Sobre el amor

Capítulo 1 — La vista de un idiota enamorado

Quisiera contar una historia. Esto es solo un caso de los muchos que he conocido. Yo ya no la veo como una historia triste; tampoco quiero afirmar que los sucesos que lleguen a ocurrir terminarán de una manera satisfactoria. Todo comienza cuando ves unos ojos, esos ojos llenos de ambición que, de alguna manera, logran carcomer tu curiosidad y retumbar tu ser. No conoces al responsable de tu sentir, pero todos sabemos que eso lo hace aún peor. Sorprendentemente, la sangre sigue circulando y renovando cada nueva emoción cada vez que pasa por el corazón.

Los nahuas y aztecas concebían al corazón, o yólotl, como la base de operaciones donde el pensamiento, la memoria, la voluntad y las emociones se unían con cada uno de los latidos que se producían dentro del mismo. Si la meta era equilibrar las emociones y fortalecer al corazón, pues créeme que yo estoy dispuesto a renunciar a mi estabilidad con la única finalidad de que ambos seamos un solo corazón, armonioso y cercano a lo que ellos consideraban como divino. Dime que eres especial, dime que no eres solo una novedad, esos pensamientos invadían mi mente cada que te tenía cerca. La duda se alimentaba poco a poco hasta alcanzar un nivel destructivo. Tienes suerte de que me he negado a admitir que me tienes dentro de un Zugzwang que solo va a terminar cuando me presente apropiadamente ante ti.

Qué hipocresía ¿no? Ocultar algo que sabemos que nosotros queremos que salga a la luz, siempre y cuando el autor del crimen llamado amor no se entere de que la víctima está haciendo públicos los hechos que lleven a juicio la reciente relación que ha brotado desde ese chispazo inicial.

Pasaron un día o dos, y nosotros nos hemos hecho más íntimos, al menos ya tuve el valor de presentarme adecuadamente. Ahora, cada pensamiento que tengo sobre ti ya puede llevar una dedicatoria, nombre y apellidos incluidos. Cada conversación que tenemos me hace pensar que los hilos del destino nos han presentado; tanta casualidad hace parecer a este suceso como algo irreal, algo preparado para estar juntos en lo mortal y en lo divino.

Pasan dos semanas desde nuestro primer encuentro, yo solo me preocupo más por tu bienestar. Te conozco bien y sé que tú sabes aprovechar cada uno de mis deslices para volverme a atar y pedir recompensa por este rehén que, por su propia voluntad, se deja atrapar. ¿Por qué lo haces? ¿No sería más fácil decirme lo que opinas? ¿Acaso te resulta satisfactorio tenerme ilusionado? ¿Es normal que te esfuerces tanto en dejarme enganchado por cada una de tus acciones? Esto ya no es sano. Los cuentos de hadas no alargan tanto la historia para que los amantes terminen juntos, pero debemos admitir que es una contradicción el hecho de que tú ames esos relatos, pero a la vez, no quieras dejar de alimentarte de este drama y finalizar la historia con algo real “Nosotros”. Solo los humanos seríamos tan despiadados para renunciar a nuestro sueño con el único fin de tener más entretenimiento. Mientras sigo con esos pensamientos que dispersan mi atención y me provocan malestar, noto que tú me estás preguntando sobre lo que me acabas de contar. Me miras fijamente con esos ojos llenos de vida que me traen plenamente a la realidad de este momento y solo mencionas que debería dejar de buscarle formas a las nubes.

~Qué confuso es esto ¿no? Mientras unos obtienen la gratificación instantánea que nos provee el amor, otros como yo seguíamos llenos de dudas mortales ante nuestras relaciones. No me malinterpreten, actualmente amo ver que los demás concreten esa meta divina con otro ser que vela por el bienestar de ellos. Juro que antes les tendría envidia. ¿Cómo es que ellos lo lograron? ¿Por qué solo ellos? ¿Qué propósito tiene lo que yo estoy haciendo, en primer lugar? ¿Tendrá algún final este juego del cual nunca me explicaste las reglas? Ese bombardeo de ideas ocurrió cada día desde que la conocí. Aun después de todo lo ocurrido, me sigue pasando. Quisiera ya llegar a esa parte, pero es más sano para mi ir de poco a poco. Solo quiero decirte que ya aprendí bien esa lección. Al menos dejaste el camino listo para la siguiente persona.

Me he hecho a la idea de que mi próxima historia de amor se tardara un poco más en llegar. Tampoco digo que sería una desgracia volverse a enamorar; siempre he considerado que mi forma de amar es un ciclón al que debo entrar para “enfrentarme a mis demonios, para que no te hagan daño”. Todos deberían enfrentarse a lo malo para que solo resalte lo bueno, ¿no crees?Pero el hecho de que no todos compartan esa misma ideología me hace alejarme más del deseo de un amor en los años venideros. Después de todo, ¿es más fácil concentrar las ideas en un diario cuando no estoy absorto en alguien? Y más aún cuando tengo ese filtro al que he nombrado “Vista del enamorado”. Las imágenes que se perciben bajo esa gama de colores bonitos y eventos perfectos no me permitirían hacer quejas de la misma manera en la que lo estoy haciendo al recordar a aquel extraño individuo, del que prefiero guardar su nombre para esos momentos donde no puedo conciliar el sueño.~

Esta historia continúa con un salto de dos meses o algo así. ¿Se necesita más tiempo para conocer a tu alma gemela? Las charlas que teníamos hacían que hiciera mi mejor esfuerzo para evitar que llegasen al final y, de ser el caso de no lograr mi cometido, lo único que me quedaba era ver a mi alrededor y, haciendo uso de mi poca sabiduría sobre su ser, intentar llamar su atención con alguna pregunta incoherente o simplemente algo que diera gracia. Lo más importante era tener esas dos estrellas por ojos apuntando hacia lo que decía. ¿Qué necesidad tiene la gente de esperar que las cosas terminen? La escuela, la jornada laboral, las deudas, la crisis que ocurre cada diez años o, hasta en casos más extremos, la vida misma.

¿Qué necesidad tiene la gente de que una relación termine solo para llamar la atención de alguno de esos recién enamorados y engancharlo en una nueva historia? El final de una relación no debería estar escrito. Todos esperamos a que un factor externo sea el detonante del rompimiento de ese vínculo; eso hace que los involucrados en este crimen romántico no lleven ninguna culpa de la culminación de este. ¿Por qué digo esto que parece no ir a ningún lado? Primero que nada, porque acabo de ver una publicación en mi teléfono que indicaba que dos amigos míos habían cortado hace un rato. Y, como segundo punto, no lo sé. Creo que mi atención se volvió a dispersar y mi secuestrador sigue tomando fotos de ese cielo que está a punto de oscurecerse. ¿Acaso dejará de prestarle atención a eso y querrá volver a hablar conmigo? Todo señala a que la conversación sobre si la pizza debiese llevar piña o no ha sido del todo satisfactoria para el remitente del mensaje. No me agrada el hecho de esperar a que su atención vuelva donde pertenece, a la única persona que le preocupa lo que le pudiese ocurrir.




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