Sin contrato, con amor, P.D el Ceo

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Al día siguiente, a Constance le toca lidiar con su padre. Este le envió un mensaje por Wechat: tenemos que hablar.

Esa noche se quedó en casa de su amiga, ahora se encuentra en la clínica.

Aunque es hija única y mimada, eso no le quita el miedo.

Entre tantas familias, él escogió a Fang Xiang: segundo hijo de una familia de su mismo estatus.

Constance pasa los dedos entre el cabello de la parte delantera de su cabeza, despeinándose. La cabellera castaña le cae a la altura del ombligo, algunas hebras tapan su rostro. Físicamente no se parece a una chica asiática. Los ojos fox azules, labios carnosos y con el arco de cupido marcado, el rostro ovalado y no redondo, las cejas arqueadas.

Se dirige hacia el ascensor, con el uniforme aún puesto. El carnet lo ha guardado en el bolsillo del pantalón blanco.

Las puertas se abren, un hombre alto pasa a su lado. Ella no le presta atención y sube, las puertas cerrándose dejan ver como él la observa. Constance no se percata de ello.

De regreso a casa, baja del auto deportivo y él chofer ocupa el asiento del piloto para guardarlo.

Recorre el primer piso, en dirección a la oficina de su progenitor. Toca la puerta, se oye un:

—Adelante.




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