Más tarde, Constance sale de la habitación. Tras haber echado un vistazo antes, se dirige ahora a la oficina de Fang Xiang.
Como buen adicto al trabajo, está detrás del escritorio, su atención en la laptop. Al notarla, le dirige una mala mirada.
—No creas que por llevar a mi hijo en tu vientre le seré infiel a Margaret —expecta.
—Guacatela —dice en español—. No quiero nada contigo —confiesa—. Vengo a ponerte al tanto de la situación —Constance, con su pijama de embarazada, se sienta en una de las sillas. Él la ignora—. Constance es mi nombre en español, pero mi padre me llama Yuè Suyin.
La mirada de Xiang vuela hacia ella.
—¿Yuè Suyin? —pregunta sorprendido.
Ella asiente.
—Sí, hija de Yuè boqin.
—No.
—Sí.
—No —Xiang se recuesta en la silla—. Margaret me dijo que eres mitad latina y tu padre chino es importante, pero no tanto.
—Ah, es que ella tampoco sabe quién es mi papá —confiesa. Nadie lo sabe, porque se presenta solo como Constance o Suyin—. Ahora mismo debe estar buscándome porque no saben nada de mí. Mi mamá es latina, como ya debes saber por Margaret, y son muy dramáticas.
Xiang resopla.
—Esto fue idea de Margaret.
—Ahora te quieres salir del paquete.
—No español.
—Que ahora quieres echarle la culpa a ella, cuando se nota que estabas de acuerdo.
—Yo necesito un hijo —dice— y ella no puede darmelo. Esto fue su idea.
—¿Y el compromiso qué hiciste con mi padre?
Xiang se lleva una mano al rostro, pasando la palma por este.
—Mis padres no están de acuerdo con mi compromiso, ellos arreglaron eso con el señor Yuè —cuenta—. Fui, pero la idea era hacerte disgustar y que tú no estuvieras de acuerdo.
—De hecho, lo lograste —confiesa ella—. Te vi cuando llegaste y por tu comportamiento me fui.
Xiang sonríe irónico.
—No creas que soy así.
—¿No? Margaret dice que eres cruel.
—Solo cuando me hacen enojar, no voy por la vida tratando a todos así. Al retirarme de tu casa me disculpé con las dos empleadas.
—Oh.
Xiang agarra el teléfono del escritorio y se lo da a Constance.
—Avisale a tu madre que estás bien, mañana te conseguiré uno nuevo.
Ella lo observa.
—O sea, ¿qué seguiré secuestrada?
—No estás secuestrada.
—Lo estoy. De no ser porque sé que Margaret tiene sueño profundo, no estaría aquí, luego me asfixia con la almohada o me envenena. Yo qué sé, algo que vió en un drama corto.
Xiang suspira.
—Pasa mucho tiempo en Douyin(Tiktok), lo sé.
Xiang la mira.
—¿Qué quieres hacer con el bebé?
—Para ser sincera, solo por las náuseas sé que estoy embarazada, pero no siento que se mueva ni nada. No tengo ningún instinto de madre. Te puedo entregar el bebé, con una condición.
—¿Cuál?
—No quiero estar aquí —confiesa—. Déjame ir, les diré a mis padres que se lo entregaré a su padre.
—¿Les dirás qué soy yo?
—No, con Margaret tendrás que fingir que es de ella —Xiang la observa, se pone de pie—. ¿Aceptas?
—Sí. Vamos.
Constance lo sigue a la salida, en las escaleras él se quita la chaqueta y la cubre. Le dice algo a uno de los hombres de seguridad y luego la acompaña al auto. Sentados en la parte trasera, esperan a otro chofer, llamado Wang, que tras subir la maleta al coche arranca.