Sin contrato, con amor, P.D el Ceo

1

El lugar está sumido en silencio, cada personal del laboratorio atento a su deber: a excepción de ella.

Margaret hojea unos documentos confidenciales, pero a los que tiene acceso debido a su prometido.

Lo había conocido un año y medio atrás, en una cafetería famosa de la capital. Su plan no era involucrarse con alguien del país, aunque le gusta la cultura china: razón por la que aprendió el idioma y estudió su carrera allí, pero cuando lo vió, cayó perdidamente.

Eso no le da derecho a hurgar información delicada, pero lo hace por una buena causa: ayudar a su mejor amiga Constance.

Constance también había elegido China como su segundo hogar, aunque por una situación diferente: ascendencia paterna. Sí, en sus venas recorre la sangre latina, como la asiática y no cualquiera. La sangre de una de las familias más importantes del país, el linaje de una dinastía.

A Constance no le gusta presumirlo, por lo que Margaret no está al tanto.

Y ella, como buena amiga, le está buscando un buen padre para su hijo.

Exacto, buen padre, no esposo.

El progenitor de Constance quiere obligarla a contraer matrimonio, ella, como buena latina quiere elegir. Elegir no casarse. Sabe que debe darle descendencia a su apellido, por ser hija única, pero eso no la limita a casarse. Estamos en la era moderna.

Además, Constance se considera latina, no china.

—¡Lo tengo! —brinca Margaret, con los ojos abiertos y una sonrisa expectante—. Si Constance se embaraza, su padre no puede obligarla a casarse. Y sí Constance tiene un niño, tendrá la descendencia asegurada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.