Sin contrato, con amor, P.D el Ceo

13

Como si ella fuera su luz blanca y Margaret la protagonista que su enamorado hace a un lado, así transcurrirán los meses.

Xiang se levantará antes, para desayunar con Constance. Irá almorzar a su casa, con la excusa de que tiene mejor chef, y por las noches igual. Su oficina secundaria ahora estará en el Penthouse, de la misma forma que su habitación. Ha llenado el armario de ropa, los cajones del lavamanos con sus productos, y en la entrada dos zapatillas de estar en casa descansarán. Una femenina, una masculina.

Lo que empezó por un interés, por su nombre y el bebé. Se ha convertido en amor.

Las charlas con ella son naturales, su risa es hermosa, su mirada lo llena de esperanza. Y es amable, a diferencia de Margaret que maltrata a los empleados. Él ha fingido no verlo… tal vez eso fue lo que ha ido apagando ese amor.

Constance, aunque se ha aferrado a no sentir, ha sentido. Él es atento, la cuida, y en una ocasión sus manos se tocaron y hubo cosquilleo.

«Es el prometido de quien alguna vez fue tu amiga, basta» pensó y piensa cada vez que tiene alguna emoción por él.

Tal vez se debe a la niña que esperan, los conecta.

El celular de Xiang timbra, lo ignora, pero la persona insiste.

Constance le advierte con la mirada.

Xiang contesta.

—Tengo mucho trabajo —unos segundos—. En una hora sale mi vuelo… no… debo colgar —y lo hace.

Constance traga saliva.

—No sabía qué viajarías.

—No lo haré.

—¿No?

—No.

No hay más palabras.

Terminan de almorzar y ella huye, nerviosa, a su habitación. Sabe que si no viajará, se quedará allí.

Mentiría al decir que salió de la habitación obligada a cenar, esos momentos con él se sienten bien.

—La comida estará lista en cinco minutos —dice la chef.

—Gracias —Constance se sienta en el sofá.

Piensa en lo que está sintiendo por Xiang y si aquella noche no hubiese huido, no habría vivido esto.

Los primeros meses visitaba a su padre, a Mei y a Lin. Luego mintió con que regresaba a EE.UU. Como había renunciado a la clínica, había perdido contacto con sus colegas.

Una vida totalmente diferente.

Y luego venía lo peor, dar a luz, entregar el niño a Margaret y perder dos partes.

El bebé del que se había encariñado y Xiang, a quien también le había agarrado cariño.




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