Xiang tiene propiedades de las que Margaret desconoce, como el penthouse al que ha llevado a Constance.
—Aquí vivirás los próximos meses, nada te faltará. Puedes ir a ver a tus padres, salidas, pero en compañía de una persona que te cuidará.
Él se marcha y al día siguiente su desayuno es arruinado por los gritos de una somnolienta Margaret.
—¡Inutiles! —llega corriendo al comedor—. Amor, Constance se ha escapado.
Xiang, relajado, lleva el cubierto a su boca. Mastica.
—Amor, nuestro hijo…
—La he llevado a otro lugar —cuenta tranquilo.
—¿Qué? ¿Cómo?
—No quiero que perturbe nuestra paz —dice Xiang—. Vivirá allí hasta dar a luz, luego la liberaremos.
—¿Dónde? Tengo que estar pendiente de que coma, su salud. Cuidar al bebé.
—No la visitaremos, estará recluida y recluida. No te preocupes.
Visitaremos. Recluida. Por supuesto que él la visitaría continuamente, es la única hija del mayor Yuè.
Casarse con ella es lo mejor, es la madre de su hijo y una alianza entre Yuè y Fang vendría bien.