6
Los nervios quieren ser los protagonistas de esta conversación.
—¿Y Madrid? —pregunto antes de pensar demasiado.
Cometí un error, lo noto enseguida porque Hugo se queda quieto.
—¿Qué pasa con Madrid? –pregunta.
—Nada... —desvío la mirada.
Mi madre en su día me enseñó una publicación de Facebook de la madre de Hugo.
—Solo preguntaba.–respondí rápido.
Mentira. No sentía curiosidad ya que siempre supe dónde estuvo él.
Madrid fue el inicio de todo y quizás el final aunque no sé.
—Tamara. – de nuevo ese tono.
Hugo pronuncia mi nombre lo cuál se siente suave y peligroso.
—No hace falta —lo corto tratando de ser amable.
Porque si él empieza a explicar cosas...Si lo hace realmente no tengo idea qué voy a sentir.
Quiero respuesta al mismo tiempo no. Luego recuerdo que llevo años sobreviviendo sin sus respuestas.
No sé qué haría si por fin las tuviera delante. Tampoco imagine que ese día llegaría en la víspera de la boda de Thais.
—Tamy, cariño.
La voz de mi madre rompe el momento.
Gracias.
Me giro demasiado rápido, ella esta a unos metros de nosotros.
—¿Sí? – no dejaré que mamá se preocupe así que sonrió.
—Tu padre quiere una foto antes de sentarnos a cenar. – su tono es cariñoso y agita su mano a modo de saludo.
Hugo imita su gesto.
Aquí esta mi salida justo en el momento perfecto.
—Ya voy.
Mi madre sonríe sin notar nada raro, solo tal vez fingiendo que no lo nota.
Antes de marcharme, vuelvo a mirar a Hugo por un instante. El suficiente para encontrarme con su mirada y de nuevo regresa esa sensación.
Como si hubiera algo atrapado entre nosotros que lleva demasiado tiempo esperando salir.
No deseo abrir esa caja, no todavía.
Una última sonrisa educada y distante. Me marchó aún asi siento su mirada siguiendome.
Poco después la cena empezó. Muchas personas hablando al mismo tiempo deberían ser suficientes para distraerme. Al principio funcionó porque habían cotilleos y terminé perdiendo el interés.
Estoy sentada entre Paula y mi madre, queriendo seguir la conversación sobre la música y centros de mesa mientras mi atención se desvía sola hacia la otra punta de la mesa.
Hugo está ahí frente a Enric y Thais. Ellos están escuchando algo que Martin cuenta entre risas.
Y entonces ocurre Hugo se ríe de verdad con esa chispa tan propia de él.
De nuevo me molesta que todavía pueda reconocerla entre tantas voces.
—¡Chiquilla! Te vas a quedar bizca si sigues mirando tanto rato—susurra Paula.
Casi pego un brinco del susto y por suerte el tenedor no se cayó.
—No estoy mirando. – quería convencerme.
—Claro. – había un pelin de ironía.
Le doy una patada suave por debajo de la mesa esperando que mi madre no lo haya notado.
Paula contiene una risa.
—Solo digo.... Digo que la tensión entre vosotros podría alimentar medio pueblo.
—Paula...
No necesito un recordatorio de ello.
—¿Qué? –dijo – Te diría que todos lo notan.
Eso hace que el corazón me dé un pequeño vuelco porque pensé que lo estaba gestionando de las mil maravillas. Al parecer no lo es.
—Nadie nota nada. – bebí un poco de vino.
—¿Estas segura? –ella arqueo su ceja.
— Si – respondo de inmediato – Incluso he sido amable.
—Entiendo que ustedes ya sabes... –hizo una pausa – tienen que hablar pero...
Genial.
—Paula, no pienso echar a perder este fin de semana – hable con calma.
—Tamy —dice, mirándome directamente—. Enric prácticamente dejó de respirar cuando os vio juntos esta tarde y Thais tuvo que calmarlo porque pensó que ibais a hablar sobre vosotros.
—Fuimos juntos y nadie salió herido – es la verdad –tampoco hay un nosotros.
Genial. Maravilloso. Mis amigos pensaron que haria algo inmaduro.... Solo quiero desaparecer.
—No hay nada que ver. Seré amable, lo prometo.
Paula arquea una ceja, otra vez.
—Entonces convéncete primero tú y disfruta de la velada que estas muy tensa.
Ahí termina la conversación porque no sé qué responder a eso.
Porque quizás el verdadero problema es que en algún momento Hugo y yo tendremos que hablar.
POV Hugo
Mi regreso a Málaga podrían hacerlo día de fiesta en el calendario.
No era así como imaginaba esto. De hecho, en estos años no lo imagine nunca.
Pensé que si volvía a verla... sería diferente un poco más fácil y normal. A otros les hubiera funcionado pero en nuestra situación no lo es.
Nada lo es.
En el otro extremo de la mesa la veo alegre como hace palmas y Paula bailando flamenco. Noto que esa actitud es solo conmigo y bien merecido lo tengo.
—Está rara — se me escapa , mirando mi copa.
Enric alza una ceja porque sabe de quién hablo.
—¿Rara? – él mira en su dirección – ¿Por bailar sevillanas? ¿O contigo ?
—Sí, conmigo —respondo—. Pensé que... no sé. Que sería más amable.
Que Tamara sea amable es pedir mucho por mi parte.
Él suelta una risa corta como si hubiera leido la mente.
—De la nada se dejaron de hablar siete años, Hugo. ¿Qué esperabas?.
Aprieto la mandíbula. Enric tiene razón.
—No fue así. – respondo.
—Ya. Porque conosco tu versión y también vi a Tamara cuando os marchasteis.
Aquello me dejo en silencio. Se lo mal que Tamara lo paso por mi culpa. Aún me siento mal por ello.
Enric me mira de lado.
—¿Le vas a contar la verdad de ese verano?
No respondo. Porque sé cuál es la respuesta. Quiero hacerlo pero quizás ella ya pasó página.
—No ahora pero lo haré pronto.
—Hugo... – empezó Enric – Tío, cuándo acabe la boda os vais a hablar.
No aquí. No cuando ni siquiera sé si tengo derecho.
—Toma una decisión porque vas a quedarte sin tiempo —murmura.
—¿Por qué? –siento que me perdí de algo.
— En cuatro días se marcha.
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Editado: 13.07.2026