Fue en un jueves cualquiera de abril cuando Benjamin tomó la decisión que le había costado tres semanas de debate interno.
La invitaría a comer.
No era una declaración. No era una cita romántica planeada con pétalos de rosa. Era simplemente que había un restaurante de pollo a la brasa a dos cuadras de la universidad que Arturo llevaba semanas recomendando, y Benjamin pensó — con esa lógica que usa la gente cuando quiere algo pero no se atreve a pedirlo directamente — que quizás Lucia también tenía hambre.
La encontró a la salida del taller de teatro, que ese día había terminado antes de lo normal porque el profesor tuvo que atender una emergencia. Lucia estaba sentada en los escalones del exterior del aula, revisando su celular con el entrecejo fruncido.
Benjamin: —¡Oye!
Lucia: —Hola. ¿Qué pasa?
Benjamin: —¿Ya comiste?
Lucia levantó la vista del celular.
Lucia: —Todavía no. ¿Por qué?
Lucia lo miró un momento — esa fracción de segundo donde una persona evalúa si hay algo detrás de la invitación. Benjamin sostuvo la mirada con toda la calma que pudo, que era más de la que sentía.
Lucia: —¿Solo nosotros dos
Benjamin: —Arturo y Fernando tienen clase todavía.
Lucia: —Está bien. Vamos.
Caminaron las dos cuadras en silencio. No era un silencio incómodo. Era el tipo de silencio que se forma entre personas que ya saben que no necesitan llenar cada segundo con palabras. Benjamin llevaba las manos en los bolsillos. Lucia iba mirando los avisos de las tiendas como si estudiara algo que solo ella veía.
El restaurante era sencillo: mesas de madera, sillas plásticas, un televisor con fútbol en la esquina y el olor a carbón que hacía que el estómago tomara decisiones antes que el cerebro. Se sentaron frente a frente. Benjamin pidió primero. Lucia demoró cinco minutos leyendo el menú aunque había tres opciones.
Benjamin: —¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo sin pensarlo demasiado?
La pregunta la tomó por sorpresa a lucia. O quizás no fue la pregunta sino la forma en que Benjamin la hizo: con genuina curiosidad, sin trampa.
Lucia: —Eso es una pregunta rara para un jueves.
Benjamin: —Los jueves son buenos días para las preguntas raras.
Lucia: —Hace mucho. Ya no me acuerdo bien.
Lucia sonrió. Y pidió el mismo plato que Benjamin, aunque había pasado cinco minutos estudiando otras opciones.
Hablaron durante dos horas. Hablaron de cosas que no habían hablado en el grupo: de sus familias, de lo que pensaban estudiar realmente antes de llegar ahí, de si creían en el destino. Lucia le contó que de niña quería ser veterinaria pero que el primer día de prácticas en un consultorio le dijo a su mamá que eso no era para ella y que nunca volvió. Benjamin le contó que había empezado a escribir un cuento a los doce años y que nunca lo había terminado porque no sabía cómo cerrarlo.
Lucia: —¿Y por qué no terminas el cuento?
Benjamin: —Porque no sé cómo cerrarlo. Todavía no entiendo qué quiere decir.
Lucia: —A veces los mejores cuentos no cierran. Solo se detienen en el momento justo. Y la pregunta es el punto.
Benjamin la miró. Ella sostuvo la mirada sin apartarla, pero sin entregarse tampoco. Esa zona intermedia que Lucia habitaba con tanta facilidad y que a Benjamin le costaba tanto leer.
Pagó él. Ella protestó, él insistió, y terminaron dividiendo la cuenta a medias pero con Benjamin cubriendo los refrescos
Caminaron de regreso a la universidad para recoger sus cosas. El sol ya se estaba poniendo y la ciudad tenía ese color naranja que hace que todo parezca menos urgente.
Benjamin lo notó: ese atardecer en particular tenía algo diferente. Quizás era el ángulo de la luz sobre los edificios, o la forma en que la sombra de Lucia se alargaba sobre la acera mientras caminaban. Benjamín sacó el teléfono sin pensar y anotó un verso en el atardecer. Solo uno. Ella no lo vio; estaba mirando un cartel de una heladería con expresión de quien evalúa posibilidades. Él guardó el teléfono y siguió caminando.
Lucia: —Oye.
Benjamin: —¿Qué?
Ambos llegaron a la Universidad, recogieron sus cosas Benjamín se fue con sus amigos y Lucia haciendo lo mismo se fue a ver rápido a sus amigas quienes la estaban esperando para su ensayo teatral.
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Editado: 02.03.2026