Érase una vez una pareja de jóvenes enamorados.
Se la pasaban bien cada vez que salían juntos. Cada mañana no faltaba un mensaje de buenos días y, cada semana, encontraban alguna excusa para verse. Hablaban durante horas, se hacían reír y, por un tiempo, parecía que nada podía salir mal.
Todo era feliz para aquellos enamorados.
Al menos, eso es lo que diría cualquiera que los hubiera visto desde afuera.
Hasta que llego un mensaje que terminó por desatar una tragedia y destruir toda la magia que los había unido.
Pero esa historia se las platicaré después.
Antes de eso tengo que explicar algo, yo ya había tenido mi propio cuento de hadas. Y, para cuando este nuevo individuo tuvo la audacia de aparecer, yo todavía estaba intentando descubrir cómo sobrevivir al doloroso final que se siente al ser traicionado por la persona que más llegaste a amar. No intento justificar mis acciones, sé que lo que hice no tiene perdón, si tan solo hubieras llegado unos cuantos meses después, te aseguro que la historia hubiera sido muy diferente. Todavía se sienten las cenizas de ese fuego, pero sé que solo soy fui un portador más de esa llama que algún día llegará a encender el pebetero del amor del que muchas veces me contaste.
Tengo que admitir que siempre he tenido una mirada desafiante. No todo el mundo está dispuesto a soportar que los vean fijamente, no lo hago con la intención de intimidar solo lo hago porque siento que los ojos son la única cosa que no me mentiría, creo que por eso dicen que son las ventanas del alma, más yo siento que son la cosa más traicionera que se encuentra en nuestra cara, cada sonrisa genuina, cada momento de tristeza y cada mentira –en especial esa última– son delatadas por nuestros ojos. Cuando te vi, simplemente no pude comprender porque esos ojos de venado no querían huir de mí, y cada que dejaba de prestar atención sentía esa mirada retadora que muchas personas llegaron a ver en mí, ahora tengo que ser yo la persona que tiene que huir para sentirse a salvo.
Unos meses antes de los sucesos que se desencadenarían por la llegada de aquel extraño mensaje. Este par de enamorados empezaron a hacer uso de una de las formas más crueles para resolver sus problemas normalizar las discusiones.
Cada día en el mundo de estos dos terminaba en guerra. Todas las mañanas empezaban con un saludo cordial con sabor a resolución, pero apenas se confrontaban las miradas y la guerra continuaba.
La única forma de detener a estos guerreros era si uno de los dos admitía su derrota y se dejaba pisotear por el vencedor.
Un día de esos los amantes decidieron entablar un parlamento, la fecha y lugar estaban pactados, cada uno estaba listo para explicar sus razones, desgraciadamente uno de los dos no contaba con las negociaciones que se habían establecido por debajo del agua.
Te presentaste ante mí de la manera más gentil que he conocido, juro que si hubiera querido te pude haber hecho pedazos y asegurarme de que no fueras un problema, aun así, con ese sentimiento encima te permití continuar.
Al decir que esa “cosa” fue como un juego quería referirme a que empezó de a poco, yo todavía sentía el control de la situación, pero si juegas con fuego te puedes quemar y yo nunca tome las medidas correspondientes para que tu pasión no creciera de una manera inimaginable. Tu amor quemaba, pero por alguna extraña razón yo estaba de acuerdo con ello, después de todo, me hacía sentir un calor que no sentía desde hace buen tiempo.
Sabes que es grato poder conversar con alguien cuando no necesariamente todo tiene que terminar en una disputa entre quien tiene la razón. Cada pequeña salida era un goce, cada punto de vista y cada aportación a la idea principal, juro que nadie había podido refutar mi opinión sobre lo buena que es la pizza con piña, aun así, puedo tomar como una victoria el hacer que se atreviera a probarla por primera vez.
Una de mis más grandes aficiones siempre ha sido la fotografía. Tener la capacidad de plasmar en una sola imagen lo que mil palabras no pueden —sé muy bien que, si puede ser posible, pero por favor entiendan mi afición por una vez— es un sentimiento hermoso. Yo creo firmemente que si puedes hacer llorar a una persona con una simple imagen es poder dar más mérito a una persona que escribe una historia triste. Cada que el cielo me da de esos colores que me hacen sentir que la vida tiene sentido, es cuando necesito sacar mi teléfono, cámara o lo que sea que tenga a la mano para capturar el momento. Ese momento es sagrado para mí, y justo cuando quiero mostrar el resultado a alguien con la esperanza de que compartan el mismo gusto, lo único que hacen es decepcionarme.
Justo vi tu mirada perdida en las nubes, y en ese momento me di cuenta de que tú tampoco disfrutas del presente. Lo mínimo que podía hacer era traerte de regreso, solo tuve que sujetar tu rostro, obligar a tus ojos a verme y cuando vi que esos ojos volvían a tener vida, solo solté un respiro y continuamos con nuestro podcast del día.
Una vista rápida al buzón de su amante y la verdad fue develada, un tercero en discordia en un acuerdo de dos y un lo siento por parte del responsable.
La guerra estaba a nada de terminar, las municiones estaban siendo preparadas, la justa iba a comenzar y solo uno podía triunfar.
El argumento más débil fue por parte del acusado, al mencionar que el demandante había hecho lo mismo meses atrás. Él antes fiscal se convirtió en abogado al defenderse bajo la excusa de decir que fue durante el lapso acordado para aclarar sus desconformes.
La herida estaba hecha, nadie pensaba buscar la paz, esta sería la última vez que cruzarían miradas, a partir de ese día se sembró la pregunta de si todo habría sido diferente si se hubieran hablado las cosas de buena manera.