Sin contrato, con amor, P.D el Ceo

20

Constance abre los ojos, parpadea y mira a los pies de la cama.

El señor Yuè la observa. A su lado, su madre le agarra la mano.

—¿Cómo te sientes? —pregunta en inglés.

Constance asiente.

—¿Por qué no me dijiste qué estabas embarazada de Fang Xiang? —pregunta su papá.

—Yo tampoco lo sabía —confiesa y les cuenta todo—. No me quedaré con el bebé.

—¿Cómo qué no? —increspa su madre—. Es tu hija y de Fang Xiang, si Margaret quiere un hijo que adopte.

—Hice un trato con Xiang.

—No lo permito —espeta su padre—. Mi sangre no crecerá sin mi apellido. Es mi nieto —se marcha, sacando el teléfono del bolsillo de la chaqueta.

—Mamá.

—Estuvimos de acuerdo con que te fueras a Estados Unidos, pero el bebé crecería contigo y lo iríamos a visitar frecuentemente. China no es un país para una madre soltera.




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