Sin contrato, con amor, P.D el Ceo

2

Constance se mira al espejo, suspirando. Esta noche conocerá al hombre que su padre ha elegido para ella.

No quiere casarse, pero es su deber: si no tiene un hijo, ¿qué pasará con la empresa familiar? caería en las manos de su tío, un completo hijo de puta.

Aunque ella quisiera administrar el negocio, no puede. Y no por ser mujer, sino por no poseer inteligencia para los negocios. Su papá intentó persuadir de estudiar algo relacionado a negocios: pero su vocación fue la medicina.

El celular, en la mesita de noche, timbra. Cabizbaja, camina hacia él.

—Aló —contesta.

—Te tengo una noticia genial —habla Margaret—. Hay un donante fabuloso. En su familia solo ha habido descendientes varones. Es chino completamente, por lo que te saldría el propio chinito. No hay enfermedades de ningún tipo, además está buenísimo, parece protagonista de cdrama.

—Te dije que esa idea es algo loca. Sería madre soltera, ¿no dañaría eso la reputación de mi familia?

Margaret, en la oficina, blanquea los ojos.

—Tú solo necesitas un hijo, no un marido. Te vas del país, lo crías afuera y luego que regrese y ocupe su lugar como heredero. ¿No suena genial?

Constance se lo piensa.

—Hagamos algo, conoce a tu prometido, si está lindo, te casas, sino, me haces caso.

—Dale, está bien —Constance cuelga y se dirige a la salida.

Afuera, un auto de lujo se detiene. Un hombre alto, delgado y guapo, se baja, con un porte elegante.

La empleada le da la bienvenida, con la cabeza gacha.

Fang Xiang no mira a los lados, se dirige al comedor; pero algo pasa. Una empleada choca con él, la bandeja termina en el piso, y parte de las bebidas en el pecho de Xiang. Este cierra los ojos, el entrecejo fruncido y la mandíbula apretada.

—Inu.til —dice lentamente.

La chica se disculpa una y otra vez, inclinando su cuerpo hacia adelante.

—¿Tu disculpa limpiará por arte de magia mi ropa? —sisea en una pregunta.

La empleada trata de contener el llanto, no resiste y huye.

Xiang se quita la chaqueta y se la arroja a la mujer que le abrió la puerta.

—Tienes cinco minutos para solucionarlo —habla, ahora desabotonando la camisa blanca.

Constance, desde arriba de las escaleras observa la escena.

—Es guapo, mucho, pero un coñoesumadre —murmura.

Da media vuelta y se devuelve a la habitación. Se cambia el vestido elegante por un jean y una camisa, blanca, de manga corta, los tacones por unas botas. Agarra su celular y se dirige al garaje. Una empleada la intercepta.

—Señorita Xu, la cena…

—Diles a todos que hubo una emergencia que requiere mi presencia —dice tranquila.

Ser doctora general la ayuda a salirse de muchas situaciones indeseadas.

La puerta del garaje se abre. Ella se sube a la motocicleta de alto cilindraje, se coloca el casco morado. Antes mira a su espalda.

—Lo siento padre, pero no puedo ser infeliz.

Constance hace rugir el motor y parte.




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