Sin miedo a volar

Ascendiendo

Nos encontramos esa noche en el restaurante y me sorprendió el esfuerzo que hizo para no entrar en discusiones tal vez realmente estaba desesperado por librarse de la comisión que se le había designado.

Seguimos reuniéndonos la siguiente semana y parecía que detrás de toda su estupidez había un ingeniero que sabía hacer su trabajo, me enseñó su técnica para minimizar el riesgo de errores y la coordinación de los equipos de trabajo, el caso es que aunque ya comenzaba a llevarme bien con una de mis compañeras de cuarto, la otra, que era una hermosa mujer de unos 30 años y hábil en su trabajo, me trataba con cierta arrogancia y no podía disimular su disgusto cada vez que me veía hablando con Emilio.

— Encontraste la forma de ascender — me dijo ella una noche cuando regresaba del restaurante.

— No sé de que hablas — intenté evitar una discusión.

— Sabes de qué hablo, eres bonita y te aprovechas de eso para seducir al jefe — molestó.

— Tu también eres bonita — le dije — lo seducirías si él no estuviera ocupado conmigo?

— Yo no me gano así las cosas — defendió.

— Pues yo tampoco — dije con firmeza y me metí al baño.

Me sentí estresada en ese momento.

* Quisiera renunciar — envié un texto a Óscar.

* Resiste — respondió con una carita feliz y un brazo musculoso.

Él día siguiente fue algo tenso, durante y después del trabajo, cuando regresamos al hotel uno de los ingenieros me hizo algunas insinuaciones no solo verbales al dar a entender que una mujer como yo solo podía estar ahí porque era lesbiana o quería estar rodeada de hombres sino que intentó tocarme el trasero en el ascensor, lo pateé en los testiculos y cuando se abrió la puerta del ascensor salí rápidamente.

— Que pasó Juliette? — preguntó Emilio, quien hablaba por teléfono en el pasillo. Le conté enfadada lo que había pasado y me fuí a la habitación. Escuché que discutió con el hombre pero ya no quise salir y no pude evitar llorar de coraje. 

Por la noche no quería bajar al restaurante pero aún faltaba una semana de capacitación.

— No te rindas — me dijo Ali, la ruda ingeniera — pero no bajes la guardia porque éste ambiente es pesado para todos, solo esfuérzate por hacer bien tu trabajo.

Así lo hice y desde entonces se convirtió en una de mis mejores amigas.

Esa noche Emilio me dijo que no volverían a molestarme, el ojo hinchado del ingeniero y la disculpa que me ofreció me dio una señal de lo que había pasado.

Y para mi sorpresa, durante la cena llegó Óscar, me emocionó verlo y lo abracé. Aunque aún no sabíamos lo que pasaría entre nosotros dos, no pudimos evitar darnos un pequeño beso. 

Emilio también estaba sorprendido. — Supongo que no viniste a verme a mí — le dijo— que lindos — usó ese tan especial tono sarcástico que el tenía — mi cuñado y el ingeniero Armento deben estar orgullosos.

— Te contaré un secreto si no les dices nada por favor.

— Vale la pena tu secreto? — preguntó y le conté que Eva, la guapa ingeniera estaba interesada en él.

— Eso ya lo sospechaba — dijo y pareció sentirse satisfecho así que cuando se marchó prometió no decir nada. 

Óscar y yo dimos un pequeño paseo en un parque cercano al hotel, hablamos y la verdad es que cada vez me sentía cómoda con él, obviamente sabía que no era un santo pero se esforzaba por ser lindo conmigo y parecía sincero. Él había reservado una habitación en el hotel así que cuando regresamos acepté su invitación a pasar.

Le conté lo que sucedido un poco antes y también por primera vez estaba conforme con la reacción de Emilio. 

Tal vez estuvimos demasiado cerca esa noche, es diferente cuando un idiota intenta tocarte a la fuerza a un hombre que te seduce para disfrutar del placer mutuo.

Sus besos y sus caricias estremecieron mi cuerpo, pero fue un poco más que eso, me estaba enamorando de él.

Por la mañana fui a mi habitación a cambiarme, por primera vez Eva me sonrío y se disculpó por haberme molestado. Resulta que pasó aquella noche con Emilio y él le dijo quien era yo realmente y por qué estaba ahí.

— Las cosas no siempre son lo que parecen — le dije al darme cuenta que ahora intentaba adularme — creo que tú y Emilio serían buena pareja después de todo — lo dije por el peculiar carácter cínico que tenían en común.

Bajamos a desayunar antes de irnos a trabajar, Óscar también debía viajar a otro lugar por trabajo así que tuvimos que apresurarnos pero antes de irse me pidió que le mostrara al ingeniero que había intentado tocarme. Lo señalé y caminó a donde él estaba para darle un puñetazo en el otro ojo al hombre, Emilio soltó una carcajada al ver aquello.

No podía creer lo que hizo pero la verdad si sentí cierta satisfacción.

Cuando nos despedimos nos dimos un enorme abrazo, no quería soltarlo porque sabía que pasaría algún tiempo para volver a vernos pero finalmente dijimos adiós.

 

 

 

 

 

 

 

 




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