Sin Perdón

Capítulo 43 Lo que queda

Mónica escuchó la puerta antes de verla abrirse.
Se giró desde el tocador y se quedó inmóvil al ver a Óscar en el umbral con esa expresión suya de quien ha tomado una decisión y no piensa dar marcha atrás.
—¿Cómo has entrado? —susurró.
—Eso no importa.
—Importa mucho. —Se levantó de golpe y fue hacia la puerta para cerrarla—. Hassan puede aparecer en cualquier momento. ¿En qué estás pensando?
—En ti.
—Pues no lo hagas. —Le señaló la puerta con un gesto inequívoco—. Vete.
Óscar no se movió.
—Necesito que me escuches.
—Te escuché suficiente en la sala de té.
—Mónica.
—No. —Su voz bajó todavía más, haciéndose más tensa y urgente—. Escúchame tú a mí. Hassan sabe lo del beso.
Óscar se quedó quieto.
—¿Cómo?
—Alguien nos vio.
Él procesó eso durante un segundo. Después dio un paso hacia ella.
—Entonces estás en peligro.
—El peligro eres tú ahora mismo en esta habitación. —Le puso una mano en el pecho para detenerlo—. Si te encuentra aquí las consecuencias serán reales, Óscar. No estamos en Barcelona.
—Sé perfectamente dónde estamos.
—Entonces actúa como si lo supieras.
Óscar la miró durante un momento. Después tomó su mano, la que tenía apoyada en su pecho, y la sostuvo.
—No me arrepiento del beso —dijo—. Me arrepiento de no haberlo dado antes. De haber esperado tanto. De haber dejado que las cosas se enfriaran cuando podría haberlas salvado.
Mónica retiró la mano despacio.
—Vete a la mierda, nene —dijo en voz baja.
—Mónica…
—Te fuiste tú, porque tu vida a mi lado era un infierno. —Su voz no subió pero algo en ella se endureció—. No me reescribas la historia ahora que te conviene.
Óscar la miraba sin decir nada.
—Soy una mujer casada —continuó Mónica—. En un país donde eso tiene consecuencias que ninguno de los dos puede permitirse ignorar. Y tú te has colado en mi habitación para decirme que te arrepientes.
—Sí.
—Pues ya está dicho. —Se acercó a la puerta y la abrió—. Ahora vete.
Óscar no se movió de inmediato.
—Entonces, dime que no sientes nada.
Mónica sostuvo su mirada.
—Lo que siento no cambia lo que es. —Hizo una pausa—. Vete, Óscar. Por favor.
Él salió.
Mónica cerró la puerta y apoyó la espalda contra la madera. Cerró los ojos y durante unos segundos no hizo nada.
Cinco años. Cinco años desde que había terminado aquel matrimonio y, sin embargo, bastaba una conversación con Óscar para que regresaran recuerdos que creía perfectamente enterrados.
No era amor o eso quería pensar. Era historia, rabia, costumbre, todo lo que no habían sabido decirse cuando todavía estaban juntos.
Abrió los ojos y entonces recordó a Hassan. La cena, su mano sujetándole la muñeca, la cercanía, los celos que ninguno de los dos había querido nombrar. Y después, aquella tarde junto a la alberca, diciéndole que necesitaba un aliado.
Aquello era lo que más la desconcertaba. No que Óscar hubiera aparecido. Ni siquiera que todavía pudiera afectarla, sino que, mientras hablaba con él, una parte de su cabeza había estado pensando en otro hombre.
Y eso era algo que no estaba preparada para admitir.




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