Obtener algo no es difícil para Margaret, jamás.
Con el cabello de Maggie en las manos, traza su nuevo plan.
—Haz la prueba de ADN, si es positiva, cambia el resultado por negativo —le ordena al chofer.
La bebé es dada de alta y su familia materna la lleva a casa. Constance, por su parte, no deja de pensar en Xiang.
Este, en el penthouse, se bebe otra copa de whiskey.
Margaret lo visita, para darle las nuevas nuevas, manipuladas, por supuesto.
—Vete.
—No quiero, no quiero —hace puchero—. Vine a entregarte esto —coloca el papel sobre el escritorio—. No me acercaré más a Maggie.
Xiang la mira confundido y agarra la hoja.
—¿Qué?
—No es tuya —dice Margaret, lastimera—. Antes de la inseminación, estuvo con alguien más. Ya estaba embarazada.
—Ella me lo habría dicho.
—Ella no sabe que la niña no es tuya —Margaret se le acerca—. Lo intentaremos de nuevo, con una chica que elijamos.
Xiang la empuja, ella no se queja.
—Sé que tal vez ella te gustaba, pero no puedes criar a una bebé que no es tuya.
—Sí puedo.
Margaret abre los ojos, de par en par.
—¿Qué dices?
—Ella no lo sabe, me dejará criarla. Sí —se pone de pie—. Nosotros terminamos, te daré una villa y una compensación. Aléjate de nosotros.
—¿Crees qué querrá casarse contigo por la bebé? Ella no es así, además, cuando se entere que no es tuya —Margaret ríe.
Xiang la agarra del cuello, ejerciendo presión con ambas manos.
—Si le dices, olvídate de tener siquiera un yuan —Margaret le golpea el brazo—. Y si ella me rechaza, destruiré a toda tu familia en Latinoamérica —deja caer las manos y sus ojos se cierran—. Y si nunca está conmigo, te mataré —la suelta, empujándola.
Margaret cae al piso y él se marcha.