Hassan mantuvo el brazo extendido unos segundos más. Monica dudó, pero recorrer los largos pasillos de la Cúpula, casi en penumbra, en tacones y con el cuerpo magullado, le pareció un esfuerzo innecesario. Así que, finalmente, se apoyó en él y lo siguió en silencio hasta su despacho.
Al entrar, reparó en que Karim los esperaba, estoico como siempre, junto a una de las bibliotecas.
—Tome asiento, por favor —comentó el Rey.
La cantante miró a su alrededor. Algo en el ambiente le indicaba que esa no era una visita de cortesía.
—Si es por las fotografías yo misma puedo desmentirlas.
Hassan tomó asiento frente a ella y la observó con atención mientras ella le relataba al detalle su estrategia.
—Una rueda de prensa —continuó Mónica— con los medios más afines y las preguntas filtradas… Nada que no se pueda solucionar. Cualquiera con dos ojos en la cara, podría ver que no hay nada entre nosotros.
—Pero podría haberlo — comentó el consejero con una sonrisa fría.
Monica levantó inmediatamente la vista hacia Karim, sorprendida y con la mandíbula desencajada, lo que provocó una leve sonrisa en el Rey.
—No asustes a nuestra invitada. Lo que Karim quiere decir es que cualquier cosa es posible en Al-Zahara —se inclinó un poco hacia adelante—. Aunque, imagino que es Aitor lo que más le preocupa en este momento.
La cantante se humedeció los labios y se acomodó el vestido, intentando que la falda no le subiese por encima de la rodilla.
—Lo que me preocupa es que se le obligue a hacer algo que no quiere.
—¿Insinúa que su hijo no quiere a Leila?
—No lo sé, pero lo que sí sé es que no quiere casarse. Y su hija tampoco.
—Pero sus actos tienen consecuencias—agregó con severidad— Si hubiera enseñado a su hijo a respetar a las mujeres, seguramente no estarían aquí.
Monica resopló al comprobar que la conversación no avanzaba.
—Solo ha sido un flirteo de verano. Están en edad de eso, aunque tus prejuicios te impidan aceptarlo.
—No espero que una mujer como usted entienda nuestras normas… pero al menos respételas —contestó Hassan con la voz más grave de lo normal—. Le guste o no, la ceremonia se celebrará en dos días.
La cantante lo fulminó con la mirada, pero no dijo nada más. Simplemente tragó saliva y se levantó lentamente de la silla. Se dirigió hacia la salida, pero antes de marcharse se apoyó apenas unos segundos en la puerta. De repente, se giró hacia el Rey.
—Dime qué quieres a cambio de mi hijo y te lo daré —dijo con una seguridad impostada.
Hassan se puso en pie con cautela y dio varios pasos hacia ella.
—Mire a su alrededor, mujer. Lo tengo todo. Todo lo que una persona pueda desear.
Monica respiró profundo y se llevó un dedo al lagrimal, evitando que una lágrima le resbalara por la mejilla.
Karim miró al Rey y éste asintió con la cabeza.
—Todo no —comentó el consejero desde la distancia—. Si me permite, su Majestad, hay algo que no tiene y que le sería de gran ayuda, dadas las circunstancias.
—Karim tiene razón —continuó el Rey—. Hay algo que no tengo y que me sería útil.
—¿Y qué sería? —preguntó ella con interés.
Hassan volvió a su asiento y le hizo un gesto para que se sentara.
—Una Reina —comentó con naturalidad.
Monica se quedó en silencio un momento, intentando entender a lo que se refería el Rey.
—Parece que se haya quedado muda, algo poco común en usted.
—Es que no creo que pueda encontrar a una mujer adecuada para ti. Para esto… —su voz sonaba tan desanimada como su semblante.
El consejero se acercó hacia ellos y depositó una carpeta roja sobre el escritorio. El Rey la abrió y tomó el documento entre las manos. Dudó unos segundos, pero finalmente se lo mostró a Monica. Ésta se inclinó y tomó los papeles con cautela.
—¿Qué es eso? —preguntó al leer el título—Acuerdo matrimonial.
—Usted acaba de decir que haría cualquier cosa. Pues bien. Sólo hay una cosa que podría interesarme de usted y es todo lo que representa.
Tras unos segundos de silencio, Mónica dejó caer los documentos sobre el escritorio como si quemaran. Parpadeó una vez y finalmente levantó la vista hacia Hassan.
—¿Esto es una broma?
Ninguno respondió. Karim permanecía inmóvil junto a la biblioteca.
La sonrisa desapareció lentamente del rostro de la cantante.
—Lo dices en serio.
Volvió a mirar el encabezado del documento.
Acuerdo matrimonial. Aquello no podía ser verdad. Soltó una risa breve, incrédula, y negó con la cabeza.
—No me lo puedo creer. ¿Me habéis traído aquí para esto?
—Le hemos presentado una alternativa —respondió Karim.
—¿Una alternativa? —repitió ella, volviéndose hacia él—. Me ofrecéis un matrimonio como si estuvierais negociando la compra de una vaca
Los hombres permanecieron en silencio y Monica no pudo evitar soltar una carcajada.
—Increíble. Os drogáis —murmuró pasándose la mano por el cabello.
—Modere su tono —advirtió Hassan.
—¿Mi tono? —lo señaló con incredulidad—. Me acabas de ofrecer un acuerdo matrimonial para resolver tus problemas políticos y te preocupa mi tono.
Los ojos oscuros del Rey no se apartaron de ella.
—Le preocupa su hijo. A mí me preocupa mi país.
Mónica apretó la mandíbula.
—Tengo una vida en España, una gira pendiente… contratos firmados.
—Lo sé.
—Entonces, no sé que te hace pensar que voy a aceptar algo así.
El Rey apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—Que está dispuesta a hacer cualquier cosa por Aitor.
Mónica guardó silencio. Solo un instante, pero fue suficiente para que Karim y Hassan percibieran su vulnerabilidad.
—Es un chantaje —comentó Mónica bajando la vista hacia el documento. Volvió a leer las primeras líneas.
—Le estoy ofreciendo una solución —dijo Hassan sin apartar la mirada—. Su hijo se va y usted se queda.
Mónica abrió la boca para responder, pero no llegó a hablar. La puerta del despacho se abrió con un golpe seco.
Un guardia entró sin ceremonia, con el gesto tenso y un documento en la mano. Karim tomó el sobre y lo abrió con celeridad.
—Majestad —su voz era contenida, urgente—. Me temo que ya es un hecho.
El Rey no se movió.
—¿Qué ocurre?
—Majestad. El Consejo ha visto las fotografías y da por hecho que habrá un anuncio oficial.
Mónica frunció el ceño, mirando de uno a otro.
—¿De qué estás hablando?
Karim no la miró a ella. Solo al Rey. Hassan cerró la carpeta lentamente.
—Nuestro compromiso ha salido del ámbito privado —dijo él, sin elevar la voz—. Alguien lo ha filtrado.
Mónica se levantó, instintivamente.
—¿Nuestro compromiso? Está claro que no voy a aceptar ese disparate, ni siquiera por mi hijo.
El Rey dejó el papel sobre la mesa y entrelazó las manos, pensativo. Después la miró con desconcierto.
—Entonces me temo que acaba de subestimar la magnitud del problema.
Mónica apretó la mandíbula con rabia —No puedes obligarme.
—Espero no tener que hacerlo.
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Editado: 22.06.2026