Sin tu amor

Capítulo 2.

El día que clasifique como el mejor de mi vida resulto siendo el peor, me enteré que tenía una rara enfermedad con un nombre que no podía ni siquiera pronunciar y tenía que vivir con eso hasta que pudiera curarme o hasta que muriera, cualquiera de ambas.


Lo peor de la enfermedad no eran los síntomas, los dolores o incluso los medicamentos, era que ya no podía seguir haciendo lo que amaba, el futuro tan prometedor de Noah Thompson solo quedaría en mi imaginación y ya no iría a una buena universidad o saldría del pueblo, muy probablemente me quedaría trabajando en construcción de casas o sería un estupido agente de la policía.


No quería matarme la cabeza pensando en mi futuro ya que no sabía ni siquiera si tendría uno, tenía una probabilidad de vida del 60% y el otro 40 podía morir, haciendo lo que amo o sentado en el sofá viendo alguna serie, si iba a morir de todas maneras prefería hacerlo en una cancha de fútbol.

 

Los días se hicieron más largos y aburridos, seguía en el hospital y me hacían análisis todos los días, mi madre dejo de ir a trabajar para quedarse conmigo y mi padre venía cuando podía, empezó a trabajar doble turno para poder pagar los gastos del hospital ya que no los cubría el seguro. Hoy por fin después de varios días en el hospital iba a poder salir, iría a casa y volvería a la escuela, ese era el trato que había hecho con mi madre.
 

La escuela no iba a ser lo mismo, llegaban cartas de "mejórate pronto" y flores todos los días al hospital, todos esperaban mi pronta recuperación para que pudiera volver a la cancha y ganara el tan esperado partido, no querían hacerlo sin mi o eso decía en las notas que escribían para mi. Mis amigos Luke y Clay me visitaron varias veces y trajeron con sigo las buenas nuevas de la escuela, chistes tontos que me sacaban una sonrisa y mucha comida chatarra que solo ellos podían comer, mi comida ahora tenía que ser muy saludable, sin grasa y muy dietética.
 

Además de que la escuela no iba a ser lo mismo por los muchos comentarios de lastima hacia mi, el hecho de no poder volver a jugar me iba a comer vivo, la cabeza me daba vueltas y sentía mucha ira y ganas de llorar cuando recordaba que no podía volver a la cancha, si corría de más me podía dar un infarto, si me golpeaban de una manera brusca como le era en el fútbol me podía dar un infarto o incluso si me daba una maldita ducha con agua fría me podía dar un infarto. Quería arrancarme el maldito corazón y regañarlo para que sirviera, así como hacía mi padre conmigo cuando yo no quería rendir en el estudio.
 

-¿Todas sus cosas están listas?- le dijo mi padre a mi madre que estaba ayudándome a levantar de la cama.

 

-Si Richard, todo está listo, vámonos- me senté en la silla de ruedas para que me empujaran hasta la salida del hospital, yo quería correr hasta ella pero "solo me haría daño".

 

Subimos al auto y nos fuimos por fin del lugar que olía a alcohol y a cloro, yo sentía el olor aún impregnado en mi ropa pero poco a poco se iba quitando mediante el viento de la carretera me daba directo en el rostro. El día estaba gris, después del campeonato el cielo siempre estaba gris, los días soleados se habían terminado, metafórica y realmente.

 

Cuando llegamos a casa mis padres no dijeron ni una sola palabra, se sentaron en el comedor a mirarme mientras yo comía por fin algo bueno, un pastel de moras y un vaso de leche.

Estaba cansado de sus miradas silenciosas.

 

-Quieren o que- hable con tono retador, mi mamá me dedico una sonrisa burlona mientras mi padre me retiro la mirada.
 

-No cariño, come tranquilo.
 

-Mamá no puedo comer tranquilo mientras me miran con lastima, estoy cansado de eso, bastante tengo con mi castigo mental- Se me quito el apetito cuando ya me faltaba un solo bocado para terminar.

 

-Si cariño, lo siento- Sonrío melancólica -Es solo que, nada, lo lamento mucho.
 

-¿que lamentas? Mirarme con lastima o que tenga miocar lo que sea.
 

-Miocardiopatía Hipertrófica- Esta vez habló mi papá.
 

-Eso mismo.
 

-Lamentó que tengas que pasar por todo esto hijo, no sabes cuánto lo lamento- De nuevo las lágrimas de mi madre estaban presentes y como siempre eso hacía que mi dolor en el pecho aumentara, a nadie le gusta ver a su madre llorar.
 

-Madre no es tu culpa, no es culpa de nadie.

 

-Lo se, por eso me duele más, porque no tengo a quien echarle la culpa- Apreté su mano.

 

-Voy a subir a mi habitación, ¿de acuerdo?
 

-Te ayudo- Contesto papá.

 

-No, yo puedo solo.

 

Camine hasta las escaleras, me sentía lo suficientemente capaz de subir unas malditas escaleras, puse un pie en el primer escalón y me apoye en la pared para subir el siguiente, pasar acostado varios días hace que tu cuerpo pierda defensas y fuerza, necesitaba volver al campo, mi cuerpo lo pedía a gritos.

 

Abrí la puerta de mi habitación y no pude evitar sentirme mal al ver las medallas y trofeos que había ganado, los tantos cuadros y fotografías de mi y el equipo, cerré los ojos con dolor y me lancé a la cama.

 

Al día siguiente ya estaba preparado para volver a la escuela, ya había pasado mucho tiempo lejos y no quería perder más clases, sabía que no iba a ser fácil y yo esperaba que las personas no me lo hicieran más difícil.
 

Baje y desayuné junto a mis dos padres a los cuales jamás vi juntos a la hora de desayunar.

 

-¿No trabajaste hoy?- le pregunté a mi padre metiendo a mi boca una cucharada de granola con leche.

 

-Trabajo en la tarde, ¿te molesta si te llevo hoy a la escuela?- Respondió sin mirarme, mi padre siempre fue un hombre serio pero ahora era como si le costara solo poner sus ojos en los míos, como si yo fuera una figura de cristal que se fuera a quebrar con su mirada.
 




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