Tenía claro que la promesa que hice con siete años la tendría que cumplir algún día.
Hace un año no pude estar en su fiesta de compromiso porque me fui de Erasmus a Italia. Asi que mi deber como mejor amiga es ayudar a Thais para que su gran día se memorable.
Pensé estar lista para este día.
Un año de preparación tanto mental como para el gran evento.
El gran evento, así lo anote en el calendario de la nevera e incluso en mi agenda.
Hay cosas que el tiempo no borra.
Solo las esconde... hasta que decide devolvértelas de golpe sin cita previa para digerir toda esa "emoción".
Yo aprendí eso el día que lo volví a ver.
Pensé que tanto silencio quería decir una cosa : No conteis conmigo.
Su llegada no fue una entrada dramática. Nadie contuvo el aire en cuanto apareció, no hubo nada. Todo siguió igual : voces dando indicaciones, pasos, gente de un lado a otro como si su llegada no hubiera alterado la estabilidad del lugar.
El gran evento es la boda de Thais, mi mejor amiga desde preescolar. Es irónico que nuestros caminos se crucen en este lugar.
Porque si algo tengo claro, es que las historias bonitas no siempre terminan bien. A veces simplemente se rompen. No dan explicación. Ni hubo un cierre. Sin una última conversación que haga sentido de todo.
Solo se quedan ahí. Silencios de por medio.
—Tamara – la voz de Thais llamando me despertó de mi trance.
—Dime – respondi como pude.
— Los regalos para los invitados no aparecen – había un poco de pánico en su voz – ¿puedes mirar la lista? Sino tendré que llamar a Gonzalo.
Asiento sin mirar a Thais. Mantengo la vista fija en el papel entre mis manos como si fuera lo único importante en este instante. Horarios, nombres, disposición de las mesas. Cosas concretas. Cosas que no cambian de un momento a otro.
Cosas que puedo controlar y no van a desestabilizar mi paz.
—Llegaron ayer en la tarde —digo, repasando cada punto con cuidado—. Estan en la bodega, junto a las cajas de vino. Cada regalo esta ordenado en función de la distribución de mesas.
Organizar es fácil.
Las personas no.
Por eso no levanto la mirada de inmediato. Recordando que él anda cerca.
Porque lo sé, escucho su risa.
Esa incomodidad en el pecho. Ese silencio que no existe, pero que mi cabeza crea como advertencia.
Como si algo dentro de mí dijera: solo espera, no mires y se habrá marchado.
Pero me da igual porque miro y ahí está.
Hugo Santillana.
Al otro lado del salón, está hablando con la madre de Thais mientras ella le muestra las decoraciones. Su postura es la misma de siempre: relajada, despreocupada... como si el pasado no tuviera el peso suficiente para cambiar nada.
Como si nada hubiera pasado en casi 7 años.
Aprieto el bolígrafo entre mis dedos.
Seis años y once meses para ser exactos. Lo primero que siento es que no hay tristeza ni enojo.
Me da miedo porque lo reconocí de inmediato como si todo mi esfuerzo no valiera nada.
Mi subconsciente lo reconoció asi de fácil.
—¿Estás escuchando? – dice Paula, la prima de Thais.
De nuevo me perdí.
—Sí —respondo demasiado rápido— Los vestidos de las damas llegarán después del almuerzo.
Voy a centrarme en esto.
—Calmaos chicas – dijo Thais con calma – todo saldra de maravilla. Mirad lo bonita que esta quedando la recepción.
El concepto mediterráneo y romántico estaba en cada uno de los detalles. Prácticamente el lugar nos salió gratis porque es el cortijo de los yayos de mi amiga.
El resto de la mañana hay movimiento entre los distribuidores que dejan cosas y los invitados que llegan para la cena de ensayo un día antes.
Trato de no coincidir con él. No es una tarea tan difícil solo necesito evitar estar en la misma habitación que él.
Me concentro en cada pequeña tarea...
Para mi suerte Pilar, la madre de Thais, cuando llego el almuerzo nos llamo por turnos ya que todos no cabíamos en la cocina.
Para estar a finales de mayo hacia un pelin de calor.
—¡Pilar! – la voz de Martín se escucha a lo lejos –¡Pilar!
Sus pasos se escuchan mas cerca.
—¡Pilar! – ese tono no me gustó – ¡Tenemos una emergencia!
La palabra emergencia me dio escalofríos. ¿Que se rompió? ¿No entregaron un pedido?
Se escucha
— ¡Calmate, chico! – hablo Pilar – Las niñas están almorzando y lo que sea puede esperar 5 minutos.
Martin tomo asiento.
—Si la niña se entera... – él tomo un sorbo de agua, nos señalo a todos – estamos fritos.
Se me quito el hambre.
—Tío Martin, tranquilo hoy no hay partido del Barça – bromeó Paula.
—Venga, ¿porque el alboroto? – preguntó Pilar.
— Que se confundieron de fecha y Paquita no tiene como entregar los vestidos hoy – él miro a todos lados por si Thais pudiera oirlo – La única solución es irlos a recoger ahora.
— No es tan malo – intervine – Se puede solucionar. Gonzalo puede ir dónde Paquita antes de subir aquí.
— Tamara, cariño, como te digo que Gonzalo subió antes de tiempo.
—¿Porque no vas a recogerlos? – Pilar miro a su esposo.
— No he parado de mover los muebles del salon al cuartillo...
Deje de escuchar cuando senti hormigueo en las mejillas.
— Una de nosotras puede ir al centro y la otra supervisar los detalles de la cena. – propuso Paula.
—Perfecto.
— Ves las niñas lo solucionaron de maravilla.
Paula y yo tuvimos una mini reunión de emergencia para distribuir tareas. Gestionar crisis habia dicho ella.
Thais y su prometido se marcharon al spa asi que no sabían nada de nada.
Las últimas tareas de mi lista estaban casi listas, quedaban vestido y catering. Vi llegar la camioneta del catering desde el patio.
No debi ir dentro ¿porque me pasan estas cosas? Si lo hubiera pensado dos segundos mas hubiese llamado a Paula para decirle que se encargue del catering. Irme y no verlo.
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Editado: 16.05.2026