Sin contrato, con amor, P.D el Ceo

8

Desde que la prueba dio positivo, ahora Margaret está más atenta. Le entrega revistas, le envía artículos, le recomienda dietas, todo relacionado a embarazos y bebés.

Ahora estarán en un restaurante.

—Come, come, debes comer el doble para que crezca bien.

—Amiga, por Dios, apenas tengo dos meses.

—Pero ya se te nota la pancita. Me temo que podría ser muy pequeño, porque las barrigas pequeñas son las que alojan a los bebés más grandes —Margaret le sigue pasando comida a su plato.

Constance suspira.

La única emocionada de ese embarazo es Margaret, sus padres no están de acuerdo, y no quiso contarle a Mei ni a Lin. Los abuelos paternos ni siquiera están al tanto. La barriga no se nota tanto, pero pronto deberá regresar a New Haven.

Recuerda que no le ha contado a su amiga.

Le explica.

—La próxima semana vuelo a EE.UU.

—¿Qué..? —Margaret se ahoga con un trozo de carne. Tose, ella le pasa el vaso de agua. Ya callada, cuestiona—. Viajar en las primeras semanas puede ser perjudicial para el bebé. No vayas.

Constance frunce el entrecejo.

—Tú fuiste quién armó este plan —señala—. Además, mi salud y la del bebé es perfecta. Solo nauseas.

Margaret la mira seria.

—No puedes viajar sola, podrías sentirte mal. Yo voy contigo.

—Amiga, no voy a regresar —le dice lentamente.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Papá no está de acuerdo con que sea madre soltera —cuenta—. Mis abuelos ni se pueden enterar. Literalmente me arruiné un futuro en China, de no ser por mamá, creo que me desheredan.

Margaret se coloca pálida, sin decir nada se pone en pie y se marcha.

Constance no entiende nada.




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