabuela, ¿no?.

—No, la bisabuela de mamá —la corregí —. Yo no conozco nada de ella.

Al terminar la frase, no lo creí. Algo en mi dolió y un pinchazo en mi pecho me incomodó. Bianca, la mujer de cabello blanco. Nunca supe de ella a detalle.

Solo sabía de la existencia de su petición: a la hora de su muerte, sus cenizas debían ser esparcidas en el árbol que la vio crecer, el lugar que guarda miles de recuerdos con sus hijos, sus familiares y sus encuentros románticos con su amado Rodrigo.

—Bianca y Rodrigo encontraron su alma gemela y vivieron felices para siempre. Aún hay esperanza de que se te haga el milagro de encontrar el amor —siseó Dafne.

—No creo en los milagros de tal magnitud. Ya vimos que el amor no fue hecho para mí.

—Pero si ellos tuvieron un final feliz, tú también puedes. No te dejes llevar por lo que una bruja dijo.

—Señora del tarot, no le digas bruja —después de reprenderla, me quedé un segundo en silencio, recordando la historia de ellos, así no pensaba más en mi destino—. Aunque ambos fueron esparcidos aquí juntos, siento que su despedida fue dolorosa —un nudo en la garganta me limitó las palabras y un escalofrío recorrió lentamente mi cuerpo—. Su amor pudo no haber sido real ni verdadero. En aquel tiempo, la elección no era un beneficio que se pudiera obtener fácilmente.

—Cierto. Aunque el hecho de que ellos se hayan elegido para la eternidad pesaba más que cualquier amor pasajero.

Asentí, concordando con lo que había dicho. Su amor fue el cúmulo de sus elecciones. Buena o mala, ambos existían juntos aquí. Cuando Bianca murió, Rodrigo sólo permaneció un mes más con vida; todos dijeron que ella lo necesitaba a su lado y que por eso volvió para llevárselo.

—Si aceptas que te amen, puede que las cosas vuelvan a estar bien —comentó Dafne ante el silencio que creamos.

Últimamente todo se quebró, incluso mi esperanza. Cada parte de mi ser se había partido en pequeños pedazos, dispersos a mi alrededor, cayendo uno a uno.

Sin embargo, todo lo que se quiebra y se cae en algún punto debe de encajar en su lugar, aunque falta una pieza que no se recuperará.

—Acepto que me amen, solo que nadie lo hace.

Dafne frunció el ceño y enarcó sus cejas. No me creía nada de lo que puede haber inventado.

—Vamos a que conozcas al mejor amigo de Mau. Se llama Daniel y considero que son el uno para el otro.

—No porque ames a Mau tienes que conseguirle pareja a su mejor amigo.

—Te amo a ti, Daniela. Por eso te tengo que conseguir pareja a ti.

—¿Aparte, Daniel? —juzgué sus ideas locas—. Daniel y Daniela no suena bien.

Daniel y Daniela.

Daniela y Daniel.

Los nombres juntos resonaron en mi como un susurro en mi corazón. Claro, porque es mi nombre. Esa era la familiaridad que sentí.

“Daniel y Daniela” sonaba a la necesidad de estar juntos, ¿por qué?.

—Daniel, es lindo y amable. Es alto y agradable.

Negué con la cabeza. No más escenarios ficticios ante una posibilidad que no existía. La bruja —es decir, la señora del tarot— ya lo había dejado muy claro.

—Tengo que cuidar a la petunia y llevarla al veterinario —puse de excusa a mi mascota. No era necesario conocer a nadie más en estos momentos—. Juro que otro día nos vemos en una cita doble.

—Pinky promise —me advirtió, levantando su dedo meñique.

Mi perdición se había convertido en una promesa que debía cumplir ante este sagrado juramento.

—Pinky promise.

Cerré el juramento. Una nueva promesa más a la lista de preocupaciones en mi mente.

Nota del Destino: Bianca se quedó impregnada en la raíz, y Rodrigo, sin poder separarse de ella, se quedó en la tierra protegiéndola de todo lo que una vez temió, cubriéndola del frío y nutriéndola en su camino.




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