El evento que se efectúa, trata sobre donaciones a una fundación de niños sin hogar.
Los meseros pasean por el salón del hotel, con bandejas de copas. A un lado, dos mesas cubiertas por aperitivos. Hay grupos de empresarios conversando, otros de amigas riendo y algunas con parejas de ancianos que cuentan las hazañas de sus hijos.
Constance y sus dos nuevas amigas cuchichean sentadas en unos sofás.
Mei le nombra a algunas personas, explicando su poder. Constance oye atenta.
Li, por su parte, toca continuamente la pantalla.
—Chicas —dice Li, colocando la mirada en ellas—. Voy al baño —se pone en pie.
—Yo también.
—Las acompaño —habla Constance. Mei frunce el ceño—. En los dramas cortos, cuando la protagonista se queda sola pasan cosas. No digo que yo sea la protagonista, pero cara latina: nadie sabe quién es mi padre —sus amigas se echan a reír—. Solo digo.
—Debemos respetar a los mayores y a las personas que son superiores a nosotros —emite Li—. Pero solo son dramas, en la vida real ese tipo de violencia puede llevarlos a la cárcel.
—Entiendo.
—¿Cuánto tiempo llevas viviendo en Pekín? —pregunta Wei, las tres caminan en vertical.
—Un año —responde Constance—. Pero solía venir en las vacaciones a Chengdu, a aprender de la cultura con mis abuelos.
—Oh, ¿y en qué país vivías? —cuestiona Li—. Yo he estado aquí toda mi vida, mi mamá incluso renunció a su nacionalidad para quedarse aquí. Apenas y me enseñó español porque se lo supliqué cuando tenía doce años.
—Estaba residenciada en Estados Unidos —contesta—. En mi caso, mamá no quería venir, por eso me crié afuera. Enamorarse de papá no estaba en sus planes, se le ha hecho difícil y nunca aprendió mandarín.
Sus amigas se sorprenden y ella les cuenta la historia de amor de su progenitor.
Su papá solo fue a EE.UU a hacer una maestría y allí conoció a su madre.
Usando el idioma inglés se comunicaron, pero usando sus respectivos lenguajes se enamoraron.
Papá, tarareando las canciones.
Mamá con su comida y baile.
Cuando se dieron cuenta, ya no había amistad sino algo más, algo más profundo e irreal.
Seis meses les bastó para saber que eran el uno al otro. Se casaron y desde entonces su padre era quién los visitaba frecuentemente, mientras en Pekín laboraba en la empresa familiar (la importancia de su familia se le guarda).
—Wow, media vida en una relación a distancia —pronuncia Li, maravillada.
Constance asiente.
—Por eso no creo enamorarme, difícilmente encontraría algo como eso.
Ellas asiente.
Wei se retoca la piel con polvo compacto.
—Yo tampoco, pero mi padre quiere comprometerme. Tendré que casarme.
—Uy, no.
Constance guarda silencio.