A la mañana siguiente, Margaret espera que Xiang se marche al trabajo. Luego, haciendo uso de su título “prometida de Fang Xiang”, logra entrar al edificio.
La puerta le es abierta por la empleada, que no la conoce.
—¿Puedo ayudarla en algo?
Margaret la hace a un lado con un manotazo, su chofer, cabizbajo, la sigue.
—¿Dónde está Constance? —pregunta mirando a los lados.
—La señorita descansa, ¿usted quién es?
—Soy tu señora —responde Margaret—. Futura señora Fang —Margaret usa un vestido celeste, joyas de jade imperial, una cartera de la última colección. Su rostro está pincelado por maquillaje douyin—. LLevame con ella.
La empleada asiente y la dirige a la habitación, se marcha con una inclinación. A solas, le envía un mensaje a su jefe.
En la habitación, Constance se sorprende al ver a Margaret.
—Amigaaaa.
—Hola.
—¿Cómo estás? ¿Cómo está mi bebé?
—Estoy bien.
—No pareces feliz de verme.
—Normal, las hormonas. Nunca estoy feliz.
—Ah, entiendo —Margarte se sienta a un lado de la cama—. Yo sí estoy feliz, me alegré mucho cuando me enteré que era niña. Espero que se parezca a nosotras, así se notará que soy su mamá.
«Loca».
Constance no dice nada.
—¿Sabes? Vine porque Xiang ha estado raro, ¿no será qué quieres robarmelo? No creo, ¿verdad? Tú no eres así.
—No me interesa Fang Xiang —su garganta arde—. Cuando dé a luz no volveré a verlos a ninguno de los tres.
Margaret sonríe, feliz. El chofer se acerca con un frasquito. Se lo entrega a su jefa.
—Te traje algo, esto te ayudará a adelantar el parto.
—¿Una pastilla abortiva?
—¡No! ¿Cómo crees qué le haría daño a mi bebé? Solo es para apresurarnos. Anda, toma.
—No.
—Constance, tomala. Que no se te olvide la posición en la que estás.
—Este bebé es de ustedes, pero no afectaré mi cuerpo. Algún día me casaré y tendré mi propio bebé.
—Esto no te traerá problema, es medicina china. Si no la tomás, Xu te obligará —le hace señas al chofer, este está dispuesto a agarrarla.-
—Está bien —la toma—. Vayamos de una vez al hospital.
Margaret asiente.
—Vístete, te estamos afuera.
Minutos después, los tres salen del apartamento. En el ascensor, Margaret comienza a sentirse mal, el chofer la sujeta del brazo.
—Son las contracciones —dice Margaret, tranquila.
Constance grita, el dolor va desde la parte baja del vientre a la alta.
—No.aguanto.
—Sí aguantas, sí aguantas.
—¡Ay! Nooo —se contorsiona por el dolor, sujetando la parte baja.
Las puertas se abren, un hombre está afuera.