Sin miedo a volar

Lo frágil que es la vida

Cuando me interrogaron dije que él tenía una personalidad algo conflictiva pero que no tenía idea de quien pudo haberle hecho tal cosa. 
Me preguntaron donde había estado yo y si habíamos tenido alguna discusión. Me apegué a la verdad lo mejor que pude y por fin cesaron de preguntar. 
Llegó mi madre y se sentó junto a mi. Nos avisaron cuando Emilio ingresó a quirófano, tardaron varias horas hasta que por fin nos dieron noticias sobre él, al parecer todo había salido bien, lo tendrían en observación varias horas y después lo pasarían a una habitación. 
Esperamos toda la noche, hasta que dijeron que podía pasar a verlo. Mi madre no quiso entrar así que subí yo sola. 
Era una habitación compartida y su cama era la del fondo. Aún estaba dormido, su rostro estaba un poco hinchado y con moretones. Me senté junto a la cama e intenté hacer a un lado todos los juicios que había hecho contra él en mi mente. Seguramente con lo que estaba viviendo pagaba mucho de los errores que había cometido.
Recordé lo frágil que es la vida y que muchos de nuestros problemas se vuelven insignificantes cuando te debates entre la vida y la muerte. Aquel hombre orgulloso e irreverente que yo conocía, el mismo que dijo que realmente nunca me quitaría algo que yo amara estaba ahí indefenso despues de haber sufrido una tortura que él mismo había propiciado.
Cuando Diana y su madre llegaron bajé para que ellas pudieran quedarse con él. Nos dieron las gracias y mi madre y yo nos fuimos a mi departamento pero prometimos regresar más tarde.
Comimos y me quedé dormida, al parecer tuve una pesadilla porque me desperté agitada con una sensación de vacío en el pecho. 
Hicimos un rol para que no se quedara solo, despues 3 día por fin despertó, Diana estaba con él y cuando llamó para avisarnos, su madre se puso muy contenta. Había ido a descansar un rato a mi departamento y la desperté para darle la noticia. 
— Creí que lo iba a perder — me dijo — no podría soportarlo.
— Supongo que ese es el peor miedo de una madre — le dije y mi madre la llevó a verlo.
Los siguientes dias me quedé a trabajar hasta tarde, en realidad estaba evitando ir al hospital porque sería incómodo para los dos pero cuando Diana tuvo que regresar a Canadá, me pidió que le ayudara a su mamá a cuidarlo sobre todo por las noches, así que no pude negarme. 
Cuando llegué a la habitación, Emilio estaba dormido, supuse que lo estaría toda la noche, así que comencé a leer un libro electrónico, era interesante pero el sueño me estaba venciendo así que acerqué la silla a la cama para apoyar un poco mi cabeza sobre la barandilla.
Entonces sentí que jalaron suavemente un mechón de mi cabello y desperté de golpe.  
— Tú eres mi prometida? — preguntó e intentó sonreir.
— Me temo que sí — respondí. 
— Pensé que ya no vendrías después de lo que hice.
— Le prometí a Diana que le ayudaría a tu madre.
— Hubiera preferido que no me vieras así — iba a decir algo más pero llegó una enfermera para cambiarle la solución y aplicarle medicamento.
Cuando la enfermera se fue me pidió que le acomodara la almohada. Dijo que había dormido mucho durante el día así que no tenía sueño, yo no sabía de que hablar con él así que me ofrecí a leerle un poco y él aceptó.
— Mierda, me duele mucho — dijo despues de un rato e intentó moverse.
— Quieres que le hable a la enfermera? — pregunté.
— No — comenzó a relajar su cuerpo — estaré bien, lo que quiero es saber la verdad Juli, Óscar le pagó a esos hombres para que me golpearan?

 

 




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