Sin miedo a volar

Visitas inesperadas

De regreso al departamento Óscar estuvo muy serio y nos pusimos a ver una película con una mezcla de acción y comedia para intentar distraernos un poco.

Nos quedamos dormidos abrazados en el sofá, dormir entre sus brazos fue reconfortante. Por la mañana, mientras preparábamos algo de almorzar, sonó mi móvil.

— Juli, estoy afuera, el portero no me deja pasar. — dijo mi madre cuya visita era inesperada.

— Es mi madre, está abajo! — le dije a Óscar en voz baja antes de responder al teléfono porque teníamos planes de ir a algún lado juntos.

— Pues déjala pasar! — soltó una pequeña carcajada al ver que dudé en responderle.

Llamé al portero y en menos de un minuto mi madre había cambiado nuestros planes pero aún así estaba contenta de que fuera a visitarme. No le sorprendió que Óscar estubiera conmigo y de hecho se alegró cuando le contamos que éramos novios.

— Discúlpenme por no avisar, pero fue una desición repentina. Eida y yo quedamos de vernos pero es mucho tiempo de camino para cualquiera de las dos así que acordamos encontrarnos aquí. — Habían hecho una buena elección al encontrarse a mitad de trayecto, es solo que me hubiera gustado saberlo antes.

— Con Eida mamá? Para qué? — Cuestioné porque aquello me parecía sospechoso pero fingió no haberme escuchado.

Avisé al portero que llegaría alguien más. Terminamos de preparar el almuerzo y al sentarnos a la mesa sonó el timbre, así que abrí la puerta y ahí estaba, la distinguida señora Eida Olsen en un vestido casual y zapatos deportivos. ''Pero que rayos está pasando?'' pensé. 

Almorzamos todos juntos y fue imposible no percatarme de las supuestamente discretas miradas y sonrisas entre mi madre y Eida.

— Me van a decir que éstá pasando? — pregunté.

— Es que por fin mi deseo se hizo realidad — dijo Eida con una sonrisa, entonces comprendí lo que pasaba y miré sorprendida a mi madre.

— No entiendo — dijo Óscar — Cual era su deseo?

— Hemos decidido iniciar una relación — soltó mi progenitora con mucha satisfacción.

Yo di un ligero manotazo a mi frente y apreté los labios intentando procesar aquella noticia.

— No les parece que es algo repentino? — pregunté porque prácticamente acababan de conocerse y nosotros habíamos tardado casi un año para hacernos novios.

— A nuestra edad ya no podemos perder tiempo cariño — dijo mi madre y Eida no quitaba la sonrisa de su rostro.

— Ya le dijiste a Liam? — pregunté.

— Tú ya le dijiste que sales con Óscar? — refutó con otra pregunta.

— No! — respondí.

— Entonces recibirá doble sorpresa. — Bromeó y yo me preocupé solo de imaginarlo.

Óscar y yo nos levantamos para recoger los trastes sucios y las dejamos solas para que hablaran.

—Estás molesta? — me preguntó.

— No sé como describir lo que siento en este momento — hice un pequeño puchero y él  se acercó a mi para rodear mi cintura con sus brazo — es que yo sabía las intenciones de Eida pero nunca pensé que mi madre le correspondiera.

— No es tan malo Juli, despues de todo lo que quieren es pasar un tiempo juntas igual que nosotros, podemos ir a pasear un rato y ellas que se queden aquí, ya en la noche podemos salir a cenar todos juntos. — sugirió ya qué él pensaba irse hasta el otro día muy temprano.

Solté un pequeño suspiro no y me quedó más remedio que aceptar su desición y esperar que mi madre no estuviera emprendiendo el camino hacia su cuarto divorcio, aunque a decir verdad se veían muy contentas, como si se hubieran liberado de una pesada carga.

Óscar y yo fuimos a un área de boliche en un centro comercial, recorrimos algunas tiendas y fuimos al malecón de un río a ver el paisaje y comer algunas golosinas.

— Por qué no le pides a Eida que te deje trabajar con ella? — sugirió — despues de todo ya son casi familia, así podríamos estar en el mismo lugar cuando yo trabaje con mi padre.

— No solo te vería más a ti sino también a tu padre y Emilio y eso sería incómodo, además conociendo a mi madre es muy posible que la familia feliz no dure mucho.

— Tienes razón — me dijo — era solo una idea — puso un pequeño beso sobre mi cabeza.

— Un poco más adelante veremos que hacer, seamos pacientes — pedí — de todas formas estemos cerca o lejos yo te amo — sonreí y puse un pequeño beso en sus labios.

Me miró de una forma tierna y se levantó, extendió ligeramente su mano para ayudarme a que también me levantara y caminó hacia donde estaba estacionado el auto. Abrió la puerta del copiloto y me ayudó a subir, cerró la puerta y subió por el otro lado.

Encendió el auto y el aire acondicionado porque se sentía un poco de calor.

— Ya quieres irte a casa? — pregunté.

— No, es solo que quiero más que un pequeño beso — sonrió y se acercó a mí invitándome con su cuerpo a hacer lo mismo, puso suaves besos en mi boca que poco a poco se hicieron más intensos. Nos pasamos al asiento trasero y cedimos ante el cálido placer, por suerte el auto tenía un polarizado bastante oscuro.

Cuando regresamos a casa mi madre y Eida estaban en la sala platicando pero noté que algo les preocupaba.

— Hablé con el presidente de la junta directiva y creo que ya resolvimos lo de la alcoholera pero tu padre está muy enfadado Óscar. — Nos dijo cuando nos sentamos.

— Mierda — dijo él — y que fue lo que resolvieron hacer?

 

 

 

 

 

 




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